Desde hace tiempo tenía ganas de acercarme a visitar Chinchón, uno de los pueblos más bonitos de España. Tenía muy buenas referencias gracias a mi compañera, Luz Picos, cofundadora de este blog.

Y por fin conocí Chinchón, eso sí con 40 grados, o eso me pareció a mi en un domingo de agosto en el que no se respiraba.

Lo primero que oteamos en el horizonte al llegar en coche fue su castillo. No se puede visitar por dentro por ser de propiedad privada y no reunir condiciones de seguridad para hacerlo. Lo que más llama la atención es su situación en un alto lo que permite contemplar unas buenas vistas del casco histórico de Chinchón.

 

 

La fortaleza se construyó en el S. XV y sufrió posteriores reconstrucciones más o menos afortunadas. La última se realizó con intención de mostrar poder y ostentación por parte del conde que dirigió las obras. Su forma es cuadrangular, con torres cilíndricas en sus esquinas. En la puerta de acceso se puede ver el blasón de los Condes de Chinchón en buen estado de conservación.

 

 

Visto el castillo, nos dirigimos al casco histórico. Me esperaba encontrar una bonita plaza mayor, ya había visto alguna foto de sus balcones de madera pero lo que me encontré superó mis expectativas.

La Plaza Mayor es de origen medieval. En sus inicios el espacio que ocupaba la plaza era una gran explanada destinada al mercado y a la feria del ganado. Poco a poco se va rodeando de viviendas y acaba convertida en el centro de la actividad de esta bonita localidad.

 

Cuando la contemplas enseguida te das cuenta de que en ella se celebraron -y se celebran- corridas de toros. De hecho cuando llegamos acababan de ser las fiestas en honor a San Roque y los toriles estaban montados como podéis ver en las fotos. Pero la plaza ha tenido muchos más usos. Ha sido corral de comedias, plaza donde se ejecutaba a los reos, sitio de celebración de actos religiosos, políticos y militares… En definitiva, es el punto neurálgico de la villa.

La arquitectura de todas las viviendas de la plaza es la misma, viviendas de tres alturas, con soportales, galerías adinteladas y balcones de madera, a los que llaman «claros».

 

Tras la bonita impresión que nos causó la plaza mayor, decidimos callejear para conocer y disfrutar de sus rincones.

Lo de disfrutar en nuestro caso fue muy relativo, ya que Chinchón nos recibió con una temperatura tórrida. A pesar de ello es imposible dejar de admirar este pueblo que se encuentra en la lista de los Pueblos Más Bonitos de España.

 

Subiendo la cuesta que nos conduce a la Iglesia de la Ascensión sufrimos mucho el calor pero al llegar quedamos impresionadas por las vistas que se disfrutan de todo el pueblo desde el mirador que hay al lado. Eso sí, nos reímos mucho con unos excursionistas que hablando entre ellos señalaron la iglesia diciendo mirad otro palacio, afirmación que fue respondida por una de ellas con un contundente: ¡ya me dan igual los palacios, no puedo con el calor!

La iglesia de la Ascensión es una gran mole que se divisa desde muchos puntos de la ciudad. Su origen es medieval y en ella trabajaron maestros que habían participado en la construcción de El Escorial, pero en las guerras napoleónicas fue incendiada. La actual es una reconstrucción de grandes dimensiones y con mezcla de estilos arquitectónicos.

 

 

Muy próxima a la Iglesia de la Asunción está la Torre del Reloj que perteneció a la antigua iglesia. Hoy en día, como podéis ver es una torre exenta.

 

La localidad ofrece otros atractivos para ser visitada, uno de ellos lo constituyen las Cuevas del Vino, una antigua casa de labranza reconvertida en mesón y museo. En sus bodegas y cuevas se encuentran más de 80 tinajas donde almacenan vino. Además cuenta con la almazara más grande de la comarca, un molino de aceitunas realizado en granito que pesa más de 4 toneladas.

 

Por Chinchón pasó también Francisco de Goya y Lucientes. El pintor pasaba temporadas en casa de su hermano Camilo, capellán de los Condes de Chinchón. Descendiendo de nuevo hacia el centro desde la Iglesia de la Asunción pudimos contemplar la vivienda que, por cierto, está a la venta.

 

Nosotras para comer optamos por un restaurante en la plaza, en una de las balconadas. Allí degustamos unas anchoas sobre tomate natural, cochinillo asado y unas chuletillas de cordero que nos supieron de vicio, en un entorno que nos enamoró. Sin duda ninguna acertamos con la elección del restaurante «La Balconada».

 

Después nos fuimos a tomar un digestivo al Parador que también merece una visita.

 

Si queréis llevaros un souvenir, mucho más recomendable que un imán de nevera es que os llevéis unos ajos o una botella de anís de Chinchón. El ajo fino de Chinchón está en pleno proceso de recuperación. Encabezando este empeño está la chinchoneta Miriam Hernández, chef del restaurante La Casa del Pregonero, que es otro de los favoritos de El Viajero Accidental. Se encuentra también en plena Plaza Mayor y nuestra editora ya ha disfrutado de su cocina en varias ocasiones.

 

Un día muy bien aprovechado ¡Volveremos a Chinchón, sin lugar a dudas!

Y si te gusta pedalear El Viajero Accidental te recomienda esta ruta por la zona:

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo. No tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”.

 

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