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BOLONIA: una grata sorpresa

La ventaja de Bolonia sobre otras ciudades italianas es que puedes disfrutar del arte y de la arquitectura sin el agobio de tanto turista.

En el pasado mes de junio, aprovechando que en 2016 Ryanair comenzó a volar desde Vigo a Bolonia a precios muy asequibles, nos decidimos a conocer la ciudad.

En un principio contratamos sólo el avión y el hotel. Una vez que empiezas a informarte, y más aún cuando estás allí, descubres la cantidad de posibilidades que ofrece Bolonia para desplazarte a otros lugares. Y es que esta ciudad situada en el norte de Italia, en el extremo de la llanura del Po y al pie de los Apeninos, dispone de la Estación de Bolonia Central. Dicha estación se considera el nudo ferroviario más importante de Italia. Bolonia Central compite con Roma Termini por la primera posición con un número de trenes diarios en torno a unos 800.

Es fácil adivinar que aprovechamos tal disponibilidad de destinos para conocer Florencia y Venecia. Pero en este post vamos a centrarnos sólo en contaros lo que conocimos de Bolonia. Sin dejar de apuntar que otra opción interesante y que eligieron conocidos nuestros, según nos contaron en el avión de vuelta, es alquilar un coche y recorrer desde allí la zona de La Toscana.

Y ahora, vamos al grano, centrándonos en la capital de la región de Emilia-Romagna. Realmente en esta ciudad, durante 2016 estuvimos en dos ocasiones. La primera, como os contaba, en el mes de junio como destino del viaje, y la segunda durante el mes de septiembre como escala de 24 horas, de camino a la zona de Puglia, y para donde teníamos el vuelo doméstico al día siguiente.

En lo que respecta al tema alojamiento, en el mes de junio optamos por el hotel Savhotel de 4 estrellas, situado a 20 minutos andando desde la Estación Central y a media hora del centro. Un hotel moderno, limpio y agradable, con un personal muy amable y un desayuno que merece la pena. Si decides desplazarte en taxi, por ejemplo cuando te retiras, por unos 9 euros puedes hacerlo sin problema. Aunque en un principio puede parecer un hotel de negocios por estar a 500 metros del centro de exposiciones Fiera de Bologna, a la que acuden gran cantidad de personas por su continua oferta, su relación calidad-precio es satisfactoria y lo hace agradable para una estancia de turismo.

En el mes de septiembre, para un grupo más numeroso y una estancia más breve, optamos por alojarnos en Funtanir, situado muy céntrico, en Via Riva di Reno. Además de las habitaciones disponemos de un espacio común con cocina, nevera, mesa… Es un lugar nuevo, con estupendas y limpias habitaciones, bien equipadas y con un anfitrión encantador y servicial. La decoración es moderna y resulta curioso el ambiente creado en las instalaciones de un antiguo almacén de fontanería regentado por el abuelo del actual propietario, de ahí el nombre. El establecimiento se ha completado con un bistró, que se ha inaugurado este mismo año 2017.

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En Funtanir

Poco a poco iremos desgranando por qué Bologna se conoce en toda Italia como “la dotta, la grassa e la rosa”. La “dotta”, docta, por su Universidad de la que hablaremos y que la convierte en una ciudad universitaria con mucho ambiente y con mucho Eramus. La “grassa”, gorda, porque la cocina de la Emilia-Romagna es de las más valoradas de Italia, ya hablaremos de los platos que probamos y de cómo se disfrutan. La “rossa” por el color de sus tejados y de sus fachadas, y parece ser que también, tradicionalmente, por la tendencia política de sus habitantes.

Primer día paseando por Bolonia

Un buen lugar para iniciar el recorrido por la ciudad e ir “in crescendo” es la Piazza XX Settembre, con su Porta Galliera.

Tanto en junio como en septiembre antes nos acercamos a contemplar el bullicio y la fachada de la Estación Central. Recordando el atentado que sufrió en agosto de 1980, con una bomba que explotó en una maleta abandonada en la sala de espera y que destrozó gran parte de la estación, el reloj que se encuentra en ese lateral de la fachada se ha mantenido intacto, sin reparar, detenido en las 10.25, hora del atentado. También se dejó un agujero en el muro y se conserva parte del suelo original, con objeto de, junto con una placa conmemorativa, mantener en la memoria  a las 85 víctimas y 200 heridos del atentado, atribuido a la organización terrorista de extrema derecha, Ordine Nuovo. Este atentado conocido como “la matanza de Bolonia” supuso la mayor masacre terrorista sufrida en Italia desde la II Guerra Mundial.

Como os decía comenzamos el paseo en la Piazza XX Settembre, que es un recorrido que os puede servir perfectamente si llegáis en tren o en autobús desde otro punto de Italia. En esta plaza contemplaremos la Porta Galliera del siglo XII, reconstruida en 1948 tras el bombardeo de 1944. A la izquierda de la plaza se encuentra el parque de la Montagnola. A este parque se accede por una bonita escalinata de acceso que acoge también la “Fuente de la ninfa y el caballo”, de finales del siglo XIX construida en mármol de Carrara.

Desde ahí comenzamos a pasear por la Via dell’Indipendenza, cogiéndola desde su final. Es una avenida muy agradable, con sus soportales, sus tiendas, sus cafeterías… La apertura del trazado de esta vía en 1888 se corresponde con una nueva tipología de pórtico destinado principalmente al comercio.

Una vez situados en la Vía de la Independencia es muy fácil llegar hasta la “Finestrella“, la pequeña ventana que nos permite ver parte de uno de los canales con los que cuenta esta ciudad. Para encontrarla fácilmente, y haciendo patria, podemos tomar como referencia la tienda de Zara, y justo después torcer a la izquierda en Via Bertiera, una vez que pasemos el Hotel Paradise, en la Via Piella está la Finestrella.

Los canales caracterizaron a Bolonia ya en el siglo XII contribuyendo decisivamente al desarrollo económico de la ciudad y determinando su urbanismo. El agua era ya en este tiempo una fuente de energía hidraúlica para las fábricas de seda, papel y tintorerías, y un medio de comunicación. Pero en uno de los cambios urbanísticos que sufrió la ciudad quedaron soterrados.

Aún así, desde la Finestrella de la Via Piella, a la altura de su número 18, se puede contemplar un tramo del Canalle delle Molline. Una vez que lo observamos podemos entender por qué Bolonia se llegó a conocer como la piccola Venezia, ya que, a pesar de estar a 100 km del mar, tenía kilómetros de canales que encauzaban las aguas de los ríos Savena y Reno mediante esclusas, alguna diseñada por Leonardo da Vinci. Los canales permanecen bajo Bolonia y a ello se debe la tremenda humedad que se hace notar tanto en invierno como en verano.

Eso sí, la visión que tengamos del canal dependerá mucho de la época en la que visitemos la ciudad y de lo lluviosa que haya sido la estación… Como ejemplo os muestro unas fotos tomadas en el mes de junio, poco antes del comienzo del verano:

… y otra hecha en el mes de septiembre, todas en el pasado año. ¡Qué desilusión cuando quisimos enseñárselo a los amigos que nos acompañaban en esta ocasión!:

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Cuando hablemos de dónde comer platos típicos de la zona… nos acercaremos de nuevo a la Finestrella.

De momento volvemos a salir a la Via dell’Indipendenza para continuar nuestro paseo y seguir abriendo el apetito. Esta avenida que es la principal del centro urbano, se caracteriza, al igual que la mayor parte de las vías de esta ciudad, por sus pórticos. Y es que a pesar de las guerras sufridas, Bolonia mantiene un estilo propio con los colores de los edificios y los kilómetros de soportales, en los que resguardarse del sol y de la lluvia. No existe ninguna ciudad en el mundo con más soportales; si hablamos sólo del centro histórico, serían 40 km., a los que habría que sumarle los de la periferia. A partir de 1288 en Bolonia no se podía construir ningún edificio nuevo sin soportal. Inicialmente se construyen de madera para pasar luego a utilizar otros materiales como el ladrillo.

En esta vía Indipendenza encontraremos el Teatro Arena del Sole, el más grande de Bolonia, de estilo neoclásico, con sus impresionantes columnas y bellas estatuas.

Continuando por la misma vía llegaremos a la Catedral Metropolitana de San Pedro, que a base de remodelaciones y derrumbes ha ido perdiendo los restos de estilo románico-gótico anteriores, y de la estructura original sólo ha quedado el campanario, que se puede ver en el interior; el resto data todo de los siglos XVI y XVII. Su interior es puramente barroco y el exterior de color rojo, a base de ladrillo cubierto de yeso rosa nos recuerda por qué uno de los calificativos que se utilizan para la ciudad es “la rossa”. Resulta curioso que la catedral está a pie de calle, no en una plaza ni en un espacio dedicado a ella.

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Así llegamos dónde nace Via Indipendenza. Si miramos arriba, casi en la esquina con la Via Rizzoli, al lado del café Canton De’Fiori, descubriremos unas inscripciones en latín. Están en 3 bóvedas consecutivas y podríamos interpretar que empujan a vivir alegremente… “panis vita”, “cannabis protectio” y “vinum laetitia”. Es decir, “el pan es vida”, “el cannabis protección” y “el vino alegría”. El cannabis no sólo ha sido legal en Bolonia sino que supuso una fuente de riqueza para la agricultura de la zona. Esta inscripción servía para distinguir aquellas casas en las que se vendía la planta del cáñamo. En nuestro caso las fotos se refieren a la bóveda que corresponde a la Casa Stagni, donde se distribuía esta droga.

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Y de aquí a la Piazza del Nettuno, adyacente a la Piazza Maggiore, desde donde podremos elegir entre dos caminos: a la izquierda “las 2 torres”, el símbolo de Bologna, y de frente la Piazza Maggiore.

En nuestro caso sufrimos cierta desilusión porque la Fuente del Neptuno estaba cubierta por trabajos de restauración tanto en junio como en septiembre. Según he sabido luego , los trabajos se iniciaron precisamente en junio de 2016… ya fue puntería. Estaba previsto que finalizaran en octubre de 2016, pero se alargan hasta el verano de este año. Por cierto, en relación con esto, os contaré que he descubierto una web llamada “Un viaje sin andamios” que me ha parecido interesantísima. Su objetivo es mantener un listado actualizado de aquellos monumentos en restauración, planes de rehabilitación o proyectos finalizados.

Al no poder ver a Nettuno, optamos por dejarnos sorprender por la Piazza Maggiore, de la que arrancan varias calles porticadas y en la que convergen las principales vías de la ciudad. Bolonia tiene un casco histórico de gran extensión, en contraste con la mayoría de las ciudades medievales, lo que es indicativo de la relevancia que tuvo en la Alta Edad Media. No obstante, la mayoría de los monumentos se concentran en torno a la Piazza Maggiore y a las dos Torres.

Al entrar en la Plaza Mayor se puede palpar la lucha entre lo laico y lo religioso en las ciudades italianas durante la época medieval, personalizada en la tensión entre güelfos (partidarios del Papa) y gibelinos (partidarios del emperador). Este enfrentamiento se refleja en las plazas, donde conviven los palacios de los gobernantes con grandes catedrales y templos.

Según entramos desde Via dell’Indipendenza nos encontramos a nuestra izquierda el Palazzo di Re Enzo, del siglo XIII, asomándose en la Piazza de Nettuno, en la parte en la que la Piazza Maggiore toma forma de L. Al entrar de lleno en la plaza nos encontramos de frente la iglesia de San Petronio, exponente del gótico italiano. Está inacabada por decisión del Papa Pío IV que para impedir que superara en tamaño a la Basílica de San Pedro en el Vaticano, y aprovechando la lentitud de las obras, mandó construir la nueva sede de la universidad: el edificio del Archiginnasio. Aún así es la tercera iglesia de Italia, superada sólo por los duomos de Florencia y Milán, la sexta iglesia más grande de Europa, y cuenta con la meridiana cubierta, alrededor de 70 metros, que es la más larga del mundo y fue construida por Giandomenico Cassini en el año 1655. Cuando el sol está en lo más alto, en el período que va desde noviembre a marzo, se cuela por el pequeño agujero del techo y traza una línea que fija en el suelo la fecha exacta. En los planes iniciales de Antonio di Vicenzo (1390) tendría que haber contado con otra nave a cada lado, y no tiene planta de cruz latina como estaba proyectada sino planta basilical.

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Enfrente, está el Palazzo del Podestá, el alcalde de la villa, que junto con sus jueces y oficiales ejercían su poder durante la Edad Media. En este palacio encontramos la Torre dell’Arengo bajo la cual está el arco de los susurros. Si nos situamos debajo de la estatua de San Domenico y otra persona bajo la de San Petronio y hablamos de cara a la pared bajo uno de ellos, nuestro compañero nos escuchara perfectamente desde otro el lado, gracias al techo abovedado que transmite el sonido sin problema. Parece ser que era la forma utilizada para que los leprosos susurraran sus pecados sin contagiar a sus confesores.

Otro de los edificios que encontramos en la Plaza Mayor es el Palazzo Communale o Palazzo d’Accursio, un edificio bastante grande, de planta cuadrangular formado por sucesivas edificaciones añadidas a partir de la estructura porticada con torreón y los muros almenados traseros. En la fachada principal encontramos un precioso portal de piedra arenisca realizado por Galeazzo Alessi en 1550 que incluye una estatua de bronce del Papa Gregorio XIII, y en uno de sus lados una Virgen de terracota tallada por Niccoló dell’Arca en el año 1478.

Y una vez contemplada la plaza en su totalidad, nos encaminamos a la izquierda de San Petronio por la via dell’Archiginnasio, sede de la Universidad en época del poder Papal. Hoy en día es la Bibloteca Cívica, y aloja también el Museo Cívico Archeologico y el Teatro Anatómico, reconstruido tras su bombardeo en la II Guerra Mundial,  en el que los profesores universitarios diseccionaban durante las clases de anatomía. Este edificio alberga el mayor conjunto heráldico del mundo, rondando los 7000 escudos nobiliarios pintados en honor a sus aristocráticos estudiantes. Más de 20 de estos escudos pertenecen a estudiantes de origen español.

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Y después de comer unas porciones de pizza para no perder tiempo nos dirigimos, a las 2 Torres… Bolonia conserva 22 torres gentilicias de la Edad Media, repartidas en palacios, iglesias, tramos de pórticos y edificios civiles. Eran instrumento de defensa y símbolo de estatus. Lo que no conserva Bolonia es la muralla que la rodeó, pero sí las doce puertas a lo largo del perímetro medieval.

Las 2 torres” que se han convertido en el símbolo de la ciudad, son: la torre Garisenda y la torre degli Asinelli, ambas inclinadas y construidas en el siglo XII. Se encuentran en la Piazza Ravegnana. Sólo se puede subir a la torre Asinelli, la más alta de las dos, que se elevó de 60 metros a 97 metros cuando pasó a ser propiedad municipal a finales del siglo XIII; la torre Garisenda fue recortada en el siglo XIV por la inclinación que estaba tomando, quedándose en 47 metros. El objetivo de dar más altura a la torre Asinelli fue cumplir con su nueva finalidad, no defensiva, como punto de observación para las señales luminosas que llegaban del condado. Observaréis que es difícil encontrar fotos de ellas sin que aparezcan cables por cualquier sitio, se debe al tendido eléctrico diseñado por Marconi y al tendido del tranvía, y sucede por casi todo el casco urbano.

A la torre Asinelli se puede subir pagando 3 euros, pero mentalizados de que son 498 peldaños. Cuando le preguntamos a la conserje de la entrada, una de las compañeras de viaje exclamó: “¡Miña nai!”, a lo que la italiana respondió: “ma que cosa è miña nai” y nuestra amiga le tradujo: “¡Mamma mia!”… las risas fueron generalizadas. Os aseguro que el esfuerzo merece la pena por las vistas que disfrutas.

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Después de enfrentarnos a casi 1000 escalones entre subida y bajada, decidimos hacer “el guiri” optando por subirnos al bus turístico y dejarnos llevar, para ir recuperándonos. Os diré que merece la pena pues accedes a lugares más alejados del centro contemplando unas vistas impresionantes de Bolonia y escuchando la historia de la ciudad.

Y después de la tournée nos dirigimos a la Strada Maggiore, la calle principal en la época del esplendor medieval,  para contemplar la casa Isolani, ejemplo de edificio civil del siglo XIII, con unas tremendas vigas de madera que soportan un pórtico de 9 metros. Hoy en día acoge el centro “Corte Isolani” en el que encontramos diversos restaurantes y tiendas.

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Haremos ahora un inciso para hablar de gastronomía… que vamos teniendo apetito. Esa noche optamos por cenar en una trattoria, así que volvimos al lado de la Finestrella porque la Trattoria dal Biassanot a la que habíamos echado el ojo por la mañana nos tenía muy buena pinta… y no nos defraudó. De hecho cenamos varios días en ella, y repetimos cuando volvimos en septiembre. Disfrutamos de los antipasti, de las pastas entre las que destacaría los tagliatelle al ragú, que me encantaron y los comí más de un día, o la lasagne verdi al forno, e incluso  la cotoletta alla bolognesa… todos ellos con una buena relación calidad-precio, y también ricas las ensaladas con el queso llamado burrata.

Por cierto, no se os ocurra pedir espaguetis a la boloñesa, es una “turistada”, la salsa que aquí conocemos como boloñesa allí debemos pedirla como ragú y no se prepara con spaghetti sino con tagliatelle. Si lo que buscamos es comida tradicional y auténtica de la zona, desconfiad de aquellos restaurantes que os ofrezcan spaghetti bolognesa, ya que estarán orientados sólo al turismo.

También merece la pena conocer los restaurantes que se encuentran en Corte Isolani, en uno de ellos probamos la Piadina, típica también de la Emilia-Romagna y que es una torta de pan, muy fina, a base de harina de trigo que combina bien tanto con quesos, como embutidos y muchos otros productos . Y no dejéis de probar alguna tabla con mortadela bolognesa, y embutidos y quesos típicos de Bolonia por el Cuadrilátero, luego hablaremos de esta zona. Las cervezas como acompañamiento también están ricas, entre ellas la Birra Ronzani y la Moretti, y para probar vino de la región elegimos la denominación de origen Sangiovese Superiore, que para tener el apellido de Superiore debe proceder de uvas cultivadas en un área más restringida y tener un mínimo de 12º.

Por cierto, si queréis tomar una copa agradable como remate a la jornada, os recomiendo Cabala Cafe, a dos pasos de las 2 Torres… con una gran variedad de gin tonics riquísimos. Ah! Y por último hablando de comidas tampoco quiero olvidarme de aconsejaros que si queréis traer pasta para casa, os paséis por Paolo Atti & Figli, os lo recomiendo por el continente y por el contenido. El local es digno de ver y toda la pasta que trajimos nos encantó…

Segundo día paseando por Bolonia 

El segundo día que dedicamos a Bolonia optamos por recorrer a primera hora con tranquilidad los soportales de la strada Maggiore, la calle principal de la época dorada medieval, con un estilo más tosco e irregular. En ella encontramos el pórtico más ancho, el de la basílica gótica de Santa Maria dei Servi, que se empezó a construir a mediados del siglo XIV y se concluyó a principios del siglo XVI. Su pórtico se extiende delante de la fachada y se prolonga a lo largo del muro lateral a la calle.

Enfrente se levanta el Palazzo Bargellini, del siglo XVII, una de las pocas mansiones señoriales construidas “a la romana”, sin pórtico y con dos grandes atlantes que flanquean la entrada. Es un paseo agradable bajo estos pórticos contemplar las primeras horas de actividad de la ciudad, el bullicio de los universitarios…

Y de ahí nos fuimos a visitar Santo Stefano, con su plaza irregular, a la que asoman cuatro de las siete iglesias románicas que tuvo en su día el conjunto del mismo nombre, le Sette Chiese, levantadas sobre los cimientos de un antiguo templo dedicado a Isis. La primera que encontramos según entramos es la de Santi Vitale e Agrícola del siglo VIII, que da acceso a la del Santo Sepolcro, con forma poligonal, del siglo XII. La Iglesia del Crocifisso, del siglo XI es la tercera que nos topamos, y después llegamos al Cortile di Pilato, siglo XII, en el que destaca una pila del siglo VIII. En el extremo opuesto del patio encontramos la Iglesia della Trinitá del siglo XIII, que conserva una Adoración de los Magos, del siglo XIV compuesta por seis figuras de madera policromada. Finalmente atravesamos otro claustro porticado, del siglo XI-XII, para llegar al museo. Se ha conocido también como la “Sancta Jerusalén Bononiensis”. La entrada a todo el complejo es gratuita.

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Al salir de esta visita recorrimos la calle Santo Stefano que alberga una secuencia de pórticos de finales del Medievo y del Renacimiento, y en esta calle encontraremos una villa curiosa, en la que su propietario, de una de las familias más ricas de la ciudad, mandó esculpir en su fachada los rostros de todos sus miembros. Si os fijáis encontraremos el rostro de Satanás… lo que no sabe aclarar la leyenda es si el escultor lo hizo en venganza para indicar que el mal habitaba esa casa o quería representar a alguno de los componentes de la familia. Hiló muy fino… está claro.

Desde aquí nos dirigimos a Il Quadrilatero, la zona más antigua del centro histórico, el lugar donde los etruscos empezaron a construir la ciudad. A día de hoy sus calles conservan la posterior estructura romana, su cuadrícula, con sus calles cruzándose. Durante la Edad Media fue el núcleo ciudadano en el que se instalaron las primeras escuelas de la Universidad, los primeros bancos europeos y muchos talleres de artistas que dejaron huella en la ciudad. Muchas calles conservan nombres de los antiguos gremios. Conviven tiendas antiguas y artesanas llenas de sabor con comercios de firmas exclusivas. Engloba el cuadrante que forman las 2 torres, la plaza Mayor y la parte más occidental del barrio universitario. Es una zona de mercado y bares de tapeo, el lugar ideal para sentarse a tomar un aperitivo bajo las bóvedas de los pórticos, y hablamos por experiencia…

En Italia se habla de una doble personalidad en esta ciudad: fina y chabacana, docta y obrera… y esa idea puede entenderse en cierta forma cuando te adentras en el sur de San Petronio, empiezas a recorrer vias como Farini y d’Azeglio y descubres las tiendas de lujo que acogen y sus escaparates

Por último para acabar nuestro recorrido por esta ciudad, que tanto nos sorprendió, nos dirigimos a última hora de la tarde a la calle Zamboni. Esta vía acoge el vibrante barrio universitario. Alberga arquitecturas porticadas que antiguamente eran mansiones nobiliarias o estructuras religiosas y que hoy en día son universidades e instituciones públicas. Es un barrio lleno de vida, con estudiantes de distintas nacionalidades recorriendo sus calles y locales. Y a la hora que nosotros lo visitamos, se dedicaban a disfrutar del “aperitivo”, costumbre gastronómica que en Bolonia consiste en una cena temprana, hacia las 7 de la tarde, con la peculiaridad de que sólo se abona la bebida.  A esta hora las consumiciones son un poco más caras que el resto del día pero a cambio se degustan ensaladas, pizzas, pastas, carnes, fiambres…

Y hasta aquí nuestras andanzas por Bolonia, espero que os haya resultado ameno y que si decidís ir por allí os resulte útil lo que os hemos contado.

Arrivederci Bologna!

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