Vilna, a 200 km de Minsk

Vilna, a 200 km de Minsk

Vilna está a 200 km de Minsk. La capital de Lituania está más cerca de la capital de Bielorrusia que de su propia costa en el Báltico. Por el oeste, a poco más de 300 km, está Kaliningrado, Rusia.


Lituania está, esencialmente, rodeada. Pienso esto mientras vuelo a Vilna vía Helsinki. Usar esta ruta me hace sentir como una especie de George Smiley, o mejor Michael Caine en Ipcress, así que cada vez que me toca viajar a la Central de mi empresa en Vilna no puedo evitar la sensación de viajar en el tiempo, no solo en la distancia.

Helsinki hace la experiencia aún más auténtica. Finlandia, el país neutralizado, por el que pasaban todos los espías que iban y venían del Telón de Acero.

En verdad mis visitas a Vilna tienen algo del ambiente de la Guerra Fría. La Central está al borde de la autopista que lleva a Minsk, entre bosques de pinos, en medio de esta llanura que es Lituania.

¡Qué desgracia ser tan llana y estar entre Rusia y Polonia, tan cerca de Alemania! Lituania desde el siglo XVI dejó de ser independiente, aunque pasando por diferentes situaciones. Primero como parte de la Mancomunidad de Polonia-Lituania, en su momento (s.XVI) el estado más grande de Europa. Y después ya en el s.XVIII absorbida por la Rusia de Catalina la Grande.

No ha sido una historia fácil la de Lituania. Represión por la Rusia zarista en el s.XIX, ocupación alemana en la I Guerra Mundial, ocupación parcial por parte de Polonia entre las dos guerras mundiales, invasión de la URSS, invasión por la Alemania nazi y después “liberación” por la URSS que la ocupó durante casi 50 años.

Y en 1991 por fin Lituania se independizó de la agonizante Unión Soviética, no sin dejar por el camino unos cuantos muertos.

Con una secuencia así es fácil entender que no sea este un país de gentes que se abran y confíen por naturaleza en sus vecinos y visitantes. Los lituanos en mi experiencia son lacónicos y no muy expresivos (quizá con la excepción claro de Saras Jasikevicius), lo cual se puede asociar a los eslavos, pero realmente no lo son. Son lituanos, como orgullosamente afirman, y no dejan de recordarlo por ejemplo nombrando a un porcentaje altísimo de sus niños con el nombre del fundador del estado lituano, Mindaugas.

Pero centrémonos, estamos ya descendiendo hacia Vilna en una mañana fría, muy propia de aquí.

En Vilna en invierno hace frío, mucho frío. Así que resulta sorprendente ver a la gente esperando al autobús en las paradas. No es extraño que les encanten las golosinas y el chocolate, cuestión de calorías.

Me alojo en el Hotel Centrum, al lado del Ministerio de Defensa. Nada mal este hotel, puede uno imaginarse que en tiempos las habitaciones estuvieran sembradas de micrófonos, ansiosos por descubrir los secretos de los viajeros occidentales. Ahora más que secretos, lo que quieren son Euros.

Me pongo cómodo, descanso un poco del viaje y salgo a pasear por la ciudad. Primero me dirijo hacia la Iglesia de Santa Ana:

 

La iglesia de Santa Ana es un templo católico, también en el centro histórico de la ciudad, de estilo gótico tardío, es uno de los monumentos más representativos de Vilna.

Lituania es de los países bálticos, el que tiene menos arquitectura gótica, debido a su tardía cristianización que tuvo lugar en 1386. La primera referencia a un templo situado en el lugar de la actual iglesia, data de 1396, pero fue destruido por un incendio en 1419. La actual iglesia se construyó de ladrillo por iniciativa del Gran Duque de Lituania Alejandro I entre 1495 y 1500 y se consagró en 1501. El exterior de la iglesia se ha mantenido prácticamente sin cambios desde entonces.

Según una leyenda muy conocida, en 1812, el emperador Napoleón, después de ver la iglesia durante la guerra franco-rusa (una vez más otra ocupación de la pobre Lituania), expresó su deseo de llevarse el templo a París, en la “palma de su mano”.

Y desde aquí sigo hasta la Torre de Gediminas:

La torre de Gediminas (en lituano: Gedimino pilies bokštas, en honor a un gran duque de Lituania) es una atalaya situada sobre la colina homónima, que domina la ciudad. Originalmente formó parte de un castillo ya desaparecido. Existe en su interior pequeño un museo arqueológico.

La torre se considera un símbolo de la ciudad y del país y como tal aparece en la Litas, la moneda nacional. De la misma manera aparece mencionada en numerosos poemas y canciones.

Sigo mi recorrido para llegar a la Catedral de Vilna.

La Catedral de Vilna es la principal iglesia católica deLituania. Se encuentra en la parte medieval de la ciudad, que está inscrita en el Patrimonio Mundial de la UNESCO. La coronación del Gran Ducado de Lituania se celebró allí. En sus criptas y catacumbas, reposan muchos personajes famosos, tales como: Vitautas el Grande, su esposa Anna, su hermano Segismundo I Kęstutaitis, su primo Švitrigaila, Casimiro de Polonia, Alejandro I Jagellón, dos esposas de Segismundo II de Polonia y Elisabeth de Austria (1526-1545).

En el interior de la catedral, hay más de 40 obras de arte (frescos y pinturas), datadas entre los siglos XVI y XIX. Durante la restauración de la catedral, fueron descubiertos lo que se cree eran el altar y el suelo original de un templo pagano construido en la época del bautismo del rey Mindaugas, además de los restos de la catedral construida en 1387. Un fresco que data del siglo XIV, el fresco más antiguo conocido en Lituania, fue descubierto en la pared de una de las capillas subterráneas.

Así que aquí me pierdo durante un buen rato, merece la pena.

Desde aquí tomo la Avenida Gedimino, la arteria principal de la ciudad, que va de la Catedral hasta el río Neris. Esta es la Vilna cosmopolita, una avenida llena de restaurantes y cafés, de tiendas que recuerdan las ciudades de Europa occidental (es Vilna occidental u oriental?).

Avenida Gedimino

Y desde aquí me adentro en las callejuelas del centro histórico (así aprovecho para despistar a mis perseguidores, siguiendo con la fantasía de espía) para llegar a Didžioji Gatvé.

En Didžioji Gatvé aprovecharé para entrar en alguno de los restaurantes, elegir una mesa desde la que domine todo el local y disfrutar de la cocina lituana. Y muy especialmente del Šakotis.

 

El Šakotis es una tarta muy tradicional de Lituania, se trata de una versión del pastel alemán Baumkuchen aunque difiere en texturas y algunos ingredientes. Este pastel era conocido en Lituania desde la era de la Liga polaco-lituania.

Cuando se corta, el pastel revela en su interior los anillos de oro característicos que le dan su nombre, Shakotis o traducido literalmente, “Pastel de árbol”.

Y creo que tras esto, solo me queda volver al hotel. Mañana toca ir a la Central, un poco más al este, a menos de 200 km de Minsk.

 

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Links incluidos en este artículo: 

Novelas de John le Carré sobre George Smiley

Novela “The Ipcress File” de Len Deighton y su versión cinematográfica

Historia de Lituania

¿Quién es Saras Jasikevicius?

Mindaugas, rey de los lituanos

Los lituanos como pueblo

¿Qué es el dulce Šakotis?

 

Nota del autor: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente. Esta es una ficción de viajes reales. Varias de las fotos son cortesía de Inmaculada Colino Sendín”

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