Guimaraes, todo un descubrimiento

Guimaraes, todo un descubrimiento

Resulta muy agradable visitar un pueblo con tanto encanto, lleno de plazas monumentales, edificios singulares, hermosas iglesias, un castillo que perteneció al primer rey del país, un funicular que nos sube 800 metros sobre el mar, unos preciosos jardines en la avenida de Brasil y además con el plus añadido de ser el lugar donde nació un país.

Se encuentra a unos 50 kilómetros de Oporto, a 125 de Vigo y a 50 kilómetros de las playas de Vila do Conde. En la región norte de Portugal, perteneciente al distrito de Braga, es uno de los pueblos más visitados.

Gimarães tiene un casco histórico tan bonito y tan bien conservado que ha sido declarado patrimonio Mundial de la UNESCO, en el año 2011.

En Guimarães nació Portugal, así nos lo recuerda un enorme cartel colocado en las antiguas murallas de la ciudad. Eso es así, porque el primer rey de Portugal nació y se crió allí, huérfano de padre, su madre ejerció la regencia sin querer soltarla, hasta que en las proximidades de la villa se celebró la batalla de San Mamede, en la cual D. Afonso Henriques -que reinó como Alfonso I- se enfrentó a su propia madre, Doña Teresa, venciéndola y resultando esta batalla decisiva para la independencia de Portugal.

 

Puestos a conocer la ciudad conviene aparcar el coche y olvidarse de él, la villa se recorre fácilmente caminando y además es un auténtico placer hacerlo.

En pleno centro nos vamos a encontrar con unos jardines muy cuidados, que permiten el tráfico rodado en varios tramos para girar y cambiar de sentido. En uno de los extremos de la avenida ajardinada está la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación y de los santos pasos, conocida popularmente como Iglesia de Sao Gualter, y detrás de ella una montaña que parece proteger a Guimarães, se trata del “Monte da Penha” -Peña- al que se puede subir en teleférico.

 

 

Nosotros fue lo primero que hicimos, dirigirnos a la estación del teleférico. Puedes comprar el billete de ida y vuelta, o sólo ida y bajar dando un paseo. Nuestra opción fue billete ida y vuelta, así el tiempo lo dedicamos a contemplar la cima del Monte da Penha. Me encantó, está lleno de peñas graníticas de tamaño considerable, dispone de una gran zona arbolada, espacios para comer, una cafetería y un santuario, si bien este no merece especial interés. En el trayecto las vistas de Guimarães son muy amplias, en unos 10 minutos supera unos 400 metros de altura. El precio es muy económico, adultos 5 euros ida/vuelta.

 

Después del teleférico nos dirigimos al barrio histórico, nos esperan preciosas plazas llenas de vida. En la Praza da Oliveira, que debe su nombre a un olivo centenario plantado allí, hay un templete gótico cubriendo un cruceiro, la leyenda dice que en esta plaza crecía un olivo que se secó hasta que el “cruceiro” lo protegió y volvió a brotar.

 

Detrás del templete, que es conocido como “Pedrao do Salado” podemos contemplar la Iglesia de Nossa Senhora de Oliveira, muy frecuentada por peregrinos en la Edad Media y al fondo de la plaza se encuentra el edificio medieval del antiguo Palacio del Concelho (Ayuntamiento).

 

En su fachada si miramos hacia arriba nos encontramos con “O homem das duas caras’” -El hombre de las dos caras-. Esta estatua de granito representa a un guerrero que tiene un segundo rostro en la armadura. Existen varias versiones al respecto pero no hay acuerdo en el porqué de las dos caras.

La plaza tiene mucho carácter, resulta recomendable dejarse llevar por la belleza del lugar sentados en una de las muchas terrazas tomándonos una cervecita o incluso comiendo, que fue lo que hicimos.

 

Tras el almuerzo, fuimos hasta la oficina de turismo que está al lado, donde nos recomendaron subir al castillo por la Rúa de Santa María. Se trata de una calle medieval estrecha y llena de casas señoriales. Caminando desembocamos en una plaza denominada Largo Martin Sarmiento, donde hay un colegio con un patio precioso.

 

De camino al castillo nos encontramos con el palacio de los Duques de Braganza, casa señorial, de aspecto fortificado, en la que destacan sus innumerables chimeneas cilíndricas. Ya cerca del castillo nos vamos a encontrar con la iglesia de San Miguel donde la tradición dice que se bautizó al monarca pero parece que carece de rigor histórico esta afirmación.

 

Al final de la cuesta por fin vemos el castillo. Esta construcción fue inicialmente de madera, construida en el S. X, por una piadosa condesa para poder defenderse de vikingos y musulmanes y también proteger su preciado monasterio de San Mamede. En el siguiente siglo, en el XI, se edifica el castillo de piedra que hoy contemplamos.

 

Visitado el castillo decidimos pasear ya que la calles son una delicia, pronto llegamos a la plaza de Sāo Tiago donde, según la tradición, el apóstol colocó una imagen de la virgen. El camino de Santiago está presente en la villa. Ya nos íbamos cuando llegamos al Largo del Toural, esta amplia plaza durante la Edad Media se encontraba extramuros, allí se celebraban las ferias de ganado y las corridas de toros. Hoy en día es el corazón de la ciudad.

 

En las proximidades del Largo del Toural se encuentra la antigua fábrica de coiros, que tuvo mucha importancia en el pasado.

Llegaba el final de la visita, nos dirigíamos de vuelta a los jardines del Largo do Brasil cuando nos fijamos en la iglesia de San Francisco, cuyo interior es una preciosidad. Una villa que cuenta tanto patrimonio que es imposible conocerla en una visita.

 

Hay que tener en cuenta además que es una ciudad universitaria, con mucho ambiente durante la época estudiantil, pero si acudes a visitarla en verano también te encontrarás con una ciudad con vida. En el mes de junio  se celebra una fiesta medieval  “A Feira Afonsina”  y en agosto se celebran “As Festas da cidade e Gualterianas”.

¡Hasta pronto Guimarães, volveremos!

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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