De Cantabria a Turquía – Croacia, entre mar y montañas

De Cantabria a Turquía – Croacia, entre mar y montañas

Marta nos lleva a una nueva etapa por Croacia en su Gran Viaje. Entre mar y montañas.

¡Aquí seguimos, Croacia! Empezamos por una de tus muchísimas islas, y ahora continuamos pegaditos al mar.


En principio, mirando el mapa, la idea era avanzar hacia el sur “saltando de isla en isla”. De Krk a Rab, y de Rab a Pag, y de ahí a “tierra firme”. Pero…tras indagaciones varias: idea desechada, porque los horarios de octubre entre Krk y Rab nos venían fatal. Y de Rab a Pag no había ferry para vehículos, sólo catamarán para pasajeros.

Así que, desandamos lo andado en Krk y volvimos a cruzar el puente para salir de la isla. Y fuimos costeando hacia el sur, nunca mejor dicho porque lo hicimos siguiendo una carretera más pegada a la costa, imposible…el mar, la carretera, y montañas de hasta 1700m que caen a pico al mar. ¡Impresionante! Sinuoso trazado, escarpado paisaje y horizonte de mar, con la isla de Pag y su alargada silueta recortada en el azul marino. Lo que más nos gustó es que no hay hoteles que rompan la línea costera. Sólo casas y , en su caso, multitud de anuncios de “Apartmani”, apartamentos, que muchas veces parecían no ser otra cosa que una habitación libre de una casa particular. Desconozco si en algún momento hay demanda para ocupar todos los apartamentos que parecía haber, pero a nosotros nos parecieron…¡muchos!

Hicimos una parada intermedia en un sitio de los muchos posibles en esta costa de Dalmacia, siempre orientada a la puesta de sol…el lugar se llama Selce y sigue teniendo ese mar transparente, de pedregosas orillas (baños con sandalias salvo que quieras que parezca que bailas samba cuando entras al mar), turquesa y bien fresquito (nos dijeron que porque en esta costa desembocan muchos ríos de montaña, la cosa es que ¡parece que te bañas más en un lago de altura, que en el mar!). Para Noa estaba demasiado fría aunque hacía una temperatura para nosotros casi veraniega…eso sí, ella se empeña y algo siempre se remoja, ¡pues buena es con su querida “aaaaguuaaa”!. Nosotros nos dimos buenos chapuzones…¡maravilloso!

 

 

Nuestro destino estaba un poco más al sur y se llamaba Parque Nacional de Paklenika. Un sitio fantástico, literalmente entre el mar y las montañas. Hay muchos sitios donde las montañas están muy cerca del mar (Cantabria mismamente), pero es que aquí estás con los pies en el agua y en cinco minutos estás caminando, por ejemplo, por el cañón de Velika, una de las entradas al Parque.
Estuvimos tan a gusto que al final nos quedamos tres días. Y es que en pocos sitios puedes estar durmiendo a la orilla del mar casi a la vez que poniéndote la mochila para pasar acto seguido el día en la montaña…¡Paklenika nos ha conquistado!

 

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Por otra parte, nos gustó mucho el ambientillo que hay, en pleno apogeo porque es una época idónea para disfrutar de este pequeño paraíso montañero. Paklenica es, además de perfecto para senderismo, el paraíso para los escaladores. Menudo gusanillo cuando les vimos encaramados en las impresionantes paredes del cañón de Velika…pero no, en este viaje no podemos traer todo y escalar nosotros dos solos con Noa “rondando suelta”por ahí sería más que complicado…¡todo llegará!. Disfrutamos un montón del lugar, nos llegamos hasta el refugio de montaña de Paklenica, que es bien coqueto, y volvimos a dormir en un pis pas a la orilla de ese enorme lago-mar que nos parece el Adriático.

 

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También tuvimos una celebración cumpleañera….nuestra pequeña cumplía DOS añitos (aunque cuando le preguntamos, para ella son siempre “ttéeee”) y qué mejor lugar y circunstancia para celebrarlo que aquí y ahora…seguro que este cumpleaños no lo olvidaremos. ¡Teníamos tanto que celebrar! 2 años…”YA, 2 años (o los que sean) YA”, suele decir mucha gente, “cómo pasan, pasan volando”.

 

 

No sé cómo será en el futuro, pero a mí, hasta ahora, no me han parecido que hayan pasado volando. Seguramente, porque he tenido la suerte (en mi opinión), de vivir plena e intensamente este proceso, con todos los momentos que ha conllevado. Porque no me he perdido nada y tengo casi la rara y preciosa sensación de ver crecer una flor, con muy pequeños detalles cada día, cada varios días, en un proceso que no es lento, ni rápido, es…el proceso de la vida que depende sólo de cómo tú lo vivas y percibas.

Celebramos dos preciosos añitos de mucho vivido y de todo por delante, celebramos que estamos juntos, que compartimos todo tipo de vivencias, que vivimos un sueño muy deseado y que nos gusta, y mucho, nuestro “aquí y ahora”…y que miramos con ojos también soñadores nuestro “por-venir”. Muchas celebraciones en una…¡felicidades, felicidades, FELICIDADES!…¡¡¡Salud!!!.

 

¡Hasta la vista, Adriático!

Sieuimos en Croacia, y sin duda su mar Adriático nos enganchó, con sus aguas frías y transparentes, de varias tonalidades de azul; con sus orillas pedregosas, con sus puestas de sol. Y nos daba pena marchar…Pensábamos subir hacia el norte ya desde Paklenica, pero decidimos alargarlo un poco más. También, porque más y más al sur, siempre a orillas del Adriático, hay muchos lugares que merecen la pena, aunque, al menos esta vez, no vamos a poder conocer: Split, Sibenik, la mítica Dubrovnik…(además de un sinfín de islas a cual más apetecible). Otra vez será…pero no nos fuimos sin “picotear” un poco más por estas orillas. Y la parada fue….un lugar llamado Zadar. Estábamos tan cerquita de esta pequeña ciudad marina con historia y atractivo, que imposible no acercarnos…y allá que nos vamos. Y de paso, seguimos con olor a mar…

 

Puerta de Zara, una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad

 

Zadar es una ciudad con más de 3.000 años de antigüedad, con una mezcla fascinante de culturas reflejadas en sus restos arquitectónicos que combinan foro romano, murallas, ermitas románicas, torres renancentistas…en medio de un ambiente bastante tranquilo y agradable, además de muy pintoresco, en un casco antiguo arremolinado en una alargada península amurallada, que se adentra en las azules aguas del Adriático. No es muy grande, unos 80.000 habitantes, así que entramos muy fácilmente, y nos alegramos, ya lo creo, de haberla visitado.

 

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Para dormir, vimos en el mapa que está en un territorio costero donde predomina la naturaleza, los pueblitos muy pequeños, las islas de nombres sugerentes como las Kornati….no pudimos acercarnos, pero sí pasamos la última noche a orillas de este mar en un rinconcito de una península con vistas a algunas de esas islas, además de, por supuesto, a la puesta de sol que tan mágicamente nos acompañó estos “días adriáticos”.

No creíamos que por estos lares, mucho más amplios y dispersos, hubiera ya ningún problema en pernoctar más o menos donde nos parezca bien…y el dilema era, en cambio, más bien elegir…como muchas veces nos ocurre en estos casos, nos acabamos alargando un poco “buscando el sitio perfecto”: que si “vamos un poco más allá, que si sigue a ver qué se ve ahí”…y terminamos avanzando unos 15km más de lo inicialmente previsto, y llegamos casi a la puntita de la península, a Vir, dándonos cuenta, casi por casualidad, de que no es una península en realidad, sino una pequeña isla, ya que cruzamos un puentito sobre el agua.

 

 

Efectivamente, el lugar era tranquilísimo (seguro que unos kms antes también lo era), y pernoctamos en el propio paseo marítimo, que estaba ya con aire aletargado de post-temporada. Algunos paseantes, algún apartamento ocupado y mucha calma ¡Y una temperatura fantástica!

Pasamos nuestra última tarde-noche y mañana posterior en la costa de Dalmacia, ocupados en quehaceres y actividades sencillas, y a la vez tan satisfactorias….pasear oliendo el mar, cocinar la cena y cenar viendo la puesta de sol, asomarnos por nuestra ventana-escotilla a ver una luna llena resplandeciente antes de ir a dormir, pasar una noche sin más contratiempos (sólo iniciales, ¡menos mal!) que un persistente mosquito, despertarnos otra vez con cielo azul y desayunar cosas ricas, ir en bici a conocer la pequeña isla-península y descubrir, entre otras cosas, un antiguo castillo que se adentra en el mar, buscar cangrejos entre las rocas…y, por supuesto, darnos un último baño en estas frías, maravillosas y azules aguas…

¡Hasta la vista, Adriático! Nos esperan las tierras del interior…¡Estupendos días marinos de muchos buenos ratos a tus orillas! ¡¡Seeeeguimos!!

 

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Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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