Los habitantes de Nájera siempre se han sentido orgullosos de su pasado y la verdad es que no es para menos. Nájera fue capital del reino de Pamplona, cuna de una dinastía de reyes que gobernó Navarra, Castilla y Aragón y punto central del Camino Francés que recorre La Rioja.

La historia de cómo Nájera se convierte en capital del Reino de Pamplona comienza en el siglo X. En ese momento la Península Ibérica estaba dividida en varios reinos cristianos que peleaban entre sí y también con el califa andalusí Almanzor.

En ese contexto histórico, en el año 923 un rey pamplonés, Sancho Garcés, conquistó Nájera y muchas tierras de la Rioja Alta y Media, fundando el reino de Nájera y poniendo a su joven hijo como soberano.

Sólo un año más tarde, Almanzor arrasó Pamplona y al año siguiente el rey enfermo y murió.  Su hijo -García Sánchez- amplió entonces su reino con las tierras del reino de Pamplona. Nace así el reino de Nájera-Pamplona, estando la sede de la Corte en Nájera.

Durante algo más de un siglo en esta localidad estuvo asentada una dinastía de reyes que gobernó el tercio norte de la península.

En Nájera se celebraron Cortes, se acuñó moneda, se legisló el fuero de Nájera que es la base de los actuales fueros de Navarra…

Y claro, como buena capital del reino, no podía dejar de tener su monasterio, convento o iglesia que permita dar gracias, presentar ofrendas y sepultar a los caballeros ilustres. El monasterio de Santa María la Real cumplió esa misión.

La tradición afirma que el origen del actual monasterio hay que buscarlo en el hallazgo, durante una cacería real, de una virgen en una cueva. Tras este hecho, el rey decidió construir un monasterio en el lugar que ocupaba la mencionada cueva.

Aquella primera edificación fue experimentando obras y ampliaciones hasta llegar a la impresionante construcción que hoy contemplamos. El monasterio fue sede episcopal y panteón real.

Al desaparecer el reino de Nájera-Pamplona, la orden benedictina de Cluny fue la encargada de orar y trabajar en el monasterio. Ya en el siglo XIX, tras la desamortización de Mendizábal, se expulsa a los religiosos y el monasterio pasó a ser propiedad estatal. Se suceden años de abandono y vandalismo hasta que en los años ochenta del siglo pasado comienza su recuperación y pasa a ser ocupado por la orden de los franciscanos.

En el conjunto arquitectónico que vemos destacan el monasterio, el claustro de los Caballeros, el coro, la cueva original y los mausoleos de los reyes e infantes del reino de Nájera-Pamplona, antecesor del reino de Navarra.

La primera visión del monumento nos evoca un castillo, por sus altas paredes exteriores, una vez dentro contemplaremos varias maravillas.

Un claustro que data del  siglo XVI y que es conocido como Claustro de los Caballeros ya que durante siglos fue lugar de enterramiento de la nobleza.

Un coro que vamos a encontrar en el primer piso, sobre la bóveda del Panteón Real. Este extraordinario coro fue trasladado allí ya que inicialmente estaba en la planta baja, a los pies de la iglesia, en la nave central.

La sillería del Coro es un impresionante trabajo en madera, con profusión de detalles. Los asientos son plegables, cuando están levantados se puede ver que disponen de una pequeña tabla o ménsula que sirve para apoyarse en ella. Este pequeño apoyadero es llamado “misericordia” ya que permitía a los monjes de más edad soportar las largas sesiones de oración y cántico que debían realizar de pie.

Los asientos son  plegables, cuando están están bajados muestran este aspecto.

Los asientos cuando se levantan, para que los monjes puedan orar y cantar, muestran las misericordias talladas

Las distintas tallas de los respaldos y de las misericordias son todas diferentes. Representan personajes, distintas razas, símbolos religiosos, escenas cotidianas…

Una vez visto el templo y el coro, nos dirigimos a la antigua cueva donde se encontró a la Virgen y dónde se inicia la construcción del conjunto actual ¡Impresiona verla, paredes de roca te rodean!

Al pie de la nave se encuentra el Panteón Real. Inicialmente estaba en el interior de la llamada Cueva Santa, pero ya hace varios siglos que se trasladó a este lugar.

Santa María la Real está llena de curiosidades, como la impresionante escalera renacentista que da acceso al claustro superior, cubierta por una cúpula decorada en trampantojo. Es recomendable, que para no perderte detalle de esta maravilla de monasterio, al iniciar la visita te descargues en tu móvil una autoguía gratuita, que va facilitándote entender lo que contemplas, el esplendor del reino de Nájera, cuna de reyes.

Aún cuando el reino de Nájera-Pamplona deja de existir por diversas luchas fratricidas, los descendientes de la dinastía siguieron gobernando los reinos de Navarra, Castilla y Aragón.

Antes de marcharos de Nájera, comprobad que el conjunto arquitectónico es imposible de circunvalar. No tiene cuatro lados sino tres, la cuarta fachada es la pared de la montaña donde se apoya la edificación. El Monasterio está incrustado en la roca de Nájera y es una de las grandes joyas de la arquitectura medieval española.

¡No dejéis de entrar en este monumento, os gustará mucho!

¡Ya nos marchamos, continuamos nuestro Camino!

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo. No tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”.

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