Desde siempre me gustó Cantabria. Es una tierra que cuando la conoces te cautiva. Durante muchos veranos solía recorrer y disfrutar del valle del Pas, al que subía desde las Merindades donde nos alojábamos. Pero este año le tocó el turno a Santander ya que unos buenos amigos tienen casa allí y nos encanta pasar unos días juntos de vez en cuando en la “Tierruca”.

Esta ciudad es una preciosidad, mar y montaña se combinan con un urbanismo ordenado y elegante. Pasear por El Sardinero, por la península de La Magdalena, acercarnos hasta el faro de Cabo Mayor, disfrutar de unas buenas rabas, unos bocartes, un pincho de tortilla o un buen cocido montañés son opciones que tenemos a nuestro alcance.

 

Pero además a El Viajero Accidental le gusta conocer la historia de los lugares que visita. Obviamente, la historia de Santander está muy vinculada al mar desde siempre. Fue un puerto fundamental en el comercio con las colonias. También llegó a ser el puerto de salida de Castilla durante el S XIX y ha constituido un motor en el desarrollo económico de la ciudad.

La actividad portuaria, que tanto ha contribuido al desarrollo de la ciudad, ha ido dejando su impronta en instalaciones industriales que hoy son muestra viva del patrimonio industrial de esta villa.

Grúa de Piedra en el paseo marítimo de Santander
La Grúa de Piedra en el Muelle de Maura o de la Monja

Así vemos que, después de un largo camino, las antiguas naves portuarias de Gamazo han sido reconvertidas en la sede de la Colección Enaire de Arte Contemporáneo.

Estas naves se construyeron como almacén de auxilios y de carpintería del puerto de Gamazo. El emplazamiento debe su nombre a los muelles que en su día se dedicaron al ministro de Fomento, Germán Gamazo, durante el reinado de Alfonso XII.

 

Se construyeron dos naves. La nave de auxilios es la más antigua (1908) y de mayor superficie. La otra constituye una ampliación datada en 1950. La superficie que entre ambas naves proporcionan al museo ronda los 1.000 m².

El dique de Gamazo

El mismo ministro de Fomento de entonces mandó construir el dique seco, que ha resistido estoicamente hasta su reciente restauración.

 

Para aquellos de vosotros que no sepáis para que sirve os diré que un dique seco está destinado a reparar las embarcaciones fuera del mar. Es práctica común que los buques que requieren reparaciones se trasladen a puerto. Sin embargo la envergadura de alguno de ellos no permite su izado en el varadero. Por este motivo en algunos puertos se construye una cámara en el muelle que se llena cuando hay marea alta, dispone de una exclusa y se vacía por bombeo. Este sistema se denomina dique seco porque la reparación se lleva a cabo una vez que se ha vaciado el agua.

 

En la restauración del dique seco de Gamazo se contempló también el arreglo de su caseta de bombas. Hoy en día se ha convertido en restaurante.

 

El Dique de Gamazo y las naves, hoy convertidas en espacio expositivo, constituyen una de los escasas muestras de patrimonio industrial que han sobrevivido en la capital cántabra, tan ligada al mar. Actualmente el Dique de Gamazo y su entorno está protegido como Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento.

 

Este artículo es un pequeño homenaje a José Luis Conde, uno de los editores de El Viajero Accidental, por ejercer de perfecto guía en su Tierruca cada vez que vamos por allí, y a Raquel Calvo por ser tan buena anfitriona.

¡Es una suerte tenerlos como amigos!

Seguiremos recorriendo Cantabria con El Viajero Accidental…

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo. No tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”.

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