Aquí va el aprendizaje que me dejó a mí “El viento de mis velas”: la historia de Yago Valtrueno, sus peripecias, su gusto por el café y su entrañable relación con su padre de la vida, Don Gaspar, y del cura poco ortodoxo pero noble a la hora de los sentimientos de Lealtad… una de las palabras que más valoro en esta etapa de mi vida.

He aprendido mucho con las andanzas de este muchacho, y con los dichos y refranes nuevos para mi conocimiento y las enseñanzas plasmadas por este gran novelista, José Juan Picos Freire, en este libro. Aquí les dejo unas cuantas, las que más me gustaron:

Me encantó la fábula que habla de la incerteza de la vida, páginas 16-17: “de lo incierta que es la vida, y de lo inútiles que son los afanes por encerrar el Universo en nuestros puñitos…” tan real y tan acorde a estos tiempos de aislamiento. Y esa isla que está entre Madagascar y Ceylán que elige a sus marineros, de la que los que pudieron arribar dicen que ahí “nadie vive pegado a nada, pues nunca encuentran lo que buscan, sino esotro que no buscaban”. Esto es realmente genial, es como la vida misma… y el no estar atado a nada es la enseñanza que nos está dejando este nuevo tiempo de soledades.

“De martes a martes hay mojaderos en todas partes” (pag.18)

“No hay arte sin enajenación, y la de este tiempo nos viene con el café” (pag.19) ¡Me encantó esta frase y está ligada al poema de la página 20, muy bello también! Me gustaron mucho las dos últimas frases de esta oda al café: “Y creo, con el genio que el despertar provoca, que estoy bebiendo un rayo de sol en cada gota”.

“Los filósofos se pudren como el pescado, empezando por la cabeza” (pág. 47)

“Las palabras han de usarse como el labriego usa el raño y la podadera: para orear y desbrozar, y no para tejer puñetas y chorreras” (pag.57) Me encantó la enseñanza de esta frase: las palabras para sembrar, para construir, para dar vida, no para la maldad. Y es que uno a veces, sin querer, hace daño por no medir sus palabras…

“La ambición lleva a la gente a ejecutar los menesteres más viles: por eso, para trepar, toman la misma postura que para arrastrarse” (pag.149) ¡Muy real esta frase!

Geniales son los consejos de Antonio, el padre de Yago, esta es una de las máximas enseñanzas: “la primera lección está en la infusión sabia. Por debajo de la superficie pulida de lo que las personas simulan hay un poso que, cuando se remueve, amarga de decepción. Lo que sus compinches le cuentan es el espejo lustroso de esa taza de café, pero si va usted al fondo, y no se queda en las apariencias, se dará de hocicos con la borra” (pag.163).

“Sea humilde, Yago. La vanidad es un gusano con dientes que lo primero que le come a un hombre son los ojos, para que no vea; y lo segundo, los tímpanos, para que no oiga. Vienen tiempos duros, no sea ciego, no sea sordo, hijo” (pag.164).

Me gustó el castellano antiguo de algunas expresiones y la referencia a la idea que se tenía en aquella época de los habitantes de otras partes de España, distintas a Galicia. Me gustaron mucho las frases y rimas en italiano, y la presencia de un napolitano típico le dio ritmo y vida a la historia.

Bueno ¿y qué decir de la carta de Don Gaspar a Yago con sus enseñanzas finales? ”No olvides que, aunque a todos nos hacen del mismo barro, no es lo mismo bacín que jarro”. La verdad es que son geniales sus consejos finales en toda su carta, y la última ¡sublime!: “un deseo. Que cuando mueras, mueras vivo”.

En definitiva, este libro es un Canto a Galicia, un canto a Coruña, un canto a la vida.

¡Gracias José Juan Picos por el regalo que nos haces en este relato de “El viento de mis velas”!

¡Y yo tengo el honor de tenerlo dedicado por el autor!

¡Si queréis leer “El viento de mis velas” podéis conseguirlo a través de la web de José Juan Picos!

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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