Hace tiempo que tenía ganas de conocer el casco histórico de Tui y su catedral, que asoma en lo alto de la colina cuando cruzas la frontera galaico-portuguesa para ir a comer un buen bacalao al país vecino, hacer compras o visitar alguna de sus preciosas villas históricas.

Conocer el casco antiguo de Tui es una experiencia muy recomendable. La ciudad está asentada en una colina. En sus laderas han ido creciendo calles empinadas que te conducen a lo alto, donde se ubica su famosa catedral. La Catedral de Tui está terminada en almenas como si de una fortaleza se tratara y cuenta con un bello claustro gótico adosado en uno de sus costados. En este claustro se añadió una torre, la de Soutomaior, a la que se puede subir y contemplar toda la ciudad.

Junto a la catedral nos vamos a encontrar con el hospital de pobres y peregrinos, hoy convertido en Museo Diocesano, que es el hospital barroco de mayor tamaño y mejor conservado de Galicia.

 

En este hospital se atendían peregrinos de toda Europa, ya que Tui está en la ruta jacobea, concretamente en el Camino Portugués que comienza en Lisboa. Hay que tener en cuenta que en la antigüedad el peregrino, en ocasiones, se incorporaba tras una travesía en barco desde distintos países. A la dureza del Camino propiamente dicho había que añadirle las travesías en barco, de ahí la importancia de hospitales y dispensarios en distintos puntos del Camino.

El hospital de pobres y peregrinos de Tui cumplió esa función hasta que se convirtió en museo. Lo que yo no sabía es que este hospital fue el depositario de unas prendas usadas para señalar, castigar y estigmatizar a unas pobres gentes que sufrieron la ira de la Inquisición. Y es que fue precisamente en una sala de este edificio donde se encontraron los “sambenitos” entre distintos trastos archivados y mucho polvo.

Historia de los sambenitos de Tui

 

Los sambenitos eran una prenda, una especie de saco de lana que había sido previamente bendecido. Su nombre evoca a un santo pero no tiene ninguna relación con él. Ese saco lo utilizó la Inquisición contra los “herejes”.

Tui era una villa en la que convivían sin dificultad judíos y cristianos antes de la conquista de Granada. Pero tras la victoria, los Reyes Católicos adoptaron decisiones que convulsionaron la convivencia pacífica. El decreto de expulsión de 1492 supuso un gran cambio para la comunidad judía. Muchas familias optaron por el éxodo mientras que otras tantas optaron por quedarse y convertirse al catolicismo, que pasaron a llamarse “cristianos nuevos” o conversos.

En los años duros de la Inquisición se abrieron muchos procesos de herejía. Muchos judíos conversos fueron acusados de practicar ritos y ceremonias de la ley judía, de forma oculta, en la intimidad de su hogar. Una vez que la acusación se consideraba probada, en muchas ocasiones a través de una confesión obtenida bajo tortura, se condenaba a las personas a llevar durante meses o años un sambenito. Se trataba de una tela rectangular, con un agujero para meter la cabeza, que le llegaba algo más abajo de los caderas. Además de llevar el sambenito a muchos se les condenaba a penas de prisión y se les confiscaban sus bienes.

Cumplido el tiempo de llevar la prenda puesta, la tela -con el nombre del penitente y el delito cometido-  era colgada en la iglesia a la que pertenecía. Así servía  para señalar no solo a la persona sino también a su familia y estirpe.

 

Hoy en día cuesta imaginar que durante años y años, para ser más exactos durante siglos, la tela estuviera expuesta en las puertas de las iglesias. Lógicamente no era la misma prenda, que se estropeaba con el paso del tiempo, sino que se hacían réplicas. De esta manera se lograba señalar a las familias que en su estirpe tenían un sambenito, lo que suponía por generaciones deshonra y vergüenza.

Tener un sambenito en la familia impedía matrimonios. De hecho, un enamorado llegó a descolgar el sambenito de la familia de su amada para así casarse. Tener un sambenito impedía ocupar determinados cargos municipales, eclesiásticos y académicos, condicionaba amistades y los negocios, conllevaba mofas, escarnio…

Cuando los años duros de la Inquisición pasaron, las iglesias fueron descolgando las telas y se deshicieron de ellas, pero eso no sucedió en Tui. Los sambenitos de Tui que estuvieron expuestos durante dos siglos cerca de la puerta norte de la catedral, son los únicos que se conservan en toda Europa.

Sambenitos de Tui en Pontevedra

 

Los sambenitos de Tui son 5 lienzos, con 14 penitenciarios. En las telas aparece en la parte superior la cruz de San Andrés (una gran aspa granate). En la parte de abajo se señala el nombre de la persona, el año del proceso, y la acusación de judeizante. Dos de las telas tienen dibujado el rostro de la persona procesada, siendo esto habitual cuando el juicio se hacía con el procesado huido.


Las personas señaladas en estos sambenitos son 13 mujeres y un hombre. Todos ellos con lazos de parentesco o de amistad con una misma familia: los Coronel que eran importantes banqueros y mercaderes de origen judío. Los miembros de esta familia vivían en Tui y en su comarca a mediados del S. XVI. Un miembro de esta familia, Francisco Coronel, fue nombrado canónigo de Tui por el Papa Clemente VIII, lo que levantó ampollas, conllevó no pocos conflictos y motivó muchas investigaciones para acusar a los Coronel de herejes judeizantes.

Tras conocer la historia de los sambenitos podemos entender mejor la expresión “colgar o cargar a uno el sambenito”, con la que se echa sobre alguien una culpa que no merece.

Curiosamente, los sambenitos de Tui permanecieron en el olvido hasta los años ochenta del siglo pasado, momento en el que fueron descubiertos por un historiador tudense, quien en medio de una limpieza de una dependencia del archivo catedralicio encontró un polvoriento rollo de tela entre viejos libros litúrgicos, estolas descoloridas y variados ornamentos eclesiásticos. Y allí estaban enrolladas las telas que permanecieron olvidadas durante años y años, y que hoy constituyen un tesoro histórico.

En Tui están expuestos doce de los catorce sambenitos. Los otro dos fueron trasladados a la catedral de Santiago de Compostela.

Si pasáis por allí no dejéis de ver los sambenitos de Tui, están en el segundo piso del Museo Diocesano. La entrada cuesta el módico precio de un euro.

¡Tui os sorprenderá, posee mucho patrimonio!

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo. No tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que menciono y mi opinión es independiente”.

 

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