Hace unas semanas en compañía de unas amigas riojanas nos acercamos a descubrir una localidad riojana que tiene mucho que ver: San Vicente de la Sonsierra. Este pueblo está ubicado en la Rioja Alta, en la comarca de Haro y a los pies de la Sierra de Toloño que separa esta zona riojana de Álava. De hecho su nombre, Sonsierra, significa literalmente a los pies de la sierra.

Es un lugar que merece la pena conocer así que allí estábamos nosotros, aparcando en un caluroso día de verano cerca de la Plaza Mayor. Una plaza, por cierto, con mucha vida y dónde se ubica el ayuntamiento en cuya fachada se lee la inscripción “villa divisera”. Ello se debe a que se le otorgó este título por haberse regido durante un tiempo por unas reglas particulares.

 

Primero callejeamos y descubrimos al lado de la Plaza Mayor una pequeña ermita dedicada a San Roque, con su coqueto campanario. Se trata de una construcción barroca de comienzos del siglo XVII. Se construyó en el solar en el que anteriormente hubo una ermita románica dedicada a San Sebastián y San Roque.

 

En nuestro agradable paseo por el bello centro histórico de San Vicente de la Sonsierra contemplamos también numerosas casas señoriales del siglo XVIII.

 

Pero nuestra intención era conocer su recinto amurallado construido por los navarros para crear una línea defensiva del reino. Como buen lugar defensivo se encuentra en lo alto de un cerro con una vistas espectaculares sobre todo el pueblo y el río Ebro.

¡Así que nos pusimos manos a la obra y comenzamos a subir hasta llegar al exterior de la muralla!

 

La verdad es que el conjunto defensivo cuenta con diversos puntos de interés: la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, la ermita de San Juan y el castillo, con su Torre Mayor y su Torre del Reloj.

La iglesia de Santa María la Mayor fue edificada en el antiguo patio de armas del castillo, ya que al cesar los hostilidades entre los reinos de Navarra y Castilla la fortaleza perdió utilidad. Por ello el gran espacio disponible fue aprovechado para construir allí el templo, que cuenta con una sola nave realizada en estilo gótico tardío.

Está mejor conservada que la fortaleza ya que al usarse como templo parroquial no fue objeto de rapiña como le sucedió al recinto amurallado, cuyas piedras al comenzar a desmoronarse fueron sustraídas del recinto para ser utilizadas en otras construcciones.

 

 

La Torre Mayor es una torre exenta construida como atalaya y lugar de refugio para una pequeña guarnición cuando se realizaban labores de vigilancia. En su interior hay instalada una escalera metálica helicoidal que permite acceder a lo más alto.

 

 

La verdad es que subir a la Torre Mayor merece la pena, la vista desde lo alto impacta. Hay que pensar que el conjunto fortificado ya de por sí está ubicado en lo alto de un cerro y si a esto le sumamos la altura de la torre, podéis imaginar la amplitud de las vistas. No dejéis de dar un paseo por el adarve.

 

En el recinto amurallado también podemos contemplar la Torre del Reloj, que inicialmente no estaba pegada a la muralla sino que se accedía a ella por una pasarela levadiza. Su nombre proviene de que el Ayuntamiento eligió esta torre en el siglo XVIII para instalar el reloj mecánico que regulaba la vida cotidiana del municipio. Esta elección se basó en que al estar en un alto las campanas se oían desde cualquier rincón del pueblo.

La torre consta de 4 plantas, encontrándose en el nivel más alto el mecanismo del reloj. En estos momento no son posibles las visitas al interior de esta torre.

 

Otra construcción singular que vamos a encontrar dentro de las murallas es la pequeña y sencilla ermita de San Juan de Arriba construida en estilo gótico primitivo. Desde mediados del siglo pasado es la sede de la Cofradía de la Vera-Cruz de los disciplinantes. Un disciplinante realiza penitencia flagelándose en la espalda. Esta práctica religiosa está en desuso, de hecho es la única localidad  de España donde siguen disciplinándose los devotos. Si tenéis interés en ver a los “penitentes” o “picaos” debéis acudir a San Vicente de la Sonsierra en Semana Santa o en sus fiestas de mayo y septiembre.

 

Y por si algo le falta a nuestro recorrido, nos sorprendimos con una panorámica preciosa e impresionante: un Puente Medieval que cruza el río Ebro y a su lado uno moderno, que realmente dibujan una estampa pintoresca.

El Puente Medieval ha tenido que ser reconstruido en varias ocasiones. En su diseño original contaba con trece arcos y dos torres defensivas, pero en el siglo XVI sufre una primera reconstrucción que lo deja con un arco menos y lo despoja de una torre. Posteriormente en el siglo XVIII se desplomaron dos arcos y tuvo que rehacerse de nuevo.

 

Ya hace años que se suspendió el tráfico pesado sobre él. Ahora San Vicente y Briones están comunicados por un nuevo puente, inaugurado en 1997.

 

Como veis este precioso pueblo de la Rioja Alta es un lugar muy recomendable para realizar una visita por su patrimonio monumental.

¡Volveremos a La Rioja porque siempre nos sorprende y enamora! ¡Y os lo contaremos!

 

Nota de las autoras: “No hemos recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo. No tenemos conexión material con las marcas, productos o servicios que hemos mencionado y nuestra opinión es independiente”.

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