Rumanía en autocaravana I: de Oradea a Paltinis

Rumanía en autocaravana I: de Oradea a Paltinis

Rumanía en autocaravana: Marta Sánchez y su familia nos llevan a este país lleno de monasterios, montañas y bosques. En este artículo hay que estar muy atentos a la fotografía, porque descubrimos un país deslumbrante.

 

Buna, România!

Rumanía : un país con aproximadamente la mitad de extensión que España, auténtica encrucijada cultural, lugar fascinante donde ver en directo la convivencia entre la tradición y la modernidad que se abre camino a pasos agigantados, el mundo profundamente rural y otro que casi le da ya la espalda.

 

¡Ya estamos aquí Rumanía!

 

Los restos y huellas de una terrible dictadura comunista especialmente dura, y una naturaleza hermosa, salvaje y preservada. Éstas son algunas de las ideas previas que tenía en mente antes de cruzar la frontera hacia este nuevo país y vivir todo ello personalmente.

También, Rumanía nos atraía por otra razón especial: nuestra amiga Yolanda, a la que visitamos unos días. Y ese motivo, y la certeza de esa presencia, hacía que, de algún misterioso modo, a pesar de que, en realidad, a la entrada del país estuviéramos aún a muchos kms de ella (alargados aún más por el estado de algunas carreteras rumanas, donde el número de kilómetros no se corresponde con el tiempo que “en teoría” tardarías en recorrerlos…), me sentía desde que entré en el país como “un poco en casa”. Cosas de la amistad…

 

 

Pasamos la frontera prontito, en una mañana azul y sin contratiempos, y avanzamos unos pocos kilómetros para detenernos un rato en Oradea, una ciudad muy agradable; todavía muy influenciada por el país vecino, Hungría (producto no sólo de esta cercanía actual sino también fruto de muchos años bajo el control del Imperio austrohúngaro), lo que se refleja en su centro histórico con muchos edificios barrocos bastante bien conservados. A pesar de esa similitud, todo tiene ya otro aire, otro ambientillo, y aunque el idioma en sí no lo entendíamos, sí podíamos comprender muchas palabras al verlo escrito…algo que también hace que sea todo, de algún modo, más familiar. ¡Compartimos raíces latinas!

También nos han hablado del carácter hospitalario de la gente, acrecentado por el hecho de que, con tantos rumanos emigrados en su día a España e Italia, tiendan a acercarse a coche con matrícula española, a presentarse si te oyen hablando español, a esforzarse especialmente aunque no te entiendas del todo…

Sí, todo esto lo comprobamos personalmente, pero antes de ello viene la primera prueba, tachán, tacháaan…¡el encuentro con las carreteras rumanas!….o mejor dicho…¡encontronazo! Bien, avisados estábamos, eso está claro, pero….¡es que nos encontramos con todos los ingredientes “estrella” juntos, todos seguidos y para empezar! También está claro que no todas las carreteras rumanas están así, sólo algunas, (¡imaginamos!) pero mira tú por donde, ésta primera que nosotros habíamos elegido….sí. Baches, obras continuas, semáforos, carros tirados por caballos siendo esquivados y/o adelantados por coches, perros merodeando a sus anchas…¡un poema, vamos!

Total, que lo de adentrarnos en los montes Apuseni hoy, así de la que llegamos, fue “imposible”. En lugar de eso, optamos por relajarnos, take it easy, my friend; y paramos donde lo vemos bien, en un pueblecillo cualquiera, ya rodeado de bosques y con las siluetas de los Apuseni en el horizonte.

 

Rumanía en autocaravana

Campani

 

El pueblillo en cuestión se llama Campani, en realidad no es más que una hilera de casas a ambos lados de la carretera, y por el momento encontramos unos columpios y toboganes muy monos hechos en madera donde Noa se divierte y nosotros disfrutamos del solete de la tarde, mientras echamos un ojo a un sitio para hacer noche. Por lo que habíamos leído y nos habían comentado, aparte de ser un país donde la acampada libre está permitida, es tranquila, segura y frecuente por parte de los visitantes e incluso lugareños que salen a disfrutar de su entorno en fines de semana, etc. El entorno agradable y tranquilo.

 

Nos vamos a dar una vueltilla por el pueblo, a comprar un par de cosas en una tiendita que hemos visto, y no nos da tiempo a mucho más, ya que mientras estamos entretenidos recolectando unas flores bajo la insistente demanda de Noa de “¡fóoo, fóooo!!”, se acerca a nosotros una señora que muy amablemente nos pregunta (en español) que si somos españoles….afirmativo, a continuación se presenta-Mónica-, nos dice que ha estado trabajando en España, en el Pirineo Catalán, 4 años, y su marido 8…nos pregunta dónde estamos, qué hacemos en Rumanía…y tarda muy poco en invitarnos a su casa “a cenar, a dormir, a lo que queráis…”. Como ya teníamos medio preparada la cena, y preferimos llevar nuestros horarios tempraneros por Noa, le decimos que cenamos primero y luego nos acercamos por allí.

Tanto Mónica como Georgios, su marido, son dos personas encantadoras, y con una historia de las que, nos imaginamos, habrá muchas por aquí….en su caso, cuatro años separados, otros cuatro trabajando juntos en España, su hija ya mayor se quedó aquí…
Inmigración, Emigración… qué importante sería ponernos en los zapatos de tantas personas que por necesidad dejan el hogar que, de entrada, no querrían dejar. Viajeros por motivos tan distintos a los nuestros (mucho más afortunados y despreocupados). Aventureros de verdad, de la vida como viene, que nunca sabemos si nos tocará a nosotros, pero que a veces no somos conscientes hasta que lo hace.

Nos cuentan que su experiencia en España fue buena, que también están muy contentos de haber regresado a Rumanía, a su casa, aunque se quejan de que las cosas ahora son muy caras, del caos en muchos aspectos de su país….

Mónica ha preparado varios tipos de tartas caseras a las que nos convida, todas deliciosas. También nos sacan leche de vacas del pueblo…Giorgios nos sirve un poquito -y luego nos regala una botellita, buff!-, del licor local, “palinka”…Pasamos una velada de lo más agradable charlando con esta gente tan maja. Noa está contentísima, como si hubiera estado en esta casa de toda la vida, y enseguida le cogen cariño, seguramente porque tienen ganas de tener nietos que aún no tienen…así que ambos están encantados.

 

Al día siguiente estamos otra vez invitados a desayunar….en esta casa, al igual que veremos en todo el entorno rural rumano, la mayoría de los productos son propios. Todo tipo de vegetales en la huerta y de árboles frutales, leche de vaca, quesos que fabrican, matanza del cerdo, gallinas para huevos, etc….En esta época, Mónica ya tenía todos los estantes de su despensa llenos de botes de conservas caseras de pimientos, remolachas, mermeladas, y todo tipo de conservas de pinta deliciosa. Todo, por supuesto, “ecológico por defecto”…, porque es así de modo natural. Lo que me da pena que trae el “progreso”muchas veces es….pérdida de este aspecto de alimentación básica, sana, propia, natural…sustituyéndola por productos elaborados, artificiales, envasados, con todo tipo de conservantes….y el poder volver a tomar productos naturales, sanos, se convierte ya en una especie de “privilegio” por el que hay que pagar, porque ya llevan la etiqueta de “ecológico”, y ya no son baratos ni asequibles para todos…éste es uno de los absurdos del “desarrollo”. Si pudiera invertirse esto, que el proceso se realizara de otro modo….
De momento, esto es lo que pervive en una gran parte de Rumania, seguramente, al igual que en España hace tiempo…para reflexionar lo que hace perder, a veces, “el progreso”, en este sentido…

Y esta mañana Mónica nos enseña sus gallinas, damos una vuelta por su jardín y sus huertos, nos invita a café, y ahora le toca el turno a unas bolsas-regalo llenas de patatas, remolachas y huevos “para el viaje”. Gente sencilla, generosa y grande, muy grande de corazón. Nos despedimos prometiendo escribir y mandarles fotos que hemos hecho de estos ratucos pasados juntos. ¡Gracias familia, todo un placer y una gran acogida que nos habéis dado para empezar nuestro periplo en vuestro país!.
Y nos vamos a atravesar los montes Apuseni….¡bienvenidos a Rumanía!

 

Vamos para allá Muntii Apuseni

 

Monastirea Muncel, muntii Apuseni

Muntii Apuseni, Rumania: andamos por esta esquina del mapa rumano, que contiene otras muchas subcadenas montañosas: Muntii Vladeasa, Muntele Mare, Muntii Bihorului, Muntii Trascăului…que nos adentran poco a poco en Transilvania, la gran región central de Rumanía. Seguimos por Rumanía en autocaravana.

Mirando rato y rato el mapa de Rumanía, muchas dudas previas sobre por dónde entrar, cómo recorrer…muchas zonas interesantes y demasiadas carreterinas tortuosas de montaña de enlace entre unos lugares y otros, que configurarían un recorrido errático, increíblemente interesante pero, vamos siendo conscientes, demasiado largo para el momento del año que estamos ya, mediados-finales de octubre…Tras unos días recorriendo estos lugares, “aterrizamos” respecto a los tiempos y las distancias, y empezamos a ver demasiado lejos las regiones norteñas de Maramures y Bucovina, a las que inicialmente nos queríamos haber acercado…y de momento nos centramos en disfrutar y recorrer algunos recovecos de estos montes otoñales transilvanos que nos que guardan no pocas sorpresas.

 

 

Estampas rurales casi olvidadas en otros lugares, personas humildes en sus quehaceres diarios, omnipresentes carros tirados por caballos, ondulados montes silueteados por silos de hierba secándose, iglesias ortodoxas y sus esbeltas cúpulas, que dan un toque oriental al entorno, abundantes cruces y cementerios por doquier, casas humildes y sus moradores, pozos de los que el agua sale todavía, mezclados con casas no tan humildes de más acaudalados propietarios que quizá hicieron dinerillos en otras tierras…

 

 

A veces el paisaje se torna agreste y la montaña que cae a la carretera no deja paso a más que, de tanto en tanto, pueblos formados por dos hileras de casas, donde nos es difícil buscar un sitio para reposar nuestra pequeña casita con ruedas…¡otro pueblo sin sitio para aparcar!, y otro…¡oye!, que ya es la hora de la merienda, hay que encontrar algún lugar…¡Oh!, ¡mira ese monasterio encaramado ahí arriba, qué chulo!. ¡Genial!- exclamamos- Seguro que allá hay al menos un parking bien tranquilo y espacioso donde hacer noche- y con buenas vistas…¡Allá vamos!.

 

Dentro del monastirea Muncel, increíble e inesperada experiencia de hospitalidad monástica rumana

 

Monastirea Muncel decía llamarse el lugar y sí, las vistas no desmerecían el pequeño ascenso. Apenas aparcados fuera del que parece un coqueto monasterio, pasa una monja bastante joven, arremangada con cuchillo en una mano y una col en la otra, -de vuelta de lo que parecen los huertos del lugar-, y con una sonrisa y saludo en rumano, le preguntamos probando en inglés-español-y gestos, que si hay algún problema en que esta pequeña familia autocaravanera haga noche allí fuera.

Sonriendo también, me hizo un gesto de que la acompañe, la miré sin entender e intenté repetir, insistiendo en la mímica, que si podíamos dormir en la furgo, aquí mismo….sin dejar de sonreír, me repitió el gesto de que la acompañara; así que, asumiendo que algo tendría que enseñarme, la acompañé dentro del monasterio mientras Icar y Noa me esperaban fuera.

La monja de las coles me dejó un par de minutos a la puerta de lo que parecía el edificio principal, y enseguida apareció otra, bien joven también, que hablaba perfecto inglés. Le expliqué brevemente la situación, y me dijo que no hbía ningún problema, que podíamos cenar y dormir “aquí dentro”. Pero….”no, si nosotros tenemos de todo, tenemos cena y en nuestra autocaravana dormimos siempre,y no necesitamos nada, y…”. Me miró con una cara que interpreté como de lástima, e interrumpiéndome suavemente con una sonrisa, me dijo: “la cena está preparada. Podéis entrar a cenar y luego decidís”. No sé si tenía que explicarle algo más; que no era ni ortodoxa ni católica, ni siquiera de religión alguna, que sólo buscábamos un sitio tranquilo donde dormir y que lo de comer con monjas en un monasterio es algo que ni nos imaginábamos, y que…Pero, de algún modo, siento que nada de todo eso hace falta, le devuelvo la sonrisa, le doy las gracias y le digo que ahora volvemos.

 

 

Icar alucina un poco cuando salgo a contarle mi encuentro, nos da un poco la risa con la situación, pero sin más, cogemos a Noa y entramos, nos espera la monja sonriente que habla inglés, que en breve sabremos que se llama…¡Sofronia!, y, con toda la naturalidad del mundo, como si todo esto hubiera estado esperando para nosotros, nos hace pasar a un pequeño comedor super acogedor donde nos sentamos sólo nosotros tres (son las seis y nos explica que ellas hoy ya han cenado antes de lo normal porque tienen luego una celebración especial). Merendamos-cenamos sopa, huevos, queso, verduras varias, pimientos frescos, pan, queso, mantequilla, dulces, todo delicioso y casero. A todo esto van saliendo unas y otras, haciendo gracias a Noa y con un ambiente que nos parece de lo más distendido y cordial, así que una cosa lleva a la otra, se nos presentan varias más, “Adriana, Irina, Ana, Marta…”..y cuando me vuelve a preguntar Sofronia: “Entonces, os quedáis a dormir, ¿verdad?”, le contesto “Pues…Eh…pues…sí. Sí, ¡claro que sí!”.

Y pasamos unas horas de lo más especiales en este lugar, cuidados por este pequeño grupo de monjitas entre veintipocos y cuarenta años. ¡muy jóvenes!, me parece….aunque no sé si en España habrá monasterios parecidos, pero me da la sensación de que no…pero reconozco que es puro desconocimiento.

Durante el tiempo que pasamos aquí, cenar, dormir (en una habitación bien agradable), desayunar al día siguiente, con otras tantas viandas para chuparse los dedos y pasar parte de la mañana, (en algún momento preguntamos,” Pero, esto…a quién lo pagamos?, ¿ cuánto es…?”…”No, no, esto no lo hacemos a cambio de dinero..”. “Ehh…ooohh…buenoooo…”); vemos que el monasterio está abierto a la gente, hay algunos pocos (no muchos, una señora mayor, una pareja, un par de chicas), que en algún momento andan por allí, para algún acto religioso, o para saludar a las monjas, o para comer también, o dormir…

La verdad es que todo nos parece como muy “flexible”, y allí nadie nos pregunta nada o nos sentimos obligados a nada, Sofronia nos dice que, si nos apetece, podemos asistir a la misa ortodoxa que se hace por la tarde o por la mañana, a alguna, a ninguna, a las dos…y que, por supuesto, podemos entrar en ellas y salir cuando queramos. Yo la verdad que tengo mucha curiosidad y al final en algún momento entramos a ambas, es muy distinto, todo como muy pequeño, más oscuro y “recogido”, íntimo casi, con una decoración completamente distinta, que te transporta un poco a mundos orientales, olor a incienso, lecturas que no entendemos, cánticos que tampoco entiendo pero sin embargo me gustan…A Noa en principio no parece disgustarle mucho la cosa pero a los dos minutos empieza “mamá, mamáaaa”…¡normal, la pobre!. Bueno, como experiencia curiosa un par de minutos ya es suficiente para ella…☺.

No sabemos si por Noa, que hace migas enseguida y”se ha quedado” con estas monjitas, o por qué, pero la verdad es que al final, casi todo el tiempo vienen unas u otras a charlar un rato con nosotros…y especialmente Sofronia, seguramente porque habla muy bien inglés y es más fàcil entendernos, y tambien porque en el poco tiempo que estamos hacemos muy buenss migas.

Tengo un montón de preguntas y charlamos de todas ellas “Pero…¿cuándo supiste que querías hacerte religiosa?”, “¿cómo os distribuís las tareas?, ¿podéis salir de aquí?, ¿por qué elegiste este monasterio? (que por cierto, es relativamente nuevo y erigido en memoria de las víctimas del régimen comunista)…..¿qué se hace viviendo aquí, a qué dedicáis vuestro tiempo?”… (“¿no habrá alguna monja corredora?” bromea Icar-con los entornos que tenéis por estos montes y bosques….). Sofronia nos escucha siempre risueña y contesta todas nuestras preguntas, que a su vez se transforman en preguntas para nosotros también…

Aparte de enterarnos de que sus nombres son elegidos por ellas cuando se convierten en monjas, nos cuenta que son un pequeño grupito de 13 monjas jóvenes y aparentemente bien avenidas, que todas hacen de todo, desde cocinar hasta coser y labrar y recolectar sus huertos, que sí, que salen fuera-se queda un poco sorprendida cuando le hablamos de las “monjas de clausura”. Nos cuenta que en su infancia, bajo la dictadura comunista, había mucha escasez, represión y miedo y que cualquier tipo de religión estaba prohibida. Le contamos que en nuestro país ha sido un poco al contrario, que la religión, sobre todo hace tiempo, ha sido en parte bastante impuesta….y bastante presente, quisiera la gente o no…y se queda sorprendida. Contrastes….

Alucina cuando le contamos nuestro viaje, nos mira sonriente, y sólo dice “Noa no necesita hablar para decir con esos ojos que es una niña muy feliz”. Hablamos de la maternidad y la paternidad, de cómo ven a la gente que se acerca por allí, de la autosuficiencia de vivir allí, de la sencillez de su vida, que ellas sienten como plena.

Nadie puede vivir la vida de nadie, no me cambiaría por ninguna otra persona, pero le comento que qué curioso es pensar que nosotros recorremos incesantemente lugares para encontar respuestas a nuestras inquietudes, y que ella las encuentra sin moverse de ese sitio. Y nos reímos…

Aunque me resulta una situacion de lo más novedosa, la verdad es que me da pena despedirnos de estas personas casi recién conocidas; alegres, de mirada brillante y palabras siempre amables. Le digo a Sofronia que si quiere que les escribamos contándoles de vez en cuando nuestras peripecias, y me dice que ¡por favor, sí!…

No soy una persona religiosa, ni creo que lo vaya a ser, pero el tiempo pasado allí ha sido de veras una experiencia distinta y enriquecedora. No tenemos fotos de Sofronia, de Irina, de Adriana….pero sin duda no olvidaremos sus caras alegres de ojillos chispeantes…

Nos vamos de Monastirea Muncel y su fondo de bosques multicolores; entre todas las monjitas agitando las manos y sonriendo aparece una de ellas regalándonos unas manzanas para el camino, y otra con una tortita de pan recién horneado para Noa.

Y todavía, cuando estamos ya fuera, acaldando nuestras cosas en la furgo y listos para coger nuevos rumbos, aparece corriendo Sofronia para regalarnos…¡un CD con música religiosa ortodoxa!, y darme un abrazo y desearnos de nuevo buen viaje…

Experiencias inesperadas en las montañas de Transilvania…

¡Sin duda, existe gente extraordinaria en los rincones más insospechados!.

…Y a ver qué nos sigue deparando Rumanía en autocaravana…

 

 

Morada de personas especiales….¡hasta la vista, amigas!

 

 

Links en este artículo:

Rumanía

Oradea

Muntii Apuseni, Rumania

Transilvania

Maramures y Bucovina

 

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Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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