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Dando cambolitas – Los Alpes de Francia a Italia

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Marta y su familia siguen llevándonos en este recorrido desde Cantabria hasta Turquía, dando cambolitas. Toca hoy ir de la costa Atlántica de Francia, pasando por el macizo central hasta Los Alpes, a las puertas de Italia.

Rumbo al Este

Desde Arcachon, donde nos quedamos en nuestro último recorrido y artículo en elviajeroaccidental, rumbo Este. Primera parada: Saint Émilion. Hacía tiempo que teníamos ganas de visitar esta zona, cerca de Burdeos. Saint Émilion es un pueblo muy bonito, bien conservado y cuidado, que parece flotar entre los viñedos como si de un mar verde se tratase.

Ésta es una prestigiosa zona vinícola, sede de conocidas marcas de vino y lugar de encuentro de expertos y amantes de este mundillo. Muchas de las bodegas están en châteaux, castillos, dando un encanto muy especial al paisaje. ¡Sólo en Saint Émilion y alrededores hay unos 80 châteaux!

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Noa y Saint Émilion

Nosotros aparcamos en el parking para autocaravanas que está a un kilómetro y medio del pueblo, que era gratuito para pernoctar. Y de ahí, en nuestras bicis a conocer el pueblo. Aquí sí llamamos más la atención con la bici, y es que el pueblo es todo empedrado….y con unas buenas cuestas, bufff. Así que más que ciclistas, aquí lo que abundan son paseantes, muy entretenidos entre las tiendas de vinos, bodegas y restaurantes.

Todo con un ambientillo un poco “finolis” y, digamos, selecto. Por encontrar, no encontramos una fuente con agua donde llenar las poncheras….¡Aquí sólo debe de beberse vino!?😅. Bien, pues el buen vino nos gusta (aunque no seamos ningunos entendidos), y la zona es una pasada para conocer un poco más este mundillo en un precioso paisaje…pero nos parece que con Noa a esto de las bodegas no le vamos a sacar mucho partido ahora, jeje, así que con una tarde de visita nos valió.

Vuelta a nuestro parking y charla con unos italianos muy dicharacheros que primero nos regalaron un paquete de pasta, y luego, directamente, nos trajeron a la furgo un humeante plato de pasta recién cocinada. Para que probáramos “la vera pasta italiana, fatta per italiani!”…. Italianos del Norte que nos dicen que “allí es donde mejor cocinan la pasta” (los del Sur de Italia dicen exactamente lo mismo…pero de eso hablaré otro día, jajaja. Pero rica sí estaba, ¿eh?).

Por la mañana a seguir rumbo Este. Cambiamos de département, y llegamos a Périgord, y dentro de aquí, en Dordogne. Esta es una zona bien famosa de Francia por sus cuevas y yacimientos prehistóricos, entre ellos Lascaux (pero hay muchas más), que vendría a ser como el hermano gemelo de Altamira, más o menos…El paisaje es muy bonito, de onduladas colinas arboladas, mansiones y castillos, escarpes rocosos donde se acurrucan pueblos de cuento, y el toque acuático del río Vézère, que surca esta región. Además de las muchas alternativas históricas y culturales, muchas opciones también para senderismo, BTT y piragua….Nosotros lo primero que buscamos fue un camping, que necesitábamos poner varias lavadoras….¡¡ya!!. Como por aquí encontrar eso no es difícil, elegimos uno que vimos de camino y nos pareció bien, “le Verdoyant”, a medio camino entre Thenon y Montignac.

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Noa y su taller de pintura

El sitio dio mucho de sí, además…Le Verdoyant hace honor a su nombre y es, además de bien verde, super espacioso…no hay mucha gente y se está muy bien. Había también un mini laguito donde la gente pescaba, una pequeña piscina, un área de juegos con arena, red de voley. Noa subió y bajó unas deceeenas de veces un tobogancillo a su medida, e hizo sus pinitos en un pequeño rocódromo que cogió con muchas ganas. Aquí también es fácil hacer amigos…enseguida se acercó a Noa una pandilla de la que llevaba la voz cantante una chiquilla llamada Lisa que era, justo, lo contrario de Aurélie…¡no callaba!, y andaban bien entretenidas todas mientras Lisa parloteaba sin cesar “mais Noa, tu es si mignone, j’aime bien jouer avec toi”…y contándonos de sus vacaciones, sus padres, el cole…¡una chavala simpática!.

Fuimos en bici a comprar al pueblo cercano (cercano pero todo cuesta arriba, ¡se acabaron los llanos!), hicimos alguna caminatilla por rutas de la zona, y, entre una cosa y otra…¡a mover el campamento!, un movimiento pequeñito pues sólo fuimos hasta Montignac, y es que decidimos hacer noche allí cuando vimos que el área de autocaravanas era gratuita durante todo el día, con electricidad incluida, y sólo costaba 3 euros la pernocta. Y estaba a un paso andando del pueblo. ¡Genial!. Montignac es el punto de partida para la visita a Lascaux (cuevas actualmente cerradas al público por su fragilidad, y lo que se visita es Lascaux II, la réplica de la que todo el mundo destaca su perfecta similitud). Pero además de eso, Montignac es un pueblo muy muy bonito, a la orilla del río Vézère. Lo recorrimos, callejeamos y recopilamos informaciones varias para nuestros próximos destinos, en el Massif Central, el Macizo Central, una cadena montañosa que nos queda a unas dos horas al noroeste.

Antes de dejar Montignac y la Dordogne (¡ay!, nos dejamos mucho, mucho, por ver, ¡otra vez será!), tuvimos suerte de coincidir con el mercado semanal de Montignac. En Francia, cada pueblito, por pequeño que sea, tiene su mercado semanal (si es más grande, tienen dos o más). Suelen ser lugares pintorescos y coloristas, donde se da mucha importancia a los “produits locaux et du terroir”, o sea, a lo de aquí, y con mucha frecuencia ecológico. ¡A nosotros nos encantan!.

Así que, muy bien provistos, plegamos “zarrios” y….¡carretera y manta!…”la cabra tira para el monte”….¡Rumbo le Massif Central!

Macizo Central…por tierra de volcanes

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En la cumbre del puy de Sancy, punto culminante del Massif Central

Pues poquito a poco vamos avanzando…Hemos pasado unos días por los territorios del Macizo Central, en la Francia central, montañosa y volcánica, y en muchos sitios, también sorprendentemente rural y remota…habíamos pasado por aquí una vez de corrido, hace unos cuatro años, de paso hacia otra zona de montaña francesa llamada el Jura (participamos en una carrera de esquí de fondo llamada Transjurassienne, Icar en la de 76km y yo hice mis pinitos en la de 30km…líos en los que se mete una, jajaja).

Son áreas de montaña muchos menos conocidas que otras francesas, como Alpes o Pirineos, pero con mucho atractivo también, y ambas zonas se nos dan un aire entre ellas (paraíso para el esquí de fondo en invierno- aquí en concreto, ¡más de 400km!-, también travesía y pistas; y senderismo, bici, etc, en verano).

Le Massif Central es un territorio vasto, de elevadas mesetas, picos volcánicos y verdes colinas. La población es dispersa, aquí predomina la Naturaleza. Las tradiciones están muy presentes y la agricultura y la ganadería son aún muy protagonistas. Anduvimos primero por el Parc Naturel Règional de los Volcanes d’Aubergne, donde las colinas eran antiguos volcanes, y muchas cumbres se llaman Puys: Puy de Domme, Puy de Sancy, Puy Mary.

Llegamos un poco pasados por agua y con la temperatura varios grados más baja, es como un pequeño anticipo del otoño que nos acabará asomando; pero, al poco de llegar paró la lluvia estival, y nos dio la bienvenida una preciosa luz de tarde…momentos mágicos, pequeños regalos de viaje…

Con base en un par de sitios, Murat y le Mont d’Or, exploramos un poco el territorio…¡ya había ganas de calzar las botas de monte! Un par de cumbres para ver el panorama desde las alturas, la Banne d’Ordanche y el Puy de Sancy, el más alto de la zona, unas vueltas por puertos de montaña, pueblillos, bosques y lagos y nos fuimos bien contentos con lo visto…¡otro bonito lugar!.

Pero como no queríamos ponernos de seguido el gorro tan pronto, jiji…., bajamos un poquito de altura, aún en tierras de Massif pero ahora otro parque natural, Livradois-Forez; una de las mayores zonas protegidas de Francia (desde los llanos de Limagne, al oeste, hasta los montes de Forez, al este); cubierto de pinares y colinas escarpadas.

Vuelta al corto y vuelta también a alguna vueltita en bici…y…todo era muy plácido hasta que Noa gritó insistentemente “¡uva, uva, UVA!!”, mientras señalaba los laterales de nuestra ruta….¿¿Uvas?? ¡¡Oh!! Ya están aquí las primeras MORAS….y hubo que parar a comerlas no una ni dos, sino varias veces…¡estaban ricas, eso sí!.

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UVAS, UVAS, UVAS

Antes de enfilar hacia esas ” pequeñas montañucas llamadas Alpes”, hicimos una parada urbana en un sitio que nos gustó mucho, le Puy en Vélay. Con un estupendo camping municipal por 11 euros la noche, nos sirvió de base para coladas, paseos, vías verdes en bici, compras, ¡recibir mi bouchon de l’oreille! (Que me lo enviaron desde el Centre Auditif de Biganos, al camping de Puy), en fin, un poco de todo….

Puy en Vélay es una ciudad pequeñita (22.000 hab) con muchas cosas que la hacen atractiva: lo primero que llama la atención, sin duda, es su iglesia románica de Saint Michel d’Aigille, empicorotada en lo alto de la Rocher, una afilada roca volcánica…¡impresionante!. Pero también su centro histórico de callejuelas empedradas y fachadas de colores color pastel, la espectacular catedral…Además, en le Puy confluyen, o es punto de partida, de varias rutas y GRs: el de los volcanes de Auvernia, el GR70 o camino de Stevenson, vías verdes….y sobre todo, algo que le da un ambiente especial, es el punto de partida de una de los Caminos de Santiago europeos, la llamada Via Podensis.

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Saint Michel d’Aiguille, en Puy en Vélay….¡buen camino a los peregrinos!

Así que…muchas gentes diversas, de aquí y allá… un ambiente variopinto que nos hizo sentir muy a gusto y alimentar, más si cabe, nuestro “gusanillo viajero”. Buen sitio para “coger aire” y desde aquí, nosotros también, por nuestra parte, cual peregrinos,….seguimos también nuestro camino….Buen Camino! Ultreia!

¡Hola, Alpes!

¡A cruzar los Alpes camino de Italia!. Por delante, tres Parques Nacionales en este maravilloso territorio de montaña: Vercors, Écrins y Vanoise.

Nosotros vimos un poquito de todo ello y nos quedaremos con ganas de mucho…pero todo no se puede,…..y poco a poco tuvimos que avanzar, que llevábamos casi un mes en la France; ¡encantados, eso sí!. Pues nada, a avanzar se ha dicho, aunque eso nosotros lo hacemos “de a poquitos”.

Antes de adentrarnos en territorio alpino, aún hicimos desde Puy una parada intermedia, en un sitio llamado Aubenas, y es que desde Puy la carretera angosta que atraviesa las salvajes gorges de l’Ardèche, era, aparte de super espectacular, bien enrevesada….de ésas que los kms cunden. Y Aubenas, como tantos otros sitios en Francia (y en el mundo entero diría yo), resulta ser de esos lugares de los que no sabes nada de nada pero siempre hay algo bonito por ver. Y con un parking de pernocta gratuito, ¡todo contribuye a que nos guste el sitio!

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Aubenas, sorpresa en el camino

Y de aquí, fuimos para P.N. de Vercors, que es, de los tres Parques Nacionales de Alpes, el que menos altura alcanza. Habría miles de sitios para ir y perderse, ya os imagináis…yo es que miro el mapa y me vuelvo loca, aayy.
Elegimos un pueblito llamado Châtillon en Diois, es una cara de los Alpes muy “mediterránea”, diríamos, cálida, rocosa…tiene un toque sorprendente y especial que lo hace un rincón acogedor.

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Desde aquí, aún no veíamos las grandes alturas que estban ya cerca. Nos recordaban a los Alpes de Provenze, que estuvimos hace un tiempo y nos encantaron. Hacía mucha caló, para terminar un mes que nos dijeron por aquí que no había sido nada bueno, ni julio (optimista que es una, seguro que ahora en septiembre haría bueníiiisimo). ¡Baño en la piscina municipal! Cerraban a las 6 y hubo que sacar a Noa del agua casi a tirones…Châtillon resulta ser un pueblo precioso, (y con parking gratuito de pernocta también), super bien integrado en su entorno, y con varias cosas curiosas. Una de ellas es que tiene, nada menos que…¡dieciséis fuentes!, según me dijo un paisano mientras llenábamos agua en una de ellas…y todas bajan del mismo manantial de montaña. Nos creemos lo del número cuando nos lo dice, pues en los paseos que habíamos dado por el pueblo no las contamos pero muchas muchas vimos…

Y, aparte de esto, es una “village botanique”; esto significa que en cualquier rincón han aprovechado para plantar diferentes especies de plantas y flores y al lado de ellas había un pequeño cartelito con su nombre. El conjunto resulta de lo más frondoso. Yo esto no lo había visto nunca, conocía lo de “village fleuri” (otra de esas cositas tan francesas que me encantan); que es un reconocimiento (reflejado en una serie de flores-de 3 a 5, creo-al lado del nombre del pueblo en su cartel de entrada), a la cantidad de flores que adornan sus casas, rotondas, plazas, jardines, calles en general…

Y bien, ¿de dónde sale todo esto?, pues resulta que hay un “Conseil National des Villages Fleuris”, o sea, un organismo oficial que se ocupa de valorar lo floridos que son los pueblos y ciudades francesas. A mí me hace mucha gracia…

De las incontables rutas de montaña que se pueden hacer desde aquí (y de bici….ya estamos en territorio de los “cols” ciclistas, aaargg se nos ponen los dientes largos y echamos de menos nuestras “flawuitas”, las bicis de carretera), elegimos una interesante ruta de senderismo, al “cirque d’Archiane”, un circo rocoso de paredes espectaculares con una vegetación salvaje a sus pies. ¡Qué chulo!, nos alegramos de haber ido….

Y de ahí por el col de Grimone, cambiamos de valle a verles la cara a los Écrins…en un sube-baja de valles y grandes vistas. Aparecimos en un pueblito llamado Valbonnais, en un camping bastante paradisíaco a la orilla de un lago, regentado por un gallego que se llamaba Paco Fernández, jajaja…el mundo es pequeño.

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Valbonnais, lago y tobogán…¡no hace falta más!

El sitio es perfecto para Noa (y para nosotros): mucho espacio, agua, rodeado de montañas…Como ya está septiembre a la vuelta de la esquina, esto está de lo más tranquilo…se está muy a gusto y decidimos quedarnos un par de días. Cerca teníamos una familia alemana con un hijo muy gracioso, Ben. Enseguida entablamos conversación y casualmente teníamos varias cosas en común, andaban también con bicis y un remolque Chariot como el nuestro, ella era también profe…echamos unas cuantas charladas, y nos reímos con los tejemanejes que se traen Ben y Noa. ¡Son agradables estos pequeños encuentros en el camino!.

Aprovechando este cielo azul que parece que no puede serlo más y estas vistas increíbles allá donde mires, pedaleamos para ver algún valle alpino con los majestuosos Écrins de fondo…y también, desde la Grenonière, un pueblito cercano desde el que salen multitud de rutas de montaña , nos acercamos con la mochila poco más a las alturas….a partir de aquí, ya empezaba el territorio de los refugios, las crestas y las cumbres…el paraíso…

Nosotros, por nuestra parte, respiramos hondo y seguimos…valle arriba, valle abajo…..a seguir cruzando los Alpes camino de Italia…lalalí….lalalá…..

Más Alpes y…au revoir, France! Andiamo, Italia!

Septiembre estaba empezando y nosotros nos seguíamos alejando, ¡qué increíble sensación! Poco a poco éramos conscientes de este Gran Viaje…hasta ahora se podía equiparar a otras vacaciones estivales, más o menos….

Septiembre estaba empezando, y los cielos lucían tan azules que parecía que los acaban de lavar…era una tarde perfecta para seguir cruzando los Alpes por pasos míticos como el col du Galibier…¡qué buenos recuerdos de cuando hicimos esto mismo en bici!, creo que de mi corta experiencia en bici de carretera, Galibier ha sido uno de los puertos que más me ha gustado e impresionado, con sus maravillosas vistas de montañas y glaciares. Hoy, al igual que aquel día, hay muchos ciclistas, en cambio nosotros pasamos sobre cuatro ruedas, mirando el paisaje desde la ventana mientras Noa duerme plácidamente…digamos que lo disfrutamos de otra manera…

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Una preciosa tarde en Galibier

Y, valle abajo, nos quedamos en Valloire, una de esas estaciones de esquí francesas que, aunque sea tal, también conserva su aspecto y fisionomía de pueblito de casas empedradas, iglesia; en fin, su encanto. Estábamos, recién empezado septiembre, en época ya casi de temporada baja en esta zona; vimos muchas tiendas con descuentos, otras cerradas hasta el invierno, y claro, en esta calma, para pernoctar discretamente no tuvimos ningún problema, aparcando sin más en unas calles tranquilas del pueblo.

Con idea de ver un poquito el macizo de la Vanoise, de la que tiramos para Italia, la siguiente parada sería un valle muy chulo desde el que hay varias entradas a las montañas. La zona se llama Haute Maurienne, y nuestra primera parada fue Aussois. Nuestra idea era subir a algún refugio de montaña de los varios que hay en esa zona, pero al final se nos aguó la cosa. No por agua, en realidad, jajaja. Por la mañana entre unas cosas y otras se nos hizo tarde y Noa ya no estaba mucho por la labor. ¡Snif! Esto es así, a veces nos sale y a veces no, esto es un viaje a tres…y tenemos que compaginar más o menos todos los intereses.

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Campo base en Aussois

Aunque sin duda a nuestra pequeña viajera le encanta ir en la mochila, en su Chariot…(a veces, no quiere salir de ninguno de los dos), otras está, sin más, interesada en otro tipo de cuestiones: observar caracoles, recolectar flores de diferentes colores (madre mía, seguimos intentando explicarle que no podemos acabar con todas las flores de los Alpes; mejor dicho, ¡que no queremos arrancar ninguna!), clasificar piñas que caen de los árboles, trepar a diferentes tipos de alturas y otros asuntos de vital importancia para su edad, ¡sin duda!. Por aquí también abundaban mucho los parquecitos de juegos monísimos (seguramente abundan en todos los sitios, pero nosotros antes no nos dábamos cuenta, claro) que últimamente también visitamos bastante…Aparte de los toboganes, columpios, paneles para trepar, etc, había mucho unos trenecitos madera que a Noa le encantan. Se montaba en cuanto podía en uno y se ponía a”conducir”. “¿A dónde vamos, Noa?”….”A Kka-kka”, decía siempre súper convencida (traducción: ” a Jaca” ),”¡Muy bien! ¿Y cuántas horas tardamos?”…”Ttté!!” (tres), era su invariable respuesta😊

Después de ir y volver varias veces a Kka-kka en trenes de madera diversos, ahora sí que sí nos íbamos para el país vecino, la bel-la Italia, tras dormir en Lanslebourg en un camping verde y florido con increíbles vistas de los glaciares del mont Parrache.

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Lanslebourg

Subimos por el col du Mont Cenis (o Moncenisio, como lo llaman los italianos), y esta vez sí, nos pudimos calzar las botas y disfrutar de una randonée estupenda con grandes vistas del lago y de las montañas.

Fue una buena manera de despedir Francia, tras casi casi un mes aquí. Un mes de buen tiempo y paisajes variados, de bici, montañas, playas y valles, de mercados, de pueblos bonitos, de “deux croissants et un pain au chocolat, s’il vous plait”, de bon fromage, du paté y otras muchas cosas ricas, hasta pronto a nuestro país vecino al que siempre nos gusta ir y volver…

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El precioso lago de Mont Cenis

Al lado del lago de Mont Cenis comimos al terminar nuestra excursión, hacía, de repente, bastante frío; tras las nubes se atisbaba que había caído una chamuscada blanca en las montañas, se echaba la niebla y no dejaba ver el lago….como una excusa perfecta para invitarnos, suavemente, a marchar, montaña abajo, hacia el valle…y hacia otro país….pero…ésa será otra historia…andiamo, Italia!

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Italia, allá vamos.

 

Vínculos en este episodio de Cambolitas:

Saint Émilion

Lascaux

Montignac

Parc Naturel Règional de los Volcanes d’Aubergne

Caminos de Santiago europeos, la llamada Via Podensis

Châtillon en Diois

 Galibier

Lanslebourg

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Nota del autor: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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