La vida en un pueblo costero tendría los ritmos propios de la faena de mar pero desde hace unos años, cuenta con el turismo para marcar las estaciones.

Este año no está siendo así, a pesar de haber cambiado la hora en nuestros relojes y haber comenzado oficialmente la primavera ¡En Raxó, todo sigue igual!

 

Raxó es un pueblo tranquilo y apacible, en la ría de Pontevedra, casi silencioso en los cuatro meses del invierno mientras espera la llegada de la primavera. Pero este año la primavera no ha llegado. Y no porque no tengamos la alternancia de días de lluvia y días soleados que anuncian el verano, sino porque este año nos falta el bullicio en nuestras vidas, los locales no abren tras sus merecidas vacaciones, no llegan los vecinos estivales que vienen desde tan lejos, no podemos tomarnos una cerveza en el Amura…

Esta primavera, los sonidos de los pájaros, las flores de alguna casa, y la luz de las mañanas son nuestra señal para saber que pasan los días.

El reloj lo marca el aplauso diario de las ocho, salimos a nuestras ventanas, con la esperanza de que aparezca un vecino, imaginando que había alguien en esas casas contiguas pero que no se animaba a salir.

Diariamente yo me animo a poner música para el vecino, ése al que de repente se le da por dar vueltas a su terraza o balcón. Él me saluda con la mano y me hace señales de que le gusta mi selección musical.

Además cocino, limpio, dibujo jardines, ordeno armarios… y wasapeo como casi todos. Nosotros, y unos amigos, teníamos preparado nuestro viaje primaveral a Londres, pero ha sido cancelado y no se sabe cuando podremos volver a viajar ¡Espero que sea antes de la próxima primavera!

Cuando me da por reflexionar, me gustaría pensar que, después de todo esto, valoraremos lo que tenemos de una forma diferente, todos los días del año, cuidándolo y cuidándonos entre todos.

Compartir es una bonita palabra, una amiga que vive en el otro lado del pueblo graba desde su balcón un trocito de mar y me pide que yo, en el otro extremo, le grabe el otro trocito.

 

Un mar compartimentado… ¡Que extraño!

Y aquí estoy en Raxó, en esta primavera agónica para un pueblo turístico.

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

 

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