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Lecce, la Florencia del sur: barroco en estado puro

Este artículo forma parte de nuestro recorrido por el sur de Italia que os contamos en el programa que grabamos para Radio Viajera y que tenéis disponible aquí:

Hace  años comencé mi periplo de viajera, escogiendo como primer destino Italia y no me equivoqué. En ese viaje descubrí que el patrimonio artístico de Italia es tan inmenso que a veces resulta muy difícil evitar ciertas cosas. Me explico, en una incursión al aseo me encontré el tanque alto de la cisterna anclado a un capitel. En un primer momento me pareció una barbaridad pero observando el lugar yo tampoco encontré con la mirada otro sitio donde colocarla. En Italia es imposible obrar sin encontrar vestigios etruscos, fenicios, griegos… y, claro, del imperio romano.
En las distintas ocasiones en las que me he acercado al país vecino, he descubierto zonas tan diferentes como los grandes lagos del norte del país, la monumental Roma, la universitaria Bolonia, la romántica Toscana, la caótica Napoli… El destino  de este viaje es la región de la Puglia.
En el recorrido por  el tacón de la bota, descubrí Lecce, una ciudad poco conocida pero que acumula tal cantidad de monumentos  que sus calles constituyen un museo al aire libre. Para los italianos es conocida como la Florencia del Sur, pero aquí no nos vamos a encontrar con el Renacimiento sino con el Barroco en todo su esplendor, de manera que ha dado lugar a que se acuñe el término de “barroco leccese”.

Me pareció sorprendente que esta ciudad, toda la región de la Puglia y buena parte del sur de Italia fue, en su día, parte del territorio español en Italia. ¿Eso me lo enseñaron en el bachillerato?  ¿Yo estaba en Babia o para el profesor lo importante eran las nuevas colonias de ultramar y otros territorios no importaban? No sé dónde, pero en alguna parte me perdí, ni idea de que tuviéramos territorios en la península italiana, no me enteré de esa parte de la historia.

Durante los siglos XIV y XV perteneció a la Corona de Aragón, y con la unión  de los reyes Isabel y Fernando, pasó a pertenecer al territorio español.

De hecho, el  nieto de estos regentes, Carlos V, se construyó allí un castillo dónde poder alojarse durante su estancia. También se ocupó de reorganizar la ciudad, desde el punto de vista urbanístico, mandando edificar las murallas y un arco del triunfo, hoy llamado la Porta di Napoli.

Durante esa época, Lecce se convirtió en una importante ciudad, con negocios florecientes que permitieron a la nobleza y al clero construir edificios singulares.

La visita a esta ciudad y a la provincia del mismo nombre es una delicia. Debemos ir preparados para la belleza y para la abundancia de monumentos, sólo la enumeración de los distintos edificios a visitar produce vértigo, y pondría nervioso a un estudiante de Arte que tuviese que memorizarlos para un examen.

El centro del casco histórico es la plaza de San Oronzo, en ella se aprecia cómo a lo largo del tiempo se han ido superponiendo distintas construcciones. Nos vamos a encontrar con restos romanos, construcciones nobiliarias e incluso con la columna que la ciudad de Brindisi regaló a Lecce por la creencia de que su patrón salvó de la peste a la ciudad portuaria. La columna donada formaba parte de un par que durante el imperio romano señalaba el final de la Vía Apia, calzada romana que fue construida para  comunicar la capital del Imperio con el puerto de Brindisi. Hoy en día la columna de San Oronzo se ubica en el centro de la plaza. A la inicial columna romana se le ha añadido una figura de San Oronzo, realizada en madera veneciana y recubierta de bronce.

Ocupando gran parte de la plaza e intentando emerger a la superficie como el Nautilus nos encontramos con el anfiteatro romano, que asoma su silueta en la plaza. Gran parte de este magnífico anfiteatro se encuentra sepultado ya que otros monumentos fueron construidos encima. Los romanos lo construyeron con una capacidad para 25.000 personas, pero hoy nos tenemos que contentar con atisbar su superficie e imaginar los juegos que en él se celebraban.

Y por si a la plaza le faltaba algo, un príncipe mandó construir en el siglo XVI una torre, el Sedile, que tiene elementos tanto góticos como renacentistas. Se usó como sede del gobierno, estando conectado con la iglesia de San Marcos, que destaca por su típica fachada barroca.

¡Cuando estás contemplando la plaza te das cuenta de que el patrimonio de Italia es sobrecogedor!

A cinco minutos a pie de esta Piazza Sant’Oronzo está la Piazza del Duomo. Esta plaza tiene varias peculiaridades, en primer lugar  tiene una sola entrada, situación inusual pero entendible por cuestiones defensivas. En la antigüedad los habitantes de Lecce la utilizaban para refugiarse de los invasores por lo que resultaba muy útil contar con una sola entrada, eso sí la puerta de entrada es monumental con balaustrada y estatuas. En la catedral, construida por G. Zimbalo sobre una iglesia románica, encontramos otra peculiaridad, la catedral cuenta con dos fachadas totalmente distintas entre sí, una ellas es sobria y la otra barroca, ricamente adornada.

Adosado a la catedral está el campanario, il campanile, con una altura de 70 metros, en el que se distinguen sus cinco niveles .

La plaza es preciosa, cuando la veáis os llamará la atención. Ocupa una enorme extensión y tiene diferentes edificios que no parecen seguir un orden preestablecido, entre ellos destacaría el Palazzo Vescovile, un palacio del siglo XV, donde vivió el arzobispo de Lecce.

Dejando atrás la plaza, en la Viale Umberto, encontraremos otro edificio imprescindible en nuestro recorrido: la Basilica de la Santa Crocce, cuya construcción se inició en estilo renacentista y se culminó en estilo barroco, el resultado es armonioso . El laborioso trabajo de su fachada barroca, máximo exponente del barroco leccese, pudo realizarse en gran medida debido a la piedra de la zona, suave y trabajable. En la fachada un rosetón central domina la parte superior, colocado junto a las columnas corintias.

En mi viaje  encontré  la Santa Crocce en proceso de rehabilitación, aún así enamora.

Continuando con la visita, no os despistéis y vayáis a volver a casa sin ver el obelisco dedicado Fernando I de Borbón, con motivo de su visita a Lecce, en el siglo XIX. Sus relieves simbolizan los cuatro distritos de la Tierra de Otranto: Lecce, Brindisi, Taranto y Gallipoli.

Si continuamos callejeando encontraremos muchos otros edificios que podríamos comentar… su enumeración resultaría algo tediosa, mejor será que vosotros, incansables viajeros, armados con el preceptivo gorro y el mapa de la ciudad, vayáis descubriendo por qué decimos que Lecce es un museo al aire libre.

 

Recorriendo calles ya os vais a sorprender ante tanta belleza, no os perdáis  la Via Palmieri, una calle donde encontramos varias delicias del siglo XVIII, acercaos al número 11 y os sorprenderéis con su balconada con caballos alados, o a la plaza Falconieri donde hay un balcón sostenido por dos cariátides en el Palazzo Marrese…

Ya que estamos viajando no debemos olvidarnos de disfrutar, la ciudad no solo está repleta de monumentos sino que tiene vidilla, restaurantes, terrazas, cafés, heladerías, parques donde tumbarse… no hay que realizar un máster sobre el barroco, sino disfrutarlo y realizar otras actividades. ¡No en vano, estamos en la Bella Italia!

No podría terminar un artículo sobre Lecce sin recomendaros que no dejéis de ver las puertas de la ciudad: la puerta de Napoli, también llamada Arco del Triunfo, realizada en estilo barroco; la Puerta de Rudiae que era uno de los accesos a la ciudad y debe su nombre a la antigua denominación de esta localidad, esta entrada se conforma de un solo arco; y la Porta Biagio que completa el conjunto de las tres puertas del centro histórico.

Estáis en una localidad de interior por la que pasaba la Vía Appia, una de las grandes calzadas romanas, en su recorrido hasta la ciudad costera de Brindisi, al
final de la bota italiana.

Lecce está en la región italiana de la Puglia donde podemos disfrutar un paisaje lleno de olivos milenarios, unas playas preciosas y una gastronomía maravillosa. Si queréis llegar a ella en avión podéis optar por el aeropuerto de Bari o por el de Brindisi.

Vendiamo presto, viaggiotori

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

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