La costa Licia de Turquía. Seguimos con Marta por la costa mediterránea de este gran país. Su autocaravana y su familia.

Çıralı-Olympos-Quimera : entre ruinas, montañas, fuego y agua

Hay lugares con magia, sin duda, y Çıralı fue, para nosotros, uno de ellos.

Seguramente en el pasado hubo más lugares así en el Mediterráneo turco: una bahía preservada, sin edificios que rompan la línea de costa, y en este caso además, encajada entre espectaculares y agrestes montañas.

Por algo antiguos pobladores, que sabían mucho en esto de elegir lugares especiales, se asentaron aquí y crearon el mítico Olympos…hoy día, son ruinas lo que queda de aquellas construcciones licias y romanas, pero el lugar es evocador a más no poder: por algún momento se tiene la sensación de estar perdido en algo así como unas selváticas ruinas aztecas o mayas, en medio de farallones rocosos y densa vegetación cuasi tropical.

 

 

Para potenciar aún más el magnetismo del lugar, y seguramente el influjo que sobre estos antiguos pobladores tenían aquellos sucesos entonces inexplicables; se encuentra también aquí La Quimera, Yanartaş o Roca Ardiente: laderas volcánicas con grietas abiertas en las rocosas laderas del monte Olimpos de las que espontáneamente brotan llamas, que los antiguos habitantes atribuían al aliento de un monstruo mitológico, mezcla de león, cabra y dragón.

 

 

Todavía arden hoy en día unos 20 fuegos en las laderas del montaña, a los que se llega caminando por un espectacular paisaje de montañas calizas con olor a pino y al cercano mar. Resulta increíble ver estos fueguitos brotando de la roca…y brillando en la lejana oscuridad, desde la playa en la que nos quedamos, al caer la noche. Estas llamas eran mucho más intensas en la Antigüedad, hasta el punto que servían de guía a los marineros que navegaban por estas costas.

Aparte de entretenernos en estas visitas de lugares tan singulares, Çıralı nos dio también el placer de pernoctar en un sitio fantástico, un auténtico “hotel de mil estrellas” en un paraje privilegiado, una esquinita de la gran media luna de su playa, con vistas allá donde miraras, a espaldas del mar, a bosques o montañas.

El pueblo era una mezcla de casitas bajas, calles no siempre asfaltadas, gallinas campando a sus anchas, pequeñas pensiones con frondosos jardines llenos de verdor y árboles frutales por doquier. Era tanta la abundancia, al menos en esa época del año, que se pueden coger libremente naranjas, mandarinas y limones con…sólo alargar la mano.

También hay aguacates, granadas e higos chumbos…este panorama tan exuberante nos recordaba a veces a algún rincón de Centroamérica, por la frondosidad y ambiente…Hasta que, inevitablemente, el rítmico y periódico canto del muecín nos traía hasta aquí…

En este pequeño paraíso no estuvimos del todo solos, y también tuvimos encuentros que han aderezado la estancia, sin duda para bien… Además de las gentes del lugar, afables, tranquilas, en sus cosas, como la pesca, sus casas, sus negocios…tuvimos la casualidad de pernoctar, al mismo tiempo y en el mismo lugar (ellos ya llevaban más tiempo, como decían, “atrapados por la magia del lugar”…), otras dos familias viajeras.

Ha sido muy curioso, me parecían justamente representativas estampas de tres familias en tres momentos vitales distintos, algo así como una variada muestra del “se puede” viajar en familia y cuánto se disfruta haciéndolo…

Shakyla y Shervin, una pareja suiza, bueno, suiza-mezcla, por parte de ambos progenitores: padres de él Suiza-Irán y padres de ella Suiza-Afganistán. Shakyla estaba embarazada de tres meses e iban poquito a poco viajando camino Irán, donde querían que naciera su hijo, y después seguir viajando.

Nosotros, con nuestra Noa de dos añitos, y …”los Dipatakat”,
cuyo blog, www.dipatakat.over-blog.com, curioso nombre haciendo referencia a….¡el número de extremidades que suman los miembros de su viaje en familia! diez “patas”, de Arnaud, de Flo, de Éol, su hijo de doce años y de Newton, su bonito perro negro. Una familia francesa que, un buen día, dejaron su cómoda vida en la Bretaña, y está empezando un periplo que también desde Turquía les llevará hacia Irán, India, Nepal y…ya irán viendo. Como todos los largos viajes, (como la vida también…), que se van haciendo, creando paso a paso…les seguiremos en la distancia…

Así que, compartir historias, sueños, risas, fogatas playeras vespertinas, ideas y buenos ratos…esto también nos ha trajo Çıralı, a través de estas personas que nos encantó conocer.

Se me ocurre que estas maneras que tenemos de ver la vida los que aquí coincidimos, no estaban ni bien ni mal; no haría una alegoría de que haya que vivirla así o asá, que viajar sea lo mejor o quedarse lo peor…

No. Lo que se me ocurre, más bien, es que no son realidades opinables siquiera; que lo difícil en la vida, a veces, es saber o poder estar donde deseas, pero que; si estás, y en ese camino, aunque no todos lo entiendan o compartan, te sientes bien y a los demás daño no haces…¡adelante!…

Y me viene a la mente una frase que he leído, hace poco, y me ha gustado mucho, y que con algo de esto tiene que ver…que dice, ” No hay más que un éxito: ser capaz de vivir la vida a tu manera” (Christoper Morley).

En esta plateada bahía a la sombra de montañas recibimos también, desde la distancia, una noticia de las que al principio te cuesta tragar por terrible e inexplicable; una amiga fallecida, joven, linda, que aunque no conociéramos profundamente compartimos ratos que no olvidamos, y que a mí personalmente me marcó en mi percepción aquel entonces, y algunas de mis vivencias después, relacionadas con la maternidad. Nadie más cerca que una matrona experimentará tan repetidas veces la magia del principio de la vida, y MARÍA de alguna manera ha tenido un modo especial de estar en ella, y de su manera de afrontar la enfermedad y la muerte, esos fantasmas que tanto tememos.

Estas pérdidas nos hacen recordar, aún más, lo que no olvidamos: la inmensa suerte y la fortuna de estar juntos, viviendo y caminando la VIDA.

Y todas estas cosas nos pasaron en Çıralı.
Y seguimos….

A los que se quedan, a los que se van, a los que siguen, a los que paran…BUEN VIAJE a todos.

Y sigue la costa Licia. Tras la tormenta, siempre sale el sol…

9 de diciembre. Y de Çıralı nos “echa”…el pronóstico de una tormenta. Que allí en concreto se prevé con posibilidad de “floodings”, inundaciones. ¡Ooops!. Y es que Çıralı está bien abajo, abajo, abajo….de una carretera rodeada de montañas, donde van a parar todas esas aguas…y muchas de sus calles no asfaltadas, se convierten en pequeños lagos con las fuertes lluvias.

Así que, nos moveremos como las nubes:¡cambio de sitio!

 

La costa Licia en Turquía

 

No muy lejos, a Finike, donde también nos llovió esa noche…pero sin más. Finike es un pueblo grande y con una marina, donde tranquilamente dormimos, llena de barcos, tanto de pesca como de recreo. La mañana, ventosa y con restos de chaparrones, la aprovechamos para darnos una vuelta por la interesante cooperativa de pescadores de Finike, y comprar pescadito fresco. Y de paso un par de “çay” (té), en el barecito de los pescadores…

Aquí, las lluvias son otra cosa. Nada de una sucesión de interminables días grises…caen lo que toque, y siempre vuelve…el SOL. ¡Qué gustoooo!

 

 

Y cuando vuelve “Lorenzo” a brillar, vemos que estos chaparrones han sido de nieve en las montañas. Y es que en este país, las montañas casi nunca están lejos. ¡¡Y, qué montañas!! Muy cerca de la costa se yerguen majestuosos “dosmiles” y “tresmiles”…lugar perfecto para combinar las aguas azules y las nevadas alturas. Menudos mundos tan distintos, “aquí abajo” en cuanto sale el sol, vuelve el calorcito que para nosotros, más que propio de un mes de diciembre, nos recuerda a cualquier día de primavera…verano…quizá algún tinte otoñal…pero a nuestro invierno no, desde luego.

 

Ucağiz, nuestra siguiente parada, tiene un emplazamiento fantástico, un lugar que nos hipnotizó en su zigzagueante bajada, entre montañas, hacia el azul infinito. Primero subir para luego bajar, bajar, bajar, enfilando entre rocosas montañas, hasta llegar a una secreta bahía, tan resguardada que parece un lago.

 

 

Desde Antalya, la costa que estamos recorriendo recibe el nombre de Costa Licia.
En la época de los primeros imperios clásicos griego y persa, los licios crearon una confederación de ciudades-estado independientes que se extendían más o menos entre las actuales Fethiye y Antalya. Por supuesto, a lo largo de esta costa abundan los vestigios arquitectónicos de esta civilización (sobre todo, llamativas tumbas y monumentos funerarios)- junto con otros muchos monumentos de diversas dinastías y legados culturales. Y es que Turquía es un rico y variado entramado de culturas, fruto de un continuo trasiego de pueblos varios de paso Europa-Asia-…

Pero aparte de esto, la Ruta Licia se llama también a un espectacular trekking de largo recorrido (elegido por el Sunday Times como uno de los diez más espectaculares del mundo, ¡uau!), muy muy recomendable (¡menos en verano, creo yo!. De 40°C para arriba muchos días, uuff).

En algún momento barajamos la idea de hacer, por ejemplo, unos tres-cuatro días seguidos de este gran trekking, nos apetecía mucho; pero la idea la acabamos descartando, porque llevar tienda y sacos, más mochilas, más a Noa, (al menos una cierta parte del tiempo), era inviable. Y los alojamientos, que habrían hecho posible el prescindir de esa infraestructura, no aseguran estar abiertos esta época del año. Una pena, porque  con las temperaturas tan suaves que hay por aquí ahora mismo, sería bien factible de hacer por esta época…

Lo que sí intentamos, es conocer partes de estos recorridos de la costa Licia, cuando podemos…algunos trocillos…y la verdad que este rincón de la costa turca es una pasada, con tramos totalmente preservados de la urbanización.
El Mediterráneo como fue una vez, long time ago…

 

La costa Licia en Turquía

 

¡Ucağiz,  maravilloso lugar! Parking por 10 liras turcas (poco más de tres euros), entre gallinas y gallos, tumbas licias y a un paso del pequeño puerto de aguas turquesas. Noche tormentosa de nuevo, y madrugada bien temprana de cacareo ¡a varias voces!, de gallos. Ay, pero que pronto amanecen aquí…menuda nochecita (para Noa no, que ella está a años luz de esos “ruidos mundanos” en su país infantil de sueños😊)…y entre tanta serenata, el muecín de Ucağiz nos deleitó a eso de las seis con un canto que, sin embargo y a pesar de las horas, más que molestar, arrullaba casi…cantaba melódico y suavecito, como si quisiera decir algo así como “ya lo siento chicos, ya sé que no son horas de andar con cánticos, pero es que aquí lo hacemos así…ya canto flojito para no molestar”…

 

La costa Licia en Turquía

 

Y tras las tormentas, mañana de charcos para deleite de Noa con sus katiuskas verdes, y…¡cielo azuuul!. Así que, aprovechamos para patear un poco la agreste costa desde aquí, y sus restos licios, y rematamos la mañana montándonos en un barquito a ver un par de sitios super interesantes que están muy cerca: la península de Kekova, con su precioso pueblo coronado por un castilo, y la isla que “esconde” bajo sus aguas la antigua ciudad de Simena. Esta ciudad obviamente no siempre estuvo sumergida, y es que esta isla no siempre fue una isla. Simena estaba unida a Kekova, hasta que hubo un gran terremoto en el siglo II, y así quedo la cosa…Ahora, lo que queda de Simena se contempla navegando muy despacito a orillas de la isla, y apreciando restos aquí y allá bajo las aguas transparentes.

Y, tras los encantos de Ucağiz, más costa licia, hasta Kaş..donde hacemos parada y fonda varios días, en un camping muy bonito (“Kaş camping”). Disfrutando de estar tranquilos unos días en el mismo sitio, poniendo muuucha ropa a lavar y tender, bicicleteando y paseando por el pueblo (super chulo y con un punto bien equilibrado entre animado y calmado), explayándonos en el estupendo sitio del camping casi-para-nosotros-solos.

 

 

Y también, nos cae otra considerable tormenta ventosa nocturna, primero con un vendaval que menea la furgo en condiciones y luego jarreando (no problem, nuestra casita pesa mucho, y en cuanto al agua…¡estamos al lado del desagüe perfecto, el mar!), pero después…sale el sol, claro…y vuelta a la camiseta, que aún no nos lo terminamos de creer en pleno diciembre.

Dejamos Kaş con un poco de pena. Éste es el hogar, además de los lugareños, de unos cuantos afortunados extranjeros que pasan por aquí el invierno, y no hacen mala elección, la verdad.

Tras Kaş viene Kalkan, otro pueblo mediterráneo de postal, que luce reluciente bajo el cielo azul de diciembre.

Y seguimos, dando cambolitas…el pronóstico a medio plazo vuelve a dar alguna tormenta, pero seguro, seguro, seguro, que…¡después saldrá el sol!

 

Links en este artículo:

La Quimera, Yanartaş o Roca Ardiente

www.dipatakat.over-blog.com

Finike

Costa Licia

la península de Kekova, con su precioso pueblo coronado por un castilo, y la isla que “esconde” bajo sus aguas la antigua ciudad de Simena

 

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Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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