Empezando año y despidiendo Turquía. Volvemos a este gran viaje en el que nos guía Marta Sánchez. Estamos ya a punto de dejar Turquía rumbo a Grecia.

 

Y de repente empezaban, como en una pequeña cuesta abajo, nuestros últimos días en tierras asiáticas.

¡Pues si todavía andábamos a muchos kilómetros de Grecia!, ¿noo? pues sí, y no…¡depende de cómo se mire!

Gran parte de la costa turca, desde Kaş hasta Ayvalik, está flanqueda por islas que, en su mayoría, no son turcas, sino…griegas. Cosas de la geopolítica. Kastellorizo, Kos, Chios, Lesvos, Samos,… algunas de ellas a tan sólo 5, 8, 10 kilómetros de tierras turcas…y con conexiones marítimas relativamente frecuentes.

 

Empezando año y despidiendo Turquía

Así que, se nos fue ocurriendo hace un tiempo esta manera de pasar de país, y de continente…vía mar. Porque nos apetecía, porque acortamos kilómetros y gasoil, porque en el norte turco y griego dan estas fechas más frío…por todo un poco, y porque esto de que surja una opción nueva e inesperada y poder decir “¿pues por qué no?”, era sin duda una de las cosas chulas del viaje.

Pero, pero, perooo…antes de eso…aún quedaban nuestros últimos días de periplo turco. Que empezaban de nuevo con cielos muy azules pero…¡no con calor precisamente!.

De camino a la península de Çesme, donde cogíamos nuestro ferry rumbo Europa-Grecia, hiciemos varias paradas y fondas…

Sirince, un pueblillo de montaña de lo más coqueto…

 

Sigacik-Teos, un puerto pesquero muy majo que además es “cittaslow”… www.cittaslow.org . Y la verdad es que invita a disfrutarlo a “ritmo lento”, por ejemplo, tomando algo en alguno de sus barcos-bar…

 

Empezando año y despidiendo Turquía

 

 

Y de allí a la península de Çesme, que se alarga como un dedito al oeste del Egeo turco, casi tocando la alargada isla de Chios griega, nuestro próximo destino.

Nuestros últimos días por Çesme fueron un poco…algo así como si nos hubieran dado el “pause”. De repente, hace tanto frío que, si cerramos los ojos y nos dicen que estamos en la cumbre de pico Cordel con los esquís de travesía puestos, nos parecería más normal…

Y yo alojé, así de repente también, algún bichillo, o fenómeno, o lo que sea, en mi cuerpo que hizo que durante 2-3 días lo de comer, por poco que fuera, fuera cosa como imposible sin mareos posteriores, alguna “visita explosiva” al baño y una especie de debilidad total.

Esto de ponerse una pachucha en una autocaravana, tiene “su aquél”…he tenido a mi compi pendiente de mí a dos o tres metros como muy lejos, y también a una pequeña criatura que a veces era la más solícita enfermera. Con muchos besos y abrazos incluidos, y otras veces se convertía en saltimbanqui sobre cualquier parte de mi maltrecha anatomía.

Por suerte, este bichillo, o lo que fuese, contagioso no era, los otros dos miembros de este pequeño equipo viajero estuvieron como rositas…¡menos mal!

 

Empezando año y despidiendo Turquía

Así que fueron unos días como el oso que hiberna esperando la primavera; en nuestro caso, a la espera del ferry, que primero iba a ser un día, y luego fue cambiando de fecha, parece que por aquello de cuadrar pasajeros y días en temporada baja.

 

Empezando año y despidiendo Turquía

 

Entre nuestros ratos de furgo al calor de la compañía y de la calefacción, y las visitas a la oficina del ferry, también vimos un poquito Çesme

Su marina muy bien cuidada (donde dormíamos en parking guardado 24h pero gratuito en temporada invernal), su fortaleza y sus callejuelas estrechas…y por supuesto, alguno de esos “páq-ques” que entusiasmaban a Noa, a la que bien abrigadita, el frío le da igual…

 

 

 

Y los alrededores cercanos, como Altinkum, muy famoso entre windsurfistas de todo el mundo, parece ser, y con unas calas de arena fina y aguas turquesas preciosas.

Aunque con el frío estaban bastante solitarias, con las gentes del lugar y sus quehaceres rurales. Y ver aquellas arenas claras con ovejas correteando, hacía pensar más en un rincón de las Highlands escocesas que en el Egeo lleno de bañistas que será esto en verano…
A nosotros, también nos gustó verlo así…

 

 

También merodeamos por el mercado de Alaçati, nuestro último mercado turco, tan colorido y sabroso como todos…

 

 

Empezando año y despidiendo Turquía

 

Nos refugiamos de los fríos con un té en algún barecito, y encontramos una librería chula-chula donde nos hicimos unos auto-regalos para los tres… (aaahh, que además era Reyes…otra vez que casi no nos enteramos😂).

 

 

Como dice el refrán, “nunca llovió que no escampara” (ni granizó, porque eso hace también un día: ¡granizar!), ni fríos que cien años duren.

Y menos aquí…por lo que nos contaron, esa ola de frío intenso no era muy usual. Sí lo es que en invierno bajen a veces las temperaturas, pero que lo hagan tanto, es algo que sólo ocurre cada varios años, y que nosotros tuvimos, ejem ejem, el gélido honor de presenciar.

Para cuando teníamos previsto embarcar rumbo Chios, el pronóstico cambia y las temperaturas recuperan la “normalidad invernal” de por aquí. O sea, unos diez o quince grados más.

Mi estómago también recuperó su normalidad…Lo suficiente para que en nuestros últimos paseos por estas calles turcas, “se encogiera” pero ahora de ganas de probar por última vez estas viandas cuyos aromas envuelven cada día las calles a eso de las doce…Y eso hicimos, despedir Çesme con unas humeantes y como siempre riquísimas çorba, unos deliciosos köfte y el habitual çay…como siempre también, no pagamos más de unos nueve euros por los tres por una comida rica y abundante (y nuestra pequeña viajera no se queda atrás en esto del “yantar”…).

 

Y con esto y otro çay…nos toca decir adiós, o mejor hasta la próxima, a Turquía.

Un país donde estuvimos siete semanas más que a gusto.
Donde pernoctamos en un montón de sitios bonitos a cero euros y donde la respuesta más repetida a la pregunta de si uno puede quedarse a dormir por allí, o coger agua, o coger un ferry, o…casi lo que sea, fue, invariablemente….”no problem”.

De comida rica y coste de vida barato para nosotros, de mercados vitaminados y coloridos…

Donde conocimos gentes siempre dispuestas al intercambio a pesar del idioma, sonrisas y, si lo necesitábamos, ayuda. Donde nos llamó la atención la rapidez de la gente para resolver los tipos más variados de contratiempos de manera resuelta y creativa (“no problem!”).

Un país en el que se percibe una mezcla sin igual entre lo moderno y lo de antes, Oriente y Occidente, con todo el atractivo y las contradicciones a la vez que eso encierra.

Un territorio fascinante donde se mezclan altas montañas nevadas, bosques mediterráneos, costas vírgenes, esbeltos minaretes, increíbles restos arqueológicos, un remoto Este, un accesible Oeste, una ciudad mágica como Estambul.
Echaremos de menos el canto del muecín, la silueta de las mezquitas, el olor de las especias, las estampas cotidianas de esta tierra especial.

 

 

…Y un 8 de enero embarcamos en lo que creíamos que iba a ser, según habían dicho, un ferry, rumbo Europa, vía Chios, pero…era más bien un barquillo no muy grande…y con espacio…uuppss, para nuestra furgo nada más. Eeemmm…¿y ya cabrá nuestra casa con ruedas aquíiiii?
La respuesta…claro….síiiii, “NO PROBLEM!!”😊

 

Empezando año y despidiendo Turquía

Güle güle Türkiye, teşekur ederim!

¡¡Nos espera Grecia!!

 

Más de Marta Sánchez y su gran viaje, y también de Turquía en El Viajero Accidental:

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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