Los pazos, palacios en castellano, son casas solariegas tradicionales de Galicia que eran la residencia de nobles familias gallegas. Los pazos han sido testigos de épocas de revueltas y de tiempos de paz. En este artículo nos vamos a visitar uno de ellos: el Pazo de Oca.

El Pazo de Oca se encuentra en el concello de A Estrada a sólo 26 km de Santiago de Compostela. No somos mucho de utilizar tópicos pero es inevitable mencionar si hablamos de este pazo que ha sido bautizado popularmente como el “Versalles Gallego” o el “Generalife del Norte”.

Según nos dirigimos hacia la entrada del Pazo de Oca podemos detenernos y contemplar en un solo espacio los 3 tipos de edificios que simbolizan los grupos sociales existentes en el siglo XVIII: la Capilla, el Palacio y las viviendas unifamiliares.

 

Vamos a comenzar hablando un poco sobre la historia de este lugar. En el siglo XV el Pazo de Oca era una fortaleza feudal de los señores de Oca: Álvaro de Oca y su hijo Suero. En la Guerra de Sucesión de Castilla que estalla a la muerte de Enrique IV se enfrentan los partidarios de su hija Juana de Trastámara, conocida como Juana la Beltraneja, y los partidarios de su media hermana Isabel I. Don Suero apoyó a Juana y fue derrotado por el arzobispo de Santiago, Alonso de Fonseca, lo que supuso la confiscación del señorío por la mitra compostelana que lo traspasó en 1564 a Felipe II.

En 1586 María de Neira, hija de un regidor de Santiago de Compostela y viuda de otro, se lo compra a Felipe II. Con los Neira comienzan los cambios tanto en el edificio como en los jardines pero es verdaderamente con el bisnieto de María de Neira, Andrés Gayoso Neira, con quien se inicia la transformación de castillo a palacio. Es también en ese momento cuando se inician los entronques matrimoniales que llevarán al señorío de Oca a integrarse con las casas nobiliarias más importantes.

A mediados del siglo XVIII su hijo Fernando Gayoso Arias Ozores, regidor de Santiago, que continuó la labor de su padre, construyó la capilla de Santo Antón de Padua, planificó el jardín e incluso les dejó indicado hacia donde tenían que continuar el palacio. Encontramos un brazo de piedra incrustado en una de las esquinas con el dedo señalando al Este y la leyenda “Prosiga 1746”, pero lo cierto es que nadie le ha hecho caso.

 

La Capilla de Santo Antón de Padua preside y cierra la plaza de entrada mediante un viaducto de arcos ciegos que la unen al propio palacio y a la muralla del jardín. Este templo es un edificio barroco, construido entre 1731 y 1752, que sustituyó a la ermita construida por María de Neira en el siglo XVI. Tiene planta de cruz y está presidida tanto en el Altar Mayor como en la fachada principal por San Antonio de Padua.

 

Al entrar en el pazo atravesamos un zaguán que conserva a cada uno de los lados puertas del siglo XVI coronadas por las armas de los Neira y los Luaces. Este zaguán nos conduce al patio que está rodeado de edificios de diferentes épocas, construidos entre el siglo XVI y el siglo XX. Lo que sí es una constante que se mantiene en el patio a pesar de las distintas reformas es la fuente central trilobulada.

 

 

Este patio se abrió para comunicarse con la era y con el Valle del Ulla en 1929 mediante el derribo de las antiguas cuadras. Para ello se construye la escalera y se obtiene una nueva perspectiva. En la zona de la era destaca el hórreo que se ajusta a las características de los hórreos de esta zona, un abrevadero y lavadero en piedra labrada con estructura ochavada y al final del camino está el Portal bautizado como “de Cillobre” por proceder de la fortaleza medieval Torres de Cillobre.

 

Si bien este pazo está considerado una construcción dieciochesca encontramos en el recorrido numerosas muestras de las transformaciones que los Neira fueron haciéndole a la primitiva fortaleza medieval. Los restos que encontramos recuerdan una huerta amurallada y distribuida en terrazas. A nosotros lo primero que nos llama la atención cuando iniciamos el paseo es el contraste entre el continuo verde de los jardines y el gris de la piedra del pazo.

 

Estamos hablando de una extensión de 22 hectáreas de las cuales cerca de 8 están dedicadas a jardín. Unos jardines en los que se respetan y conviven armónicamente todos los estilos que se han ido sucediendo: renacentista, barroco y romántico.

Encontramos el jardín geométrico, que en el siglo XVIII era un huerto bajo que dejaba ver los estanques. En la segunda mitad del siglo XIX se introdujeron especies exóticas como la conífera japonesa o cryptomeria japónica. Encontramos una camelia reticulada de 125 años de la variedad Capitan Rawes, denominada así porque Rawes fue quien trajo a Occidente desde China el primer ejemplar de esta variedad en 1820. La que encontramos en el pazo de Oca está considerada el ejemplar conocido más antiguo de Europa. Desde la Edad Media el boj era el rey de los jardines pero hemos de decir que en Oca hoy conviven en armonía con las camelias.

 

 

Se ha conseguido además conservar el carácter dual de jardín ornamental y de huerta productiva que ha tenido desde sus inicios. Los estanques constituyen el eje central alrededor del cual se ordenan los jardines. No debemos olvidarnos de que el Pazo de Oca se encuentra en las Terras do Ulla cerca de la confluencia de los río Boo y Mao. El río Boo circula en diagonal por toda la estancia distribuyendo el agua al interior y marcando el diseño de los estanques. El río Boo llena los estanques de los jardines donde nadan los cisnes y reinan las plantaciones centenarias y las huertas. El lavadero funciona como elemento divisor entre el agua para regar y el agua para escuchar y deleitarse. La conducción del agua es magistral tanto en su papel lúdico como productivo y las fuentes tienen también una gran importancia arquitectónica.

Los estanques son un conjunto único. Encontramos una estructura principal que es un buque enorme. Se juega continuamente con una contraposición simbólica porque el agua no rodea al barco sino que lo cubre. En el medio del buque hay 2 barcas: una de pesca y una de guerra. La barca de guerra simboliza la vanidad del mundo y la barca de pesca representa el paraíso, la primera es la fuerza y la segunda la fragilidad. En una barca hay naranjos y en la otra limoneros, en un estanque ocas y cisnes blancos y en el otro cisnes negros, jugando con esa contraposición continua de la que hablábamos en los estanques. La línea divisoria entre los dos estanques la establece un puente de piedra. Este bello conjunto arquitectónico es la imagen más representativa del Pazo de Oca, la que todos conservamos en nuestra retina después de haberlo visitado.

 

Los estanques están presididos al fondo por la capilla que emerge entre la vegetación. El trazado de los estanques está hecho en eje con las torres de la Capilla. Encontramos símbolos de elementos ofensivos como son las bolas pétreas, que según la tradición proceden de la Torre de Ferreira, y defensivos como las almenas. Este pazo está llenos de símbolos, como ejemplo el hecho de que la trucha que sostiene el pescador en su caña es el símbolo de la casa de los Gayoso. Si hay algo indiscutible es que durante todo el paseo por estos jardines el sonido del agua te relaja.

 

El Pazo de Oca sigue conservando ese doble papel del que hablábamos. Se pone empeño en la conservación de su huerta y es que Oca nació como una huerta ajardinada. Sigue teniendo plantaciones productivas de kiwi, manzanos, viñas, pimientos de Padrón, tomates cherry… y sorprende verlas cerca de esas plantaciones ornamentales de gran valor botánico. Es todo un contraste ver por un lado las calabazas y por otro alineaciones de bojs a los que se les dan formas artísticas mediante el arte de la topiaria. Es la técnica que consiste en dar forma a plantas mediante el recorte con tijeras de podar. Encontramos por ejemplo un ejército de peones de ajedrez.

El Pazo de Oca es un ejemplo de la forma de vida galaica donde la tierra pertenece a la nobleza. Una peculiaridad de esta fortaleza es que en el Pazo de Oca se mezclan rasgos lúdicos y utilitarios mientras que en otras propiedades de este tipo prima la actividad agrícola. Junto a uno de los invernaderos más antiguos de España, del siglo XVIII, encontramos un laberinto de paseo de finales del siglo XX. Su diseño imita el dibujo del pavimento de la Catedral de Canterbury y representa el camino de la vida hacia un objetivo: la fuente que ocupa el centro. Como todo pazo que se precie cuenta con palomar, capilla y ciprés.

 

Dejamos para el final de nuestro paseo la Avenida de los Tilos y el Bosquecillo. La Avenida de los Tilos a pesar de ser una de las últimas creaciones es una de las primeras en belleza. Se trata de una plantación alineada de tilos que discurre por el camino que comunicaba los estanques con el bosque de Guillufe y a ambos lados se cierra por bojs. Es un claro ejemplo de integración del jardín con la naturaleza circundante que se potencia aún más con una cancela de hierro que sustituyó a la portada de piedra primitiva. En el paseo por el Bosquecillo nos sorprendió un lavadero de finales del siglo XVIII con una cubierta de madera a cuatro aguas sobre fustes en chaflán.

 

El Pazo de Oca está incluido en la ruta de la camelia que consiste en un interesante recorrido que nos propone la Xunta de Galicia para conocer muchos de los jardines más espectaculares de Galicia y disfrutar en pleno invierno del espectáculo floral que nos brindan las camelias en nuestra tierra. Actualmente el Pazo de Oca pertenece a la Fundación Casa Ducal de Medinaceli.

¡Seguiremos recorriendo Galicia de cabo rabo! ¡Hasta la próxima!

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo. No tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

 

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