Comenzando la desescalada en A Coruña desde Montealto_ Diarios de la Cuarentena

Comenzando la desescalada en A Coruña desde Montealto_ Diarios de la Cuarentena

No me considero una persona supersticiosa. Sí reconozco que con ciertas “manías”, como por ejemplo en mi época universitaria usar un determinado bolígrafo o llevar una determinada camisa para los exámenes porque en “aquella” ocasión me había dado suerte. Sin embargo, durante esta cuarentena me he planteado más de una vez si comenzamos este 2020 esperando tanto de él y con tanto hasta hashtag tipo #feliz2020 que lo gafamos un poco.

Sin duda, 2020 ha empezado con fuerza pero no en el sentido que cabía esperar. Ha traído de la mano del COVID-19 mucha muerte, mucho temor, mucha incertidumbre, y desde luego, y durante algún tiempo, que ya estamos viviendo quienes hemos avanzado de fase, una nueva manera de relacionarnos.

Empezamos a ser conscientes de que nuestra vida será distinta y de que habrá lugares que nunca volverán a ser lo mismo. Tengo la sensación de que aquellas aglomeraciones en nuestra calle San José, en la puerta de Pepa A Loba, nuestro agujero negro particular en el que sabíamos cuando entrábamos pero pocas veces cuando salíamos, será difícil volver a vivirlas al menos de momento. Y lo que tengo claro también es que ahora que podemos empezar a pasear sin alejarnos 1 km de casa es todo un privilegio vivir en nuestro 15002, en ese código postal con el que se identifican todos los montealteños, porque nos proporciona unas vistas privilegiadas en nuestras caminatas…

La cuarentena ha sido una experiencia fuerte para todos, sin duda. Y creo que una prueba importante para aquéllos que por circunstancias nos ha tocado pasarla solos porque no nos dio tiempo a reubicarnos. No lo voy a comparar con los ancianos que lo han pasado, o lo están pasando, sin compañía y sin la ventaja de usar tecnologías de la información, pero sí he de reconocer que ha sido todo un reto mantenerse fuerte, darte ánimo día a día, ver que eras capaz de pasártelo bien sólo contigo mismo durante tantas semanas, llegar a temer acostumbrarte de más y volverte insociable porque no lo estabas llevando del todo mal… En el fondo creo que era una forma de mantenerte a flote, de nadar contracorriente para no caer en el desánimo porque no podías permitírtelo.

Se han impuesto durante estos meses nuevas costumbres, algunas de las cuales quizá no esté mal mantener como esas “quedadas virtuales”. Ha sido bueno por ejemplo “ver” a tus amigos una vez por semana a pesar de estar incluso en distintos continentes. Ha estado realmente bien, pero he de confesar que estoy deseando sacarlos de la pantalla de mi móvil o de mi Tablet y volver a subirme a los tejados de la Catedral de Santiago para tocar el cielo o subirme a un barco con ellos.

 

Los días que ha tocado asistir presencialmente al trabajo dudabas si era cierto que te habías levantado, te habías duchado y después de desayunar habías salido de casa o todavía estabas en cama, y ver ese Paseo Marítimo de nuestra Coruña sin nadie corriendo, sin bicicletas, sin coches pitando, sin personas caminando deprisa porque llegan tarde a trabajar, era simplemente parte de un mal sueño que estabas teniendo. Decía el coruñés Luis Piedrahita en un programa de televisión al comienzo de esta cuarentena algo así como que cuando estás teniendo una pesadilla y despiertas es un alivio ver que estabas soñando, pero que durante este confinamiento “despiertas y la realidad es peor que la pesadilla”. Yo añadiría que si cualquier guionista hubiera hecho una serie o una película con esta trama hace unos meses pensaríamos que era “un pirado”…

 

En lo que se refiere a las vistas que me han proporcionado mis galerías de la vida exterior no me quejo. He visto como este barrio coruñés se ha llenado de pancartas solidarias, me he entretenido viendo qué dirección tomaba cada día la cola del supermercado que está debajo de la plaza, o contando en numerosas ocasiones más buses que personas en la parada, por ejemplo. Ha estado muy bien “ponerle cara” a más de un vecino a la hora de los aplausos… y enterarte incluso de cuándo están de cumpleaños y verlos emocionarse con las felicitaciones.

 

 

¡Por supuesto he cocinado! Pero he de decir que no he hecho pan… sé que ha estado de moda pero no he caído en esa tentación. Quizá porque ya era suficiente con aprender a hacer bizcochos, con hacer croquetas cada vez que sobraba carne de un cocido, con hacer torrijas para conmemorar esa Semana Santa casera. Menos mal que ya podemos pasear porque cuando lo hago por la Torre de Hércules y veo la escultura “El Guardián” de Ramón Conde pienso que de seguir confinados acabaría como él…

 

Y la naturaleza ha seguido a su bola… ¡dentro y fuera! Y nos ha traído una primavera que ha hecho florecer a los cerezos, y que nos está esperando para que la disfrutemos.

 

Nos las prometíamos muy felices los de mi generación, creíamos que el momento histórico que nos había tocado vivir era el final de una dictadura y la llegada de la democracia a España, o la caída del Muro de Berlín a nivel internacional, no imaginábamos lo que este año 2020 nos iba a deparar: una pandemia.

¡Ahora hasta sé lo que es pasar un cumpleaños en estado de alarma! Eso sí en fase 1 que ya ha permitido ciertas cosas. Pasará a la historia de mi vida como un cumpleaños sin besos ni abrazos pero con mucho amor recibido, la verdad, y con risas. Y ha sido también un cumpleaños lleno de llamadas y video-llamadas, en esta temporada me he acostumbrado a ellas porque la verdad es que no me atraían mucho…

 

Tener este blog y estar metida “hasta las trancas” en un proyecto como El Viajero Accidental ha sido de gran ayuda. Eso sí, ha sucedido como en el teletrabajo que al estar tanto tiempo en casa perdías a veces la noción de cuántas horas le dedicabas. Y eso que hasta diferencié el puesto de teletrabajo y el de editora de El Viajero, así daba la sensación de salir de la oficina… ¡Menos mal que mi Pepito Grillo particular se ocupaba de vez en cuando de decirme que ya estaba bien de Viajero!

Os he de asegurar que cuando se nos ocurrió, que cuando Carmen del Río y yo empezamos a darle vueltas a la idea de estos “Diarios de la cuarentena” no nos imaginamos, ni por lo más remoto, que fuera a tener la acogida que le habéis dado. Creíamos, estábamos convencidos junto con José Luis una vez que decidimos lanzarlo, de que la idea era buena pero nos ha sorprendido que os haya gustado tanto y os haya apetecido escribir hasta tal punto ¡GRACIAS!

Sólo una cosa más, para terminar, antes de bajar el telón de este espacio, de cerrar esta ventana que abrimos el 12 de abril y que esperamos no tener que volver a abrir porque será señal de que no son necesarias nuevas cuarentenas: este artículo quiero dedicárselo a mi madre, quien a pesar de que a finales de año celebrará un nuevo cambio de década, ha demostrado una vez más ser una valiente en un momento como el que nos ha tocado vivir.

¡Gracias por todo! ¡Ha sido un placer disfrutar con vosotros estos Diarios de la Cuarentena! ¡Nos vemos en las calles!

Y los que compartimos esta ciudad disfrutemos de todo lo que nos ofrece…

 

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4 Comments

  1. María Cecilia mayo 17, 2020 at 9:55 pm - Reply

    Excelente artículo Luz! Muy bien logrado el efecto emotivo…. Un abrazo enorme y muchos éxitos para EVA con los futuros viajeros accidentales y sus peripecias!

    • Luz Picos mayo 18, 2020 at 8:50 am - Reply

      Muchas gracias, Ceci! Cuando escribo en El Viajero Accidental siempre me gusta trasmitir emociones. Me gusta haberlo conseguido en esta situación tan singular que nos ha tocado vivir. Un besazo

  2. Estrella mayo 17, 2020 at 11:50 pm - Reply

    Muy identificada con casi todas las situaciones que mencionas. Emotivo y maravilloso artículo para colofón final de esta saga. Enhorabuena!!

    • Luz Picos mayo 18, 2020 at 8:48 am - Reply

      Muchas gracias, Estrella! Me alegra que te haya llegado… No era fácil hacer un buen artículo de cierre con lo alto que habías dejado el listón en el estreno. Un abrazo apretao!

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