A la nieve en el Peloponeso.

De Kalamata a Kalavryta nos lleva este episodio de Marta y su familia en autocaravana.
Hacia el 10 de febrero, y…

Aaaayyy, empezamos a “hacer cuentas con los días”, y teníamos que acelerar un poco…Si es que, uno podría quedarse media vida en el Peloponeso, pero, pero, pero…bueno, ¡esto ya nos había pasado más veces!

Pero, antes de “subir para arriba” y salir del Peloponeso por el gran puente colgante de Patras….

…Echamos una ojeadilla a algunos sitios de la costa oeste, como Pylos y su cercano y precioso “Gialova lagoon”, una gran laguna al lado del mar de enorme importancia ecológica, donde anidan multitud de pajarillos (nada menos que 265 especies de las 400 existentes en Grecia, tienen aquí su refugio temporal), en su ruta entre Europa y África.
Nos encanta todo, aunque no hacía mucho para detenerse a ver flamencos; y es que, a pesar del cielo azul, hacía un frrrrío que pela con una brisilla helada muy invernal.

Sí que hicimos una caminata vespertina con nuestra pequeña excursionista a los pies del castillo de Paleokastro.

Una montaña-acantilado que mira a la bahía de Navarino -por cierto, así llamada por los mercenarios navarros que ocuparon el castillo en el siglo XIV. ¡Curiosooo!. Y muy chulo, todo ello.

 

 

 

A la nieve en el Peloponeso

 

 

 

Y agradecidos despertares a orillas de un mar quieto como un espejo…

Buenos y azules días…

Grecia, pernoctas fáciles, bonitas, gratis y con-de-todo…

 

 

 

 

A la nieve en el Peloponeso

 

 

Nuestra próxima parada es…¡olímpica!

¡Emocionante! En la antigua Olympia surgieron lo que hoy conocemos como Juegos Olímpicos, (primeros Juegos Olímpicos cuatrienales oficiales: en el 776 AC) y se celebraron allí, puntualmente, cada cuatro años, nada menos que durante…¡mil años!

El sitio es evocador a tope, a pesar de que quede muy poco de los edificios originales, a causa de un terremoto y también, no menos culpable, el señor Teodosio I, al que todos aquellos paganismos de deporte, arte y cultura juntos le debían de parecer un despropósito.

¡Pero hombre, y no podías haber dejado por lo menos el sitio tal y como estaba…! Lo de siempre, los que llegaban prohibían lo anterior, y a la par si podían destrozaban de paso lo que había…¡qué pena!

Aún así, tanto el sitio como el entorno se disfrutan mucho y, con un poco de imaginación, uno se hace a la idea del ambiente que habría por aquí, con los atletas untándose aceite en el Gymnasium y entrenando en la Palaestra, al lado de los poetas y filósofos leyendo unos y exponiendo sus ideas otros.

La “pre-competición”, jurando lealtad a los dioses y obediencia a los jueces en el Bouleuterium, y el clamor de un público entusiasmado a la entrada de los atletas olímpicos en el Stadium, con la enorme estatua de Zeus en oro y marfil presidiendo todo el asunto…qué tiempos aquellos…

 

 

 

 

 

Cómoda pernocta al mismito lado de la entrada a Olympia. Nos visitó señora de casa cercana para regalarnos huevos y unas ramas de laurel…

 

 

 

Y bueno, pues…por último, “no podíamos” decir adiós al Peloponeso sin ver “in situ” sus montañas nevadas. A la nieve en el Peloponeso.

Así que, aprovechando que…si nos desviamos un poco hacia el este, total llegamos a Patras igual; y está ahí mismito…¡una estación de esquí! (no es la única en Peloponeso y ni mucho menos en Grecia, donde hay unas cuantas), la pequeña Kalavryta, pues….¡vamos, vamos, vamos!.

 

A la nieve en el Peloponeso

 

 

 

Tras quedarnos a dormir aparcaditos en Kalavryta pueblo, en una preciosa noche estrellada (y fría, aunque por suerte las temperaturas habían ido subiendo cada día y las nocturnas no bajaban a varios grados bajo cero, como debió de ser aquí hace pocos días), subir de mañana 14 kilómetros zigzagueantes entre pinos nevados con vistas de montañas blancas cercanas y lejanas, bajo el cielo azul, fue, para nosotros, un maravilloso regalo invernal que echábamos de menos.

¡¡A la nieve en el Peloponeso!!slow

 

A la nieve en el Peloponeso

 

 

Para rematar, el “regalo completo” fue para mí, en forma de perfecta mañana de esquí….síiiiiiii…..y ooohhhh….lo disfruto “como una enana”, en este invierno diferente sin mis habituales días en el blanco elemento…

 

A la nieve en el Peloponeso

 

 

 

 

Icar y Noa andan en algún pequeño deslizamiento también…😉…

 

A la nieve en el Peloponeso

 

Para el “après-ski”, a comer se ha dicho, y aunque no andábamos escasos, aparece el señor griego de la autocaravana de al lado, con quien Icar y Noa “hicieron migas” previamente, y nos regaló un plato de pasta con pollo en salsa de lo que ha preparado para ellos…mmm…y una botella con un poco de su vino casero, una especie de clarete fresquito y suave que estaba bastante rico. Últimamente, ¡casi no había día que no nos regalaran algo!.

 

 

A la nieve en el Peloponeso

 

Una vez nuestra aventura a la nieve en el Peloponeso, tarde soleada, siesta al caer y…poquito a poco…los kilómetros nos llevaban a la salida del Peloponeso por el espectacular puente de Patras…nos vamos “al otro lado”….¡Seguiremos contando, desde la otra orilla!

 

A la nieve en el Peloponeso

 

 

Más de Marta, su familia y su autocaravana:

 

 

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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