Por la costa de Bulgaria

Por la costa de Bulgaria

Por la costa de Bulgaria nos lleva Marta Sánchez con su familia y su autocaravana. Aquí está otra vez este road trip fabuloso justo antes de llegar a Turquía.

 

Esto de pasar fronteras prontito nos funciona bien. Madrugamos y enseguida estábamos en Vama Veche, el último pueblo de la costa del Mar Negro rumana, que a simple vista nos pareció el de entorno más agradable de lo que habíamos visto de costa rumana, un pueblito pequeño con pinta chula y nos dio pena no detenernos allí. Todo no se puede…

 

Llegamos a Bulgaria

 

Paso fronterizo bien tranquilo, y en un pis pas estábamos tomando un café en una terraza búlgara y practicando tímidamente el pequeño vocabulario que descargamos de la estupenda página de internet www.bulgariatravel.com.

Por cierto que esto de la comunicación se complicaba un poco, no sólo era un idioma distinto, sino con un alfabeto diferente…menos mal que los carteles más destacados, venían con nombre doble, en su alfabeto y en el nuestro. Buufff!

Nuestra primera parada fue también en un lugar de paisaje, el cabo Kaliakra; bueno, de paisaje y de gran importancia histórica y arqueológica, ya que aquí hay restos de nada menos que el siglo IV aC. Un emplazamiento impresionante para unas ruinas muy evocadoras que incluyen restos de un castillo, tumbas, grupos de viviendas…Tracios, romanos, bizantinos: todos ellos pasaron por aquí y dejaron sus huellas…también es lugar de mitos y leyendas, como tesoros enterrados por Lisimaco, heredero de Alejandro Magno (nosotros no encontramos nada, jeje), y ha sido escenario de numerosas batallas y epopeyas. El conjunto es super chulo, en medio de un entorno de mar y altos acantilados. Por cierto que Kaliakra significa “nariz afilada” en búlgaro, nombre perfectamente acorde con la orografía del lugar.

 

 

Aunque en general no me gusta juzgar las cosas antes de conocerlas, a veces es inevitable. Y es que en ocasiones había oído hablar de Bulgaria y el contraste con otros países vecinos.

Del carácter más “latino” de los rumanos, y turcos, en comparación con el más serio, triste y reservado de los búlgaros. A tan sólo unas horas de entrada en el país, sólo podíamos decir que varias personas nos habían ayudado con su tiempo y dedicación, a pesar de la barrera idiomática, de manera espontánea y totalmente desinteresada, para rematar conociendo a unos encantadores abueletes marchosos. Si está claro…juzgar antes no suele dar el resultado esperado…y puede haber de todo en todas partes…depende de muchos factores.

Y a ver qué nos sigue deparando este país, nosotros seguimos rumbo sur y asomados al mar Negro…

 

Nesebar, miles de años de historia y…¡nuestras historias!

Nesebar… te recordaremos por ser un rinconcito especial en la costa búlgara, con una increíble importancia histórica y alucinantes restos arqueológicos, y también… ¡por nuestras idas y venidas en este lugar, resolviendo nuestros “líos varios”!

Nesebar es tan destacada que ha sido proclamada Patrimonio Mundial por la Unesco. La parte antigua es una pequeña península que se adentra en el mar Negro, ocupando un lugar estratégico entre tres imperios históricos: bizantino, búlgaro y otomano.
Aunque sus orígenes son aún anteriores. La existencia de Nesebar se remonta al siglo VI aC., fundada como colonia griega con el nombre de Mesembria. Pero a su vez, esto se hizo sobre un anterior asentamiento tracio (llamado Menebria), allá por el segundo milenio a.C. Casi nada….

Por cierto que, en relación a su tamaño, alberga unos de los números más elevados de iglesias…¡del mundo!, aunque no todas se conservan. Las que hay son una pasada,y constituyen algunos de los mejores ejemplos de arte búlgaro y bizantino.

 

 

En verano esto tiene que estar animadísimo, y es que incluso cuando estuvimos, días entre semana de noviembre, esto no estaba del todo decaído. Hay unos cuantos restaurantes abiertos, visitantes del pueblo y sus restos arqueológicos, y bastantes tiendas también, que aunque algo aletargadas, permanecen abiertas. Aparte del trasiego local de los pescadores faenando, y las animadas transacciones en el muelle ante las cajas llenas de pescado recién sacado del mar. Y precisamente, casi ahí al ladito, nos quedamos nosotros: en el parking del puerto, tranquilos y con estupendas vistas. Pena que el tiempo se ha nublado, aunque la temperatura es buena, y no nos deja apreciar del todo la gama de azules de este mar….por cierto, ¿por qué se llamará Negro?

 

Parking en Nesebar

 

Pero, aparte de estas actividades más o menos lúdicas, en el capítulo “aspectos prácticos”, la cosa es que dentro de poco llegaremos a Turquía y antes de eso se ve que “tenemos que haber sacado un visado” (despistados nosotros, nos hemos dado cuenta hace no tanto…). Y parece ser que, desde fechas recientes, tal visado sólo es posible obtenerlo y pagarlo por Internet.

Unas cuantas horas dando vueltas, de las que al final nos reímos y todo, y que definitivamente no son más que otras pequeñas vicisitudes y desventurillas leves del viaje, y que nos volvieron a dejar patente que gracias a anónimos desconocidos, nuestras desventuras son menores, y siempre solucionables.

 

Templo iluminado en Nesebar

 

Rumbo Turquía, pero…¡todavía nos quedaba un poquito más de periplo por tierras del sur de Bulgaria!. Vamos que nos vamos….

 

Una de cal, una de arena….hasta la vista, Bulgaria.
Bye bye, Bulgaria!

Pues Bulgaria no es muy grande, pero nosotros la hicimos más pequeña aún, porque nos quedamos poquito, y visto sólo una pequeña parte del país, principalmente la costa del Mar Negro.

Antes de irnos, seguimos bajando por la costa; esta costa del mar Negro nos recordaba en algunos lugares al Cantábrico, paisajísticamente hablando. En cuanto a la preservación del litoral…por desgracia, en algunos lugares nos recordaba al Levante español. No en todos, pero en algunos. El norte, por donde entramos, y la zona del cabo Kaliakra, era muy rural y bastante poco construida. La zona de Nesebar también se salva bastante. Pero luego, en cambio, fuimos viendo tramos con mucha construcción. Parece que esta costa se ha hecho bastante famosa entre algunos viajeros y sobre todo jubilados europeos, principalmente ingleses, (también rusos, nos han comentado), para adquirir una segunda vivienda (mucho más barata que en sus países, claro). Historias que nos suenan…

Y otra vez al sur, más al sur de Sozopol, que será nuestra última parada costera, vuelve el territorio a mostrarse más virgen y preservado. Incluso hay una carreterita costera que ni siquiera tiene salida hacia Turquía, sino que muere allá en los confines de la costa búlgara, que tiene una pinta estupenda, aunque no la seguimos porque…bueno, porque tenemos que ir a Turquía, y para eso cogeremos, muy espabilados nosotros, una carretera que también va a parecer no tener salida….

 

 

Pero, antes de eso, plácida parada y pernocta en Sozopol, que es un estilo Nesebar, pero más pueblo, digamos. También es un lugar destacado a nivel de emplazamiento, y artístico. Conserva menos templos que Nesebar, pero en cambio más casas antiguas de madera que son una pasada. Y está en un sitio muy chulo; dormimos asomados al mar, que ahora se ha alborotado y muestra su cara ventosa y de olas agitadas.

 

Por la costa de Bulgaria

Sozopol Mar Negro

 

Desde Sozopol, teníamos dos alternativas: retroceder un poco y coger la carretera general (no es autovía, pero suponemos que medianamente buena) hasta Malko Tarnovo, último lugar búlgaro antes de la frontera turca.

O bien, seguir hacia el sur directamente, un tramo más por una carretera costera local y después desviarnos al interior por un ramal que acaba conduciendo también a Malko Tarnovo.

En su día, unos holandeses con los que estuvimos charlando y que venían de un recorrido parecido al que estamos haciendo nosotros, nos dieron ideas y recomendaciones varias, y concretamente sobre esa carretera fue la siguiente: “very beautiful, but reeeaaally bad road”…esta frasecilla se la recuerdo a Icar un par de veces, en lo que decidimos y no qué ruta tomar; pero al final, como salimos bastante pronto y…”seguro que será una carretera muy bonita”, y…”bueno, después de las carreteras de las que venimos, seguro que ésta no puede estar tan mal”….pues, cándidos y confiados nosotros, ¡allá vamos!.

Bien….la carrtera en cuestión estaba, no mal…¡lo siguiente!. 55 km traqueteantes en medio de una densa niebla….entre robledales preciosos, sí, pero que…casi ni veíamos….buff, poco la disfrutamos, aunque teníamos la (casi) certeza de que estábamos yendo bien, aquello en algun momento parecía ganarse a pulso el título de Carretera A Ningún Lugar. Poca o ninguna referencia, ningún pueblo ni cartel a la vista, y unos kilómetros que parecían hacerse eternos. Uno albergaba la esperanza de que tras un par de curvas más, en algun momento se abriría un valle, pero…no, la cosa no llegaba.

Avisados estabámos, ehhh, pero….asi de tontucos que somos a veces😣.

Por suerte, Noa, una vez más en una de estas pequeñas liadas, dormía una beatífica y traqueteante siesta y no se contagió de nuestra tensión viajera y nuestras dudas de si viajábamos a alguna parte.

Por fin, al cabo de muchoooo, apareció Malko Tarnovo.

Y yo no sé por qué, tras esas miles de curvas boscisas, me lo imaginaba en su momento como una suerte de idílico lugar en las montañas…Pero oh, sorpresa, después de esas paradas agradables en la Bulgaria rural y costera, ..la estampa de Malko Tarnovo al llegar era más bien desolada…casas destartaladas, edificios cutres, afueras deprimentes….

Pero en las horas que estuvimos en Malko Tarnovo (que hicimos poco más que salir a comprar algo de comida a una tiendita, en medio de la densa niebla aún y una fina lluvia), también me dio por pensar en hasta qué punto los sitios son “como son”, o más bien como nosotros los vemos…Como los vemos según la luz que los acompaña rn el exterior, según la luz que ronda nuestro interior…

Pienso que vivimos más rodeados de belleza que de lo contrario.

Pero…¿cuánto de esta apreciación depende de la visión subjetiva del observador, del vividor de la vida, de “su” vida? …y una densa niebla, un agobio por una carretera que no llega nunca y cientos de baches traqueteantes y, y, y…otras circunstancias, seguro que detalles muchas de ellas, pueden convertir al pobre Malko Tarnovo en el peor lugar del mundo.

En medio de estas reflexiones, no podía sino observar a Noa que, ajena a la niebla, a Malko Tarnovo, a si era Bulgaria o Turquía, estaba tan feliz y contenta -o “cuica”,en sus palabras- en su nuevo destino temporal. Tan fresca como una lechuguita, recién despertada de su siestq. O simplemente, sólo porque para ella el vivir el momento es, sin más, lo único que hay, y le sobra todo lo demás, ¿cuándo perdimos esa fenomenal capacidad?….Esto que han dado en llamar mindfulness y los adultos necesitamos formarnos para (re) aprender.

Así que, con esta pequeña lección de nuestra pequeña gran viajera siempre “cuica”, le damos las buenas noches a Bulgaria, que sin duda ha sido más de castillos de arena que de paredes de cal….y….mañana será otro día…en otro país,

¡Dovizhdane, Bulgaria!…Merhaba, Türkiye…

 

Vino Búlgaro

 

Enlaces en este artículo:

www.bulgariatravel.com

cabo Kaliakra

Nesebar es tan destacada que ha sido proclamada Patrimonio Mundial por la Unesco

¿por qué se llamará Negro?

Sozopol

Malko Tarnovo

 

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Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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