El valle del Pas y sus cabañas pasiegas. Cantabria.

El valle del Pas y sus cabañas pasiegas. Cantabria.

El valle del Pas fue para mí todo un descubrimiento y no sólo por su paisaje espectacular sino también por su peculiar forma de vida.

Encontrándome en Las Merindades burgalesas, una amiga me llevó a conocer el valle del Pas. Nos dirigimos de Medina de Pomar a Espinosa de los Monteros y de ahí hacia Las Machorras, un pueblo limítrofe entre Burgos y Cantabria.

El paisaje que te acompaña en el trayecto entre el valle y el puerto de montaña de Las Machorras es abrumador.

Al  ir subiendo la montaña te vas encontrando con prados vallados con muretes de piedra, muchos de ellos con cabañas pasiegas, cuya arquitectura es  muy característica.

 

Para entender lo que estás viendo hay que saber que en esta comarca cántabra se practicó la trashumancia hasta hace muy poco, ya que esta forma de vida se mantuvo desde la Edad Media hasta  finales  del siglo XX.

En este bonito paraje cántabro, ubicado en el sur de esta comunidad autónoma, entre las riberas de los ríos Miera y Pas, se asentaron pastores -conocidos como pasiegos- cuya economía se sustentaba en la búsqueda de pastos para su ganado, por lo que pronto se hizo necesaria la trashumancia para sobrevivir. Los pasiegos, a lo largo del tiempo, fueron talando los árboles para convertir los prados en lugares de pasto y cerrando las parcelas que se convertían así en privativas; si bien algunos pastos son comunales, pero los menos.

 

Era habitual que las familias tuvieran cinco o seis cabañas que iban ocupando una tras otra, ya que a medida que los prados se quedaban sin pasto se producía la muda. El pastor en compañía de toda su familia recogían todos los enseres domésticos (tazas de barro, tarteras de metal, loza, ropa, zapatos…),  los aperos necesarios para su vida (el dalle, para segar la hierba, los rastrillos, las tijeras…) con ellos a cuestas y con los animales (vacas, perros, algún cerdo, gallinas…) se trasladaban de cabaña en cabaña en busca del alimento del ganado.

 

Así los pasiegos vivían en primavera y verano en cabañas más altas y bajaban al pueblo durante el otoño y el invierno. A la cabaña ubicada en el pueblo se le llamaba “la vividora”.

Para lograr sobrevivir con esta forma de vida tan dura, los pasiegos constituyeron un ecosistema especial y único, cuya economía estaba basada en la ganadería trashumante y con sus propios códigos y normas sociales. Un ejemplo de esas normas se refleja en la película “La vida que te espera” del director Gutiérrez Aragón, en ella los protagonistas se pelean por los derechos sobre un ternero. En el código de los pasiegos si una vaca pasta en el terreno de otro pasiego, éste último tiene derecho a ser compensado con un ternero, de ahí la importancia de vallar los prados.

Durante el buen tiempo los pasiegos moraban en las cabañas, sin luz ni agua corriente. En esta construcción ganadera la cuadra está ubicada en la parte baja, y el pajar y el hogar en la parte alta. Además, como podemos observar, cerca de la cabaña se encuentran árboles destinados a leña en caso de necesidad, cuando el invierno viene con grandes nevadas. Esta estructura constructiva data de la Edad Media y hoy en día muchas cabañas se están convirtiendo en casas rurales, pero eso es otra historia.

 

En esta maravillosa zona cántabra, en el Valle del Pas, podemos realizar numerosas rutas de senderismo y estar en contacto con una naturaleza muy bella.

¡Cantabria, mucho por descubrir!


Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

 

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