San Simón, un pequeño archipiélago con una larga historia. Ría de Vigo

San Simón, un pequeño archipiélago con una larga historia. Ría de Vigo

La isla de San Simón conforma junto con la isla de San Antón y dos pequeños islotes (Cobreiras y Pena Blanca) el archipiélago San Simón, que está ubicado en la ría de Vigo, en su parte más interior, en una ensenada metida al fondo de la ría, a la que se llega tras atravesar el estrecho de Rande. Esta situación geográfica ha condicionado su historia.

 

En un primer momento en este archipiélago, perteneciente al ayuntamiento de Redondela, hubo un monasterio de la orden del Temple, cuyo edificio no se conserva. Al dejar la isla los templarios, acudieron los franciscanos y los pascualinos pero el monasterio acabó siendo abandonado por los monjes, ante los continuos pillajes de los piratas ingleses, entre ellos el famoso Francis Drake.

Llega la Edad Media, los trovadores y juglares entretienen al pueblo y a la nobleza con gestas importantes, hechos singulares… Los trovadores gallegos cantan al mar de Vigo. En una cantiga, el poeta Mendiño menciona la isla de San Simón. “Sedia-méu na ermida de San Simón e cercaron-mi as ondas, que grandes son” (“Me encontraba en la ermita de San Simón y me rodearon las olas”). El famoso juglar Martín Codax, en sus cantigas de amigo recogidas en el pergamino Vindel, también ensalza las ondas del mar de Vigo.

 

El archipiélago abandonado por el clero y los piratas lleva una vida tranquila y placentera. Hoy al desembarcar en la isla nos encontramos con una estatua que homenajea a los grandes trovadores gallegos de entonces.

Desde la Edad Media, la isla permaneció en el olvido, hasta que en el siglo XIX el transporte de personas y mercancías de las colonias de ultramar a la península hace necesario la creación de un lazareto marítimo, un recinto sanitario para observación y tratamiento de personas que padecían enfermedades contagiosas o que venían en una embarcación infectada y estaban convalecientes. Importantes puertos pujaron por tener su propio lazareto marítimo, ya que las navieras que realizaban el transporte debían sufragar el coste de la cuarentena, por lo que su proximidad a puerto abarataba costes.

 

 

En el archipiélago de San Simón se construyen entonces las instalaciones necesarias para el lazareto: enfermería, capilla, un edificio residencial para los pasajeros que pagaban billete en primera clase, otro para los que pagaban billete de segunda y otro para los pasajeros de tercera clase, también se construye el puente de comunicación entre ambas islas, se plantan especies arbóreas de origen tropical y un paseo de bogs, “O paseo dos Buxos”.

 

Una vez listas las obras en las dos islas, en el año 1838 el puerto de Vigo tuvo su propio lazareto marítimo. Gracias al lazareto el puerto de Vigo creció de manera exponencial. El archipiélago es nuestra isla de Ellis, esa isla neoyorquina que durante la primera mitad del S.XX recibía a los emigrantes para inspeccionar su salud y sus posibles enfermedades contagiosas.

Supongo que os estaréis preguntando cómo funcionaba el lazareto, pues la respuesta es sencilla. La isla de San Simón está unida a la de San Antón por un puente, cada extremo del puente tiene su propia puerta, de manera que una vez cerrada, las islas quedan separadas la una de la otra.

 

En la isla de San Simón vivían la guarnición militar, el personal sanitario y los pasajeros no enfermos pero que debían someterse a cuarentena antes de desembarcar en el puerto de Vigo. En San Antón estaba ubicado el lazareto de infectados, el “lazareto sucio”.

 

Cuando era necesario se abría la puerta de San Simón, en el puente se colocaban las viandas, los medicamentos, la ropa de abrigo y demás cosas necesarias. Una vez hecho esto se cerraba la puerta y la guarnición destinada en San Antón abría la puerta de esta isla, recogía el material y cerraba su puerta evitando así fugas.

A la pequeña isla de San Antón se accede por el puente mencionado y además dispone de tres muelles de atraque, el muelle de “las monjitas” que prestaban auxilio sanitario y espiritual a los desahuciados, el muelle donde está un pabellón acristalado de Cesar Portela y otro mirando al puente de Rande. Es una isla minúscula con 4 puertas.

 

La isla de San Simón dispone del embarcadero principal y también de varios muelles.

Pasan los años, el lazareto marítimo deja de ser necesario y la isla cae de nuevo en el olvido hasta que estalla la guerra civil, momento en que la isla pasa a ser un campo de concentración y de exterminio de opositores al franquismo.

Las cifras de represariados es tan alta que se cambian las tornas, esta vez la isla “grande” de San Simón se usa para los presos y la isla más pequeña – San Antón- es el lugar destinado a los guardias del campo de concentración. El franquismo se refiere a ella como “colonia penitenciaria”.

 

El muro del cementerio se convierte en paredón de fusilamiento. Los fusilamientos en muchas ocasiones ni eran necesarios, ya que la gente moría de hambre y enfermedades que no eran atendidas. En el antiguo edificio destinado a los pasajeros de tercera clase llegaron a vivir 600 presos, que a la hora de dormir eran colocados en el suelo como sardinas en lata, haciéndose necesario el silbido del guardia para cambiar de lado a la hora de dormir.

Entre los años 1936 y 1937, un dicho se hace popular, “Aquel que entra en San Simón no sale con vida”.

Xoán sen medo

 

El campo de concentración da paso a una cárcel. Los presos fueron obligados a realizar trabajos forzados. En la isla hay una avenida perimetral empedrada que construyeron los presos, lleva el nombre de una batalla decisiva para la guerra civil: la batalla de Teruel.

“Los rojos” construyen la avenida con la esperanza de que todavía las cosas pudieran cambiar, les llegaban noticias de que en la batalla iban ganando y retorna en ellos algo de esperanza, quizás salgan vivos de allí…  pero finalmente triunfa el golpe de estado de Franco, y San Simón continúa siendo una cárcel hasta el año 1943.

 

A mediados del siglo pasado la isla se convierte en un lugar de esparcimiento para la guardia de Franco. En el verano de 1950, un grupo de falangistas acudieron a la isla y al regreso uno de ellos cayó al mar, todos intentaron ayudarlo de manera que la barca “Monchiña” se descompensó y volcó. El nerviosismo y no saber nadar provocó la tragedia, murieron 43 personas. En una roca cercana a San Simón se erige un cruz de piedra  que recuerda a las víctimas .

En los años posteriores, entre 1955 y 1963,  la isla se utiliza como escuela para huérfanos  de marineros, creándose el Hogar Méndez Núñez.

 

Pasan los años, la escuela se cierra y de nuevo el archipiélago queda abandonado hasta que en 1999 es declarado bien de interés cultural, con categoría de sitio histórico

 

Tras la declaracion de bien de interés cultural, el arquitecto Cesar Portela capitanea las obras de rehabilitación de los edificios de las islas.

 

En el presente la isla es la sede de un certamen musical, “Sinsal SON”. Los que asisten a este certamen compran la entrada sin saber quién actuará y aún así se agotan las localidades rápidamente.

 

La isla ha pasado a subtitularse “A illa do Pensamiento” y los viajeros podemos visitarla. Hoy todos nosotros ataviados de gorros, crema solar y cámaras de fotos nos introducimos en una cámara del tiempo, atravesando el muro de la historia vivida por tanta gente en un archipiélago tan pequeño. Al volver a puerto es de esperar que la lección de historia nos sirva para no olvidar.

Para ir a este pequeño archipiélago embarcamos en el puerto de Vigo, dos empresas se ocupan del transporte de viajeros. Nosotros lo hicimos con NABIA y el guía, Breogán, resultó muy entretenido y didáctico. ¡¡¡Dan ganas de repetir!!!

No quiero terminar este artículo sin recomendar dos novelas ambientadas en este mágico lugar:

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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