San Sebastián se fundó al pie del monte Urgull en un tómbolo rodeado de agua, por un lado bañada por el mar Cantábrico y por el otro por las aguas del río Urumea.


Vista de San Sebastian

 

En su día estuvo amurallada pero a raíz de la ocupación francesa durante las guerras napoleónicas sufrió un asedio, saqueo y posterior incendio por parte de las tropas anglo-portuguesas que destruyó la ciudad en su práctica totalidad. Fue necesario reconstruirla entera y para ello se creó una junta de obras que estudió varias opciones, optando por respetar el trazado original que ya tenía pero con las antiguas calles trazadas más rectas y simétricas, creando además nuevas calles y plazas.

La conocida hoy como Plaza de la Constitución es llamada así desde 1820. Se había construido en 1723 con el nombre de Plaza Nueva. Fue destruida por el incendio y se reconstruyó en el mismo lugar, al igual que el Ayuntamiento que la presidía en el edificio central. Eso sí, el Ayuntamiento se reconstruyó pero con estilo neoclásico. Constituye el centro neurálgico de la Parte Vieja. El Ayuntamiento permaneció aquí hasta 1947. Si te fijas verás que los balcones están numerados ya que sirvieron como palcos en las fiestas taurinas celebradas allí.

 

 

La ciudad se reconstruye a buen ritmo y en pocos años la parte histórica se queda pequeña por lo que, apenas cincuenta años después del incendio, se decide derribar las murallas -lo poco que queda de ellas- y se comienza a construir el ensanche de la ciudad, estamos a mediados del siglo XIX.

En la primera fase del ensanche se diseña el bonito Boulevard que comunica la ciudad vieja y la nueva. Es cuando se construye también la Avenida de la Libertad.

Avenida de la Libertad

 

 

En esta zona las fachadas de los edificios son de piedra de sillería enriquecidas con abundantes elementos decorativos al gusto de la época. Estamos en el Ensanche de Cortázar, así conocido por el arquitecto que lo ideó. Este ensanche cambió completamente la fisonomía de la ciudad que pasó de ser casi una isla a ser una ciudad abierta.

En un paseo por San Sebastián comprobarás que la arquitectura de la ciudad no deja indiferente a nadie. San Sebastián contiene numerosos edificios singulares como el Hotel María Cristina, inaugurado en 1912. Al acudir la reina María Cristina durante sus veraneos numerosos aristócratas siguieron su ejemplo, convirtiéndolo en un destino de moda durante la “belle epoque” donostiarra. Hoy en día en este hotel se alojan las estrellas que acuden al festival de cine.

 

A principios del siglo XX se construyeron simultáneamente el hotel María Cristina, el Teatro Victoria Eugenia y los jardines de Okendo, creándose un espacio monumental con vistas al mar Cantábrico y al río Urumea.

Teatro Victoria Eugenia

 

La ciudad sufre una transformación, el veraneo de la reina María Cristina motivó la construcción de toda una serie de edificios majestuosos de marcado estilo francés. Muchos son los ejemplos pero significativo resulta el puente de María Cristina, ubicado frente a la estación de tren. Se realiza siguiendo el modelo de construcción del puente Alejandro III de París, con sus cuatro obeliscos en sus extremos que marcan las entradas.

Puente de María Cristina

 

 

La aristocracia frecuenta la ciudad y se debe dar respuesta a sus necesidades de ocio, de cultura, de alojamiento… Dentro de este contexto, un factor muy importante para el desarrollo de la urbe fue la construcción de diversos casinos que favorecieron que San Sebastián se convirtiera en una ciudad balnearia a nivel de otras ciudades europeas como Montecarlo, Niza o Badén Badén. No en vano Isabel II acudía a la ciudad para tomar baños de mar siguiendo el consejo de su médico e iniciando lo que luego fue una tradición borbónica.

A finales del siglo XIX se construye el Gran Casino de la ciudad en los jardines de Alderdi Eder. El edificio sirvió de punto de encuentro para el ocio de la alta sociedad. Allí se celebraban bailes, conciertos, carnavales, fiestas y otras muchas actividades lúdicas. Funcionó hasta que Primo de Rivera prohibió el juego en 1924. Hoy en día es la sede del Ayuntamiento. El edificio del Gran Casino es el único que se conserva pero existieron otros que fueron desapareciendo.

Ayuntamiento de San Sebastián

 

Uno de ellos fue el denominado Cursaal, situado originariamente en lo que hoy es el Hotel Londres, que pronto cerró sus puertas. Años más tarde se abrió otro conocido como Gran Kursaal pero en otra ubicación, en el barrio de Gros en terrenos ganados al mar. El edificio del casino se construyó a la par que el puente de Zurriola que le daba acceso, prolongándose así el ensanche. El Gran Kursaal inauguró su actividad en 1921 y apenas tres años más tarde se decretó la prohibición de juego. Y allí quedó el casino en el olvido, hasta que muchos años después se derribó, el terreno pasó a propiedad municipal y finalmente en 1999 se construyó en ese solar el Palacio de Congresos y Auditorio siguiendo la propuesta de Rafael Moneo.

 

 

Otro casino importante fue el ubicado en el Monte Igueldo, que tras su funcionamiento como casino, pasó a ser recinto de bailes y posteriormente parque de atracciones, construyéndose un funicular para favorecer su acceso. El edificio fue derruido y en su lugar se construyó en 1967 el actual hotel. En un paseo por San Sebastián os recomendamos que no os perdáis la subida en funicular, con más de 100 años de historia, al Monte Igueldo. Merece la pena incluso ver la estación de la que parte el funicular con sus vagones de madera, de la que partían también los asistentes al casino y al salón de bailes hace muchos años.

Monte Igueldo en San Sebastián

 

 

 

En el Monte Igueldo también hay una torre que no debemos confundir como un resto del antiguo casino o parte del actual hotel. La torre fue un faro que se construyó en el siglo XVIII para orientar a los navegantes. Pese a su altura, 180 metros sobre el nivel del mar, las nieblas lo cegaban con frecuencia por lo que en el siglo XIX se construyó un nuevo faro en un costado del monte. El antiguo faro, el torreón de Igueldo, cesó su funcionamiento como luminaria pero, a principios del S. XX, se le añadió una nueva planta con grandes ventanales para que sirviese de mirador y se remató con 4 torreones ornamentales. Las vistas desde este mirador son espectaculares, en día bueno se pueden ver las Landas francesas.

Antiguo y nuevo faro de Igueldo en San Sebastián

 

En un paseo por San Sebastián no podemos dejar de mencionar las bonitas playas de la ciudad, la famosísima Concha, Ondarreta y Zurriola. De hecho al litoral de San Sebastián y a su preciosa bahía le hemos dedicado un artículo que podéis leer si pincháis aquí.

Un paseo por San Sebastián no deja indiferente a nadie porque es una preciosidad y en El Viajero Accidental nos hemos enamorado de esta ciudad.

 

Nota de las autoras: “No hemos recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo. No tenemos conexión material con las marcas, productos o servicios que hemos mencionado y nuestra opinión es independiente”.

 

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