Como cualquier visitante que llega a San Sebastián nos dirigimos a la emblemática playa de La Concha, la más conocida, fotografiada y filmada de la península. La verdad es que contemplarla te embelesa. Un paseo por el litoral de San Sebastián merece la pena sin lugar a dudas.

El paseo que recorre Donostia, que comienza al final de la avenida de la Libertad y termina en el túnel del Antiguo, cuenta con una barandilla de hierro forjado que se ha convertido en una de las señas de identidad de la ciudad.

La barandilla fue diseñada a principios del siglo XX por el entonces arquitecto municipal Juan Rafael Alday. Fue inaugurada por el rey Alfonso XIII.

 

Esta barandilla que fue realizada de forma artesanal cuenta con una curiosidad, en todos los tramos la flor está orientada hacia la ciudad -mirando hacia los paseantes- pero hay un punto en el que una de las flores está colocada mirando hacia la bahía. Se desconoce el motivo por el cual está orientada así, quizás sea un despiste o quizás un guiño del artesano. Hay quien recorre el paseo buscando esa flor, pero para facilitaros la tarea os diré que está en la zona del Talasoterapia La Perla.

 

 

 

Cuando caminamos por el Paseo de La Concha, de 1300 metros de longitud, no solo disfrutamos de unas estupendas vistas a la bahía y a la isla de Santa Clara, sino que podemos contemplar numerosas construcciones señoriales. Dos construcciones son dignas de mencionarse, el Hotel Londres y el Palacio de Miramar. En el hotel Londres, donde yo desayuné en un lluvioso día estival, durmió la espía Mata Hari y también pasó sus últimas noches la reina Isabel II antes de tener que exiliarse en Francia. Si tenéis tiempo, no dejéis pasar la ocasión de tomar algo en su cafetería merece la pena.

 

El palacio de Miramar, de marcado estilo inglés, fue encargado por la Reina María Cristina cómo residencia veraniega y heredado por su hijo Alfonso XIII. Fue expropiado por la Segunda República y devuelto a la familia real por la dictadura, que posteriormente lo vendió al ayuntamiento donostiarra. Hoy en día es la sede oficial de los cursos de verano de la universidad del País Vasco.

 

La playa de La Concha es la más famosa del litoral de San Sebastián pero no es la única con la que cuenta esta urbe. San Sebastián cuenta con tres playas urbanas, dos en el interior de la bahía: La Concha y Ondarreta, y la tercera, Zurrieta, en el lado este de la ciudad, junto al barrio de Gros.

Playa de La Concha

La playa de La Concha está separada de la playa de Ondarreta por un peñón rocoso, sobre el que se construyó el Palacio de Miramar. En marea baja se puede pasar de una playa a otra caminando, con marea alta hay que utilizar el túnel. Esta playa es más pequeña, apenas 600 metros y menos turística, si eso es posible en San Sebastián… Por la orografía del terreno la playa y el paseo están al mismo nivel, no siendo preciso disponer de una barandilla.

El montículo que separa ambas playas se conoce como el Pico del Loro, al parecer por un error de traducción. En ese lugar había antiguamente una capilla dedica a la virgen de Loreto, por lo que al lugar se le llamaba Loretopea -debajo de Loreto- pero si ahora le preguntas a los donostiarras te dirán que es el Pico del Loro.

Playa de Ondarreta

El final de la playa te lleva a dos lugares emblemáticos en la ciudad: el monte Igueldo con su famoso funicular, cuya estación es uno de los edificios más bonitos de la ciudad, y la escultura “El Peine del Viento” de Eduardo Chillida. El escultor ancló a las rocas tres esculturas monumentales, de 9 toneladas cada una, para que el viento entrase ya peinado en la bahía.

Estación funicular Monte Igueldo
Funicular Monte Igueldo
Peine del Viento

Para seguir conociendo el litoral de San Sebastián y pasear por la tercera playa de Donosti nos tenemos que dirigir hacia el río Urumea, en la parte este de la ciudad. Allí entre la desembocadura del río y el monte Ulía nos vamos a encontrar con Zurriola. Es la playa más batida y, aunque cuenta con la protección de un espigón, es frecuente la presencia de un fuerte oleaje, lo que la hace ideal para la práctica del surfismo. Para mí está playa es preciosa y cuenta además con la cercanía del Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal.

Playa de Zurriola

 

Una vez conocida la playa de Zurriola es buen momento para cruzar el puente del Kursaal y dirigirnos por el Paseo Nuevo a la parte vieja de la ciudad, donde nos espera el puerto. La construcción de este paseo a pie del acantilado supuso un gran reto, ya que hubo que cortar la peña con los medios técnicos de la época y además levantar un muro de 10 metros para salvar el ímpetu del Cantábrico, que aún así en ocasiones lo supera.

 

El Paseo Nuevo se llama así a pesar de tener más de 100 años, ya que su primer tramo fue inaugurado por la reina María Cristina en 1916. Ha recibido históricamente otros nombres pero no han cuajado siendo conocido por los donostiarras por ese nombre. Es todo un espectáculo contemplar al bravo mar Cantábrico batir contra las rocas que lo protegen. Caminando por él nos vamos a encontrar con la escultura de Jorge de Oteiza Embil llamada “Construcción Vacía”. Y al final del Paseo Nuevo está el Aquarium.

Desde allí podemos bajar al barrio de la Jarana, antiguo barrio de pescadores hoy reconvertido en lugar turístico lleno de locales de hostelería. Ya estamos en el puerto, que es pequeño pero coqueto. Su forma es triangular, con una dársena pesquera y otra para embarcaciones de recreo. Cuenta con una capacidad de 400 plazas de atraque.

Desde allí podemos optar por coger una embarcación que recorre la bahía de la Concha o una alternativa que nos lleva además a la isla de Santa Clara.

 

Nosotros optamos por embarcarnos para conocer la isla y contemplar además el litoral de San Sebastián.

¡Os lo contaremos en otro artículo porque seguiremos hablando de Donosti!

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo. No tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”.

 

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