Es frecuente que cuando alguien oye mencionar Marín piense inmediatamente en la Escuela Naval Militar. Incluso los que hemos conocido la ciudad de Pontevedra desde pequeños guardamos en nuestra mente la imagen de los guardiamarinas paseando por sus calles. Es innegable que Marín no sería lo que es a día de hoy sin su Escuela Naval por el impacto económico, social y cultural, que se traduce en su desarrollo comercial, hostelero e inmobilario. El Viajero Accidental quiere mostrarle a nuestros lectores que Marín es mucho más y por eso hoy nos vamos hasta allí. 

Marín se encuentra ubicada en la orilla sur de la ría de Pontevedra. Pertenece a la “comarca do Morrazo” que está integrada por los municipios de Bueu, Cangas, Moaña y Marín. Dista unos 7 km de la capital de la provincia, lo que no ha impedido que al ser su casco urbano uno de los más grandes de Galicia se haya unido ya al núcleo de Pontevedra.

El ayuntamiento, además de su casco urbano, cuenta con 7 parroquias rurales que son Ardán, Campo, Cantodarea, Mogor, San Tomé de Piñeiro, San Xián y Seixo, todas ellas con marcado carácter identitario. Y además Marín pertenece a la mancomunidad turística Terras de Pontevedra.

Durante siglos fue un pueblo marinero con sus hábitos, costumbres y tradiciones girando alrededor de su fuente de vida. Ya a finales del siglo XIX contaba con una significativa flota pesquera y numerosas fábricas de conservas que sustituyeron a las antiguas y tradicionales factorías de salazón. Además, comienzan a hacer escala en el puerto muchas navieras, españolas y europeas, para llevar a los emigrantes gallegos a tierras americanas. Se establecen líneas marítimas regulares con destino a lugares como Montevideo y Buenos Aires.

 

En la primera mitad del siglo XX se decide el futuro del litoral urbano de Marín. Se proyecta un muelle comercial, entre punta Gamela y la desembocadura del río Lameiriña, y un muelle pesquero en Estribela. Se diseñan los accesos por carretera así como la puesta en marcha de una línea de ferrocarril entre la estación de Pontevedra y el puerto de Marín. Y se ceden a la Marina los terrenos para sus instalaciones.

Marín pasa entonces a tener un puerto comercial, un puerto pesquero y un puerto militar que la han llevado a ser lo que es. Eso sí con un gran coste… el peaje a pagar por el desarrollo económico de la ciudad fue la realización de un gran relleno, que se extiende desde Estribela, parroquia de Pontevedra limítrofe con Marín, hasta la Escuela Naval, en el centro del pueblo. Con ello se priva a los vecinos de ver el mar cuando pasean por la localidad.

 

Hablábamos al comienzo de la Escuela Naval Militar y si empezamos a caminar por Marín y pasamos por su plaza de España será una de las primeras cosas que conoceremos. En dicha plaza se encuentra su entrada más conocida y emblemática, la Puerta de Carlos I. La Escuela Naval Militar se encuentra en Marín desde 1943, año en que se traslada desde Cádiz, por las condiciones óptimas con las que cuenta la ría de Pontevedra para las prácticas de la navegación.

Sin demorarnos más vamos a empezar nuestro recorrido por el CASCO ANTIGUO DE MARÍN, de origen medieval.

El corazón del casco viejo es la Plaza del Reloj o Praza do Reloxo, cuyo nombre le viene dado por el reloj de la torre del Templo Vello. Su base es la iglesia de Santa María do Porto, construida en el siglo XVII. Popularmente comienza a conocerse como la iglesia de Nuestra Señora de Oseira por estar bajo la tutela de ese monasterio orensano. En 1925 se levanta la Torre del Reloj, realizada en cantería. Su planta cuadrada se remata con una terraza en la que se apoya una estructura de hierro para la campana. A mediados del siglo pasado se construyó “O Templo Novo”.

 

En la plaza del Reloj también encontramos casas de pescadores. Destaca una casa señorial, la Casa das Irmás Fontenla, y hay casas pertenecientes a los corsarios al servicio del rey. De uno de estos corsarios, Juan Gago de Mendoza, hablaremos cuando lleguemos a Aguete porque allí vivió y murió.

Muy cerca de aquí nos encontramos con la plaza de la Veiguiña, una de las más antiguas de Marín. En sus aledaños encontramos muchas casas marineras. La plaza se ha convertido de un tiempo a esta parte en un lugar de encuentro para los marinenses. Un alemán, Olaf, montó en una de las casas viejas un local con cocina alemana y en su terraza la gente de Marín charla animadamente y le da vida al barrio.

Uno de los lugares preferidos para el paseo por lugareños y visitantes es la Alameda “Rosalía de Castro”, dónde encontramos el Palco de la Música y donde comienza el paseo que llega hasta la parroquia de Placeres en Pontevedra. Los marinenses se quejan de que por un lado sólo ven naves y talleres asentados encima del cemento ganado al mar y por el otro carretera y polución. Una de las vistas que se pierden los paseantes son las de la isla de Tambo, situada en medio de la ría de Pontevedra entre Marín y Poio.

Otra alternativa para el paseo es el Parque o Granja de Briz con su Parque de los Sentidos y sus esculturas de animales y personajes realizadas en madera, en su mayoría obra del escultor Marcos Mariño. Tiene una superficie de nada más y nada menos que 23.000 metros cuadrados. El nombre le viene de que en la finca original, que incluía una casas labriega, veraneaba la familia Briz Saraiva y en sus fiestas reunía a la flor y nata de la sociedad marinense. En 1.999 el Concello de Marín se hizo con la propiedad y la convirtió en un parque de los sentidos, en el que podemos interactuar con el entorno. 

Pero si de algo puede presumir Marín es de tener en su territorio unas PLAYAS paradisiacas en la ría de Pontevedra, que cuentan en su mayoría con el distintivo de bandera azul. Una vez que conoces sus playas ya no las olvidas, por su arena finísima y un color en el mar que nada tiene que envidar a otras playas más renombradas. Además están unidas por una senda peatonal, dotada de carril bici, de dificultad baja lo que permite disfrutar de este paseo incluso a personas de movilidad reducida. Desde esta senda vas contemplando el mar y disfrutas de vistas como éstas…

La ruta de las playas está reconocida como sendero azul. Comienza en la playa de Portocelo, continuando por las playas de Mogor, Aguete, Loira y terminando en la playa de Santo do Mar-A Coviña.

De todas las playas merece especial mención la de Mogor porque en esta zona se encuentran unos petroglifos llamados Los labirintos de MogorLos petroglifos consisten en grabados en la superficie de las rocas. Fueron realizados en el Neolítico mediante la técnica de desgastar la capa superficial de las rocas. Muchos son los historiadores que ven en estos símbolos un afán de comunicación, unos símbolos previos a los usados en la escritura.

En Galicia existen muchas muestras significativas de este arte pero los de Mogor son de los más analizados de todo el territorio gallego. Cuando llegamos a la zona nos vamos a encontrar con unas pasarelas de madera que nos permiten contemplar tres enclaves rocosos llamados : Pedra dos Campiños, Pedra dos Mouros y Pedra do Labirinto. Tienen grabados combinaciones de círculos, en ocasiones con cazoletas en el medio, y con líneas curvas que los unen. Al lado está el Centro Arqueolóxico dos Petroglifos, que nos ayuda en nuestra visita y que además dispone en su exterior de un panel con código QR para descargar una guía por si cuando nos acerquemos hasta allí se encuentra cerrado.

En lo que se refiere a la playa de Mogor en sí cabe decir que es algo más grande que Portocelo. En cuanto a distancia es la segunda más cercana al casco urbano de Marín. Siempre se ha caracterizado por ser una playa a la que acude la “chavalada”, suele estar llena de pandillas de jóvenes.

 

Otro punto de interés en esta senda peatonal que recorre las playas se encuentra en el puerto de Aguete, donde está el pazo de Chirleu. Fue construido en el S. XIX por el corsario Juan Gago de Mendoza, quien disponía de patente de corso otorgada por el rey Carlos IV para proteger la ría de Pontevedra, el sur de Galicia y el norte de Portugal ya que estábamos en guerra con Gran Bretaña. La patente de corso, concedida por los reyes, consistía en una autorización para atacar barcos enemigos.

El corsario Juan Gago no solo protegió a la península del Morrazo de los ingleses sino que durante la Guerra de la Independencia contra los franceses liberó a Marín de Napoleón. El pazo de Chirleu contaba con foso, muralla y muelle propio pero con el tiempo pasó a ser una fábrica de salazón, un astillero y ahora es la sede del Club del Mar, sin embargo la vivienda principal se encuentra intacta.

En Aguete también encontramos el pazo de San Brais de Aguete una de las residencias de la familia Gago de Menzona. La capilla barroca del pazo, dedicada a San Brais (Blas en castellano), se construyó en la primera mitad del XVIII. Es de propiedad privada pero se abre cada 3 de febrero para acoger una romería popular. Ese día acuden cientos de personas para que el santo las proteja de las enfermedades de la garganta. Allí es tradición bendecir los panes, recibir “croques” en la cabeza con la imagen del santo, pasar el pañuelo por el santo…

Ya que estamos en Aguete es interesante reservar tiempo para contemplar “O Con de Chirleu”, una roca próxima al muelle que está recibiendo constantemente la fuerza de la olas. Es costumbre sentarse en el malecón que rodea el muelle para charlar con la gente, o simplemente para desconectar. El anochecer contemplado desde aquí no se te va a olvidar.

Y en Aguete también nos encontramos con otro lugar sin el cual no se entiende una visita a esta zona. Ya sabéis que en El Viajero Accidental nos gusta disfrutar de la gastronomía de los lugares que visitamos y en Aguete está “El  Poty”. En “o rincón de Poty” podemos comer disfrutando de unas vistas inmejorables. El pasado verano recomendamos comer allí a nuestros amigos del blog Pasaporte a Wonderland, que estaban conociendo la zona, y en su whatsapp nos hicieron saber que estaban “depotimadre”.

La  playa de Aguete en realidad son tres playas separadas por rocas, una más grande y dos más pequeñas. La más grande es la que se encuentra más cerca del muelle de Chirleu. Tiene acceso desde la explanada del Naútico y desde el “rincón de Poty”. Las tres playas disponen de acceso directo.

Vista de Aguete

Si sois festeiros debéis saber que en el muelle de Aguete se celebra todos los veranos una importante fiesta gastronómica. Se trata de A Festa da Caballa, organizada por la asociación de pescadores “Chirleu” y el concello. Los pescadores se encargan de pescar la caballa y los jureles y asarlos en grandes parrillas para compartirlos gratuitamente con vecinos y turistas. Es una fiesta arraigada porque el mar ha sido tradicionalmente la fuente de riqueza de lugares como Aguete. Esta fiesta tiene como objetivo fomentar el consumo del pescado azul.

 

Otro gran atractivo de Marín son sus RUTAS DE SENDERISMO.

Destaca la ruta circular de los cinco miradores. Se trata de una ruta de unos diez kilómetros que va recorriendo distintas parroquias. El recorrido va atravesando zonas de playas y monte. El sendero cuenta con subidas que suponen un esfuerzo asumible para todo tipo de participantes. Se inicia en el mirador que está al final de la playa de Portocelo. A continuación por la ruta de las playas llegas al mirador do Barrio de Mogor, se sigue ascendiendo por la urbanización Pérez Crespo y al llegar a lo alto encontramos un tercer mirador sobre la ría de Pontevedra, el mirador del monte de Mogor. Es el momento de dirigirnos hacia el Castro de Subidá y el monte Penizas, donde nos encontraremos con dos miradores más que nos muestran unas vistas espectaculares de la ría: el mirador do Cruceiro do Vento y el mirador de Moreira ¡Ya solo queda el descenso hacia el casco urbano!

Si queréis ver el recorrido completo podéis bajaros la ruta de los 5 miradores desde la web de Wikiloc para que os guíe durante el recorrido.

Mirador do Barrio en la urbanización Pérez Crespo de Mogor

Mirador do Barrio en la urbanización Pérez Crespo de Mogor de Marín y vista de la ría de Pontevedra

Recientemente se ha inaugurado un tercer sendero, se trata de la Ruta del Monte Penizas. Tiene una longitud de 6,5  kilómetros, de recorrido lineal por lo que hay que contar con el camino vuelta. Se encuentra bien señalizada. Es una ruta preciosa de dificultad media pero conviene saber que para alcanzar la cumbre del monte debemos afrontar una pendiente muy pronunciada. Se inicia en el lavadero del río Lameira. Pasa cerca del Castro de A Subidá, continúa hasta la cima del monte y termina en la bella iglesia de Santo Tomé de Piñeiro.

Hemos mencionado en varias ocasiones el Castro de A Subidá, se trata de un asentamiento castrense de más 3 Ha. de superficie y con doble muralla. Es un castro bastante romanizado, que ha sido excavado varias veces y del que actualmente se pueden contemplar varias viviendas. Siempre y cuando no te suceda como a El Viajero Accidental… que nos lo encontramos en obras. En el mes de junio de 2020 comenzaron los trabajos de restauración y musealización del castro, por lo cual está cerrado. Además según nos contó un vecino recientemente ha habido un desprendimiento de tierras en la zona.

Esperamos que no tarde mucho en abrirse. En cuanto eso suceda y se levanten las restricciones que sufrimos en este momento por la pandemia, iremos a recorrerlo y os lo mostraremos aquí ¡No lo dudéis!

Y si queréis más opciones de paseos al aire libre en el entorno natural de Marín, podéis acercaros al parque de Cotorredondo. Está situado a mas de quinientos metros sobre el nivel del mar. Una vez allí merece la pena visitar el lago Castiñeiras que pertenece a Marín y al ayuntamiento colindante de Vilaboa. Este lugar es ideal para pasar el día.

Pero Marín aún tiene mucho más que ofrecer como destino turístico, porque tiene mucho PATRIMONIO CULTURAL. Son de destacar dos joyas patrimoniales del municipio: las iglesias de Santo María do Campo y Santo Tomé de Piñeiro, ambas son de finales del siglo XII-comienzos del siglo XIII.

Santa María do Campo es de estilo románico tardío. Esta iglesia mantiene en esencia su trazado románico original pero lo que hoy contemplamos es el resultado de las reformas que ha ido sufriendo a lo largo de los siglos.

En su portada, en la entrada al templo, tiene dos arcos de medio punto simples superpuestos y la fachada está coronada por una espadaña, un campanario de una sola pared con el hueco para las campanas.

 

Como curiosidad en su exterior fijáos en los canzorros, en castellano canecillos o canes, que son la parte de la viga que asoma al exterior y soporta la cornisa. Su originalidad consiste en que tienen talladas figuras de animales y figuras humanas que se distribuyen a lo largo de todo el alero. Llama la atención también el Agnus Dei, el Cordero de Dios, que podéis contemplar en la parte trasera del tejado.

 

La iglesia de Santomé de Piñeiro, o Santo Tomé de Piñeiro formó parte de un antiguo monasterio perteneciente a la Orden de Malta. Realmente esta iglesia de trazado románico se construyó sobre los pilares de la antigua iglesia del convento.

Su planta es rectangular y posee una sola nave. Su elemento mas distintivo es el ábside pentagonal en el que destacan 4 columnas bastante gruesas cuyos capiteles están decorados con figuras geométricas. En los espacios centrales que forman estas columnas hay huecos con arcos de medio punto en los que se abren aspilleras.

Desde el atrio de la iglesia se contemplan unas maravillosas vistas. Sin duda merecen ser contempladas durante un buen rato y disfrutar de la belleza de la ría de Pontevedra. Podéis comprobarlo en estas imágenes…

Marín además ha sabido conservar su patrimonio cultural inmemorial a través de la tradicional “Danza de las espadas” que cuenta con cuatro siglos de historia. Esta danza se realiza en honor al patrón de la villa, San Miguel, y se celebra el primer domingo después del 29 de septiembre. La tradición proviene del S. XVII, momento en el cual se crea la Cofradía de San Miguel, patrón del Gremio de Mareantes.

Marín era un priorato dependiente del monasterio ourensano de Oseira, de ahí que la danza se vincule a la celebración de una misa. Comienza la primera danza en el atrio. A continuación en el recorrido se detienen en tres ocasiones: en la alameda, en la plaza de España y en la plaza del Reloj. Está declarada Fiesta de Interés Turístico de Galicia.

¡Adéntrate en Terras de Pontevedra!

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